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Morir antes de los 15: tres historias trágicas en Ludueña

Gabriel, Rolando y Mario son tres nombres propios entre los cientos de adolescentes que en los últimos años perdieron la vida en alguna barriada de la ciudad. Sus cortas radiografías de vida son casi idénticas: nacieron y murieron de forma muy temprana en el más absoluto olvido. Los tres chicos fueron asesinados en las calles de un mismo territorio

Tres años. Tres historias. Tres adolescentes. Un mismo lugar y un mismo final: la muerte antes de empezar a vivir. A Gabriel Aguirrez lo asesinaron de dos balazos en octubre de 2013. Tenía 13 años y cursaba séptimo grado. Rolando Mansilla murió acribillado en junio de este año, en el techo de un búnker. Tenía 12 años y había llegado de Chaco escapando de la miseria. Mario Godoy no sobrevivió al puntazo que recibió en el pecho. Falleció este martes en una cama del Heca. Era más mayor. Tenía apenas 15 años. 

Gabriel, Rolando y Mario nacieron en el siglo XXI, en los albores de una globalización que prometía prosperidad y una convivencia pacífica sin fronteras económicas de por medio. Pero Gabriel, Rolando y Mario se criaron en otro mundo, muy distinto al que pregonaban aquellos teóricos del neoliberalismo. A Ludueña, en el noroeste de Rosario, nunca llegó ni el bienestar ni la bonanza. Se empobreció durante los 90 (supo ser un barrio de trabajadores ferroviarios) y quedó en el olvido tras la crisis del 2001. Más tarde, la zona se vio jaqueada por el avance de la droga luego del repunte económico. 

Crédito de la foto: Angel Donzelli

Así y todo, el barrio resiste. Ludueña no es sólo ese punto en el mapa donde los chicos se mueren a balazos. Hay otra realidad, otra cara. Son muchos los adolescentes que se aferran a la música, a la escuela o al deporte para salir adelante. Profesores, militantes y vecinos aseguran que gran parte del barrio está comprometida "en la defensa de la vida y en la búsqueda de propuestas" para superar la violencia. Admiten, sin embargo, que la angustia y el miedo suele "tapar" todo lo bueno que ocurre en ese perímetro de Rosario.

Gabriel Aguirrez formaba parte de ese lado B de Ludueña. Tocaba la guitarra, tenía una banda de cumbia y era buen alumno. También le gustaba el fútbol. Era hincha de Boca, como la mayoría de su familia. En pocos días se va a cumplir el segundo aniversario de su fallecimiento. La muerte lo sorprendió tocando un bombo. Fue después de un clásico rosarino. Los cánticos enfurecieron a quienes tenían puesta la otra camiseta. El encono se dirimió a los tiros.

El crimen de Gabriel, y el de tantos otros adolescentes, generó por esos días (octubre de 2013) que un grupo de organizaciones de la infancia, partidos políticos y gremiales se reuniera para visibilizar un reclamo oculto en la agenda política de Rosario la temprana muerte de cientos de niños y jóvenes que viven en la periferia. Así nació la Asamblea por la Niñez y la Juventud, un espacio de acción y reflexión que recorre el pavimento con el lema "los pibes no son peligrosos, están en peligro".

En junio de este año, las balas alcanzaron a Rolando Mansilla, un nene de 12 años. El asesinato ocurrió en Magallanes al 300 bis, el corazón más pobre de Ludueña. Un balazo le atravesó el ojo izquierdo. También recibió dos tiros en las piernas. Murió aferrado a una botella con nafta, una improvisada bomba molotov que no alcanzó a usar para defenderse. Rolando era la mano barata de uno de los grupos narco del barrio. Le habían asignado la misión de "custodiar" el negocio. Los plomos no impactaron en el chico de 10 años que vendía la mercadería dentro de esa minúscula construcción. Al oír los estruendos, logró huir por el techo.

Según narraron los vecinos, la precoz víctima tomó su turno cerca de las 10 de la mañana del día anterior. Se subió al techo con un arma, la molotov, un brasero y un colchón para pasar la fría noche. Su misión era asomarse al escuchar que golpeaban el portón para ver si eran clientes o ladrones. Le habían prometido 400 pesos por su extensa guardia. Rolando nunca regresó a Empalme Graneros, donde vivía junto a una tía. 

Este martes, Ludueña volvió a ser noticia por el crimen de otro adolescente. A la morgue llegó el cuerpo de Mario Godoy, aunque podría haber sido cualquiera de la decena de chicos que participó de una fatal pelea que tuvo lugar entre Tupac Amaru, Campbell, las vías y Solís, a tan solo 200 metros de la comisaría 12. La gresca, que empezó con insultos y terminó a los balazos, la protagonizaron dos banditas antagónicas del barrio. 

A Mario no lo alcanzaron las balas como a Gabriel y Rolando. Falleció por un certero puntazo. Aunque su vida también se apagó antes de tiempo.

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