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Los robos que más duelen: historias de aulas saqueadas

Más de veinte establecimientos educativos de la ciudad sufrieron algún robo desde que comenzaron las clases. Las denuncias van desde simples arrebatos en las puertas de las escuelas hasta el saqueo y la destrucción de todo el inmobiliario. La angustia de directores y docentes 
 

El relato duele, estremece. Las lágrimas de quien se anima a hacer catarsis frente a una cámara de televisión desnuda la magnitud de un problema que se repite durante el año lectivo. "Saquearon el kiosco y se llevaron la mercadería y la recaudación. Con esa plata pagamos el sistema de alarma. Ya arrasaron con todo, no podemos seguir así", narra con desesperación la directora de la Escuela N° 1337, ubicada en Nahuel Huapi y Mosconi, en barrio Acindar. La postal a su alrededor es desoladora: armarios destrozados, vidrios rotos, estufas arrancadas y ventiladores que ya no están. 

Lo magro del botín, sin embargo, no se condice con la saña de los ladrones de la zona. A los pocos días de aquel robo, ocurrido a mediados de febrero, este establecimiento educativo volvió a sufrir otro hecho de vandalismo. Los delincuentes ingresaron por la planta alta y se llevaron lo poco que encontraron en pie en la recorrida. "Lo más triste y doloroso es que los que entran y rompen muchas veces son chicos del barrio que van a la escuela", explicó en aquel momento con un nudo en la garganta Fabián López, empleado e integrante de la cooperadora. 

No se trata de una situación aislada lo ocurrido en la Escuela N° 1337. Según pudo averiguar Rosarioplus.com, más de veinte colegios sufrieron algún robo en los primeros dos meses de clases. La ola delictiva azota en mayor medida a las instituciones de la periferia, aunque también alcanza a escuelas céntricas. En la mayoría de los casos, los atracos se producen cuando las aulas están vacías.

 

 

No obstante, en las denuncias registradas este año, aparecen situaciones insólitas como la de un ladrón que se hizo pasar por el padre de un alumno y, una vez dentro, robó a las docentes, o el sorpresivo encuentro de un portero con dos jóvenes que cargaban la bomba de agua del lugar.

Delito y vandalismo  

Los directores de las escuelas señalan que desde hace un tiempo el delito y el vandalismo, dos modalidades violentas pero con características propias, "golpean" las instalaciones de los establecimientos. Las roturas y los desmanes suelen doler tanto o más que la sustracción de aquellos elementos de valor. La escuela San Juan Diego, ubicada en Juan José Paso y Travesía, sufrió en carne propia ambas situaciones. A fines del año pasado se llevaron un TV 29 pulgadas, dos computadoras y ocho monitores. Ahora, tuvieron que cambiar más de 30 vidrios rotos a piedrazos. 

El edificio donde funciona esta escuela privada de Empalme Graneros fue construido por la Municipalidad a través del Servicio Público de la Vivienda. La obra contó con el financiamiento del gobierno nacional, en el marco del Proyecto Travesía (ex Sueños Compartidos, de Madres de Plaza de Mayo). En marzo se cumplió un año de la esperada mudanza. Los propios alumnos realizaron una campaña para defender los nuevos recursos que hoy tienen a disposición gracias al cambio de sede. 

Algo similar ocurre en la Escuela de Educación Técnico Profesional y Secundaria Orientada Nº 407, en barrio Las Flores, otro establecimiento nuevo (se inauguró el año pasado) jaqueado por la inseguridad. El inmueble se levanta en calle 5 de Agosto entre España y San Martín, una zona "aislada y deshabitada", según denuncian los padres de los alumnos. Para evitar los robos, los profesores y los chicos armaron "grupos de entrada y salida" para moverse en masa. Así y todo, se registraron arrebatos y hurtos a mano armada. "Muchos alumnos tienen miedo de venir a clase", aseguran preocupados los docentes.  

Las localidades vecinas a Rosario no son ajenas a esta problemática. Semanas atrás, desde Amsafé se solidarizaron con la escuela Nº 1117 “Rafael Obligado” y la N° 1204 "Ingeniero Enrique Mosconi", de Villa Gobernador Gálvez, por los "reiterados robos" que agudizan "los problemas edilicios y de recursos". En el primer establecimiento, suspendieron las clases tras quedarse sin el suministro de agua. El día anterior, el portero se topó con dos delincuentes que tenían en su poder elementos didácticos y la bomba de agua junto con su motor. 

En el centro, muchos arrebatos

La preocupación por la ola de robos tanto dentro como fuera de los recintos de estudio también alcanza a los colegios del centro de la ciudad. El mayor temor de las autoridades pasa por los arrebatos y los asaltos que sufren tanto los alumnos como los docentes al momento de la entrada y la salida. En la comisaría 4° hay asentadas muchas denuncias por atracos en las inmediaciones de los colegios Nuestra Señora de la La Asunción (San Martín al 1700), Cristo Rey (Laprida y 9 de julio), Madre Cabrini (Pellegrini 669), Verbo Encarnado (La Paz 525) y Santa Ana (Maipú 1727). 

A fines de marzo, sin embargo, se produjo un robo dentro de las instalaciones del colegio Misericordia, en Alvear y San Luis. Una alumna de segundo año fue sorprendida por un hombre que la arrinconó y le robó el celular. El hecho, que quedó registrado en las cámaras de seguridad que tiene la escuela, desencadenó en un pedido escrito de un grupo de padres para reforzar la seguridad. Las autoridades del establecimiento religioso explicaron que confundieron al ladrón "con un padre más". Reconocieron que nunca antes había ocurrido un hecho de tamaña naturaleza.  

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