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La historia de Arturo Vidal divide a los chilenos

La opinión pública se parte por el caso del volante de la selección, un crack en la cancha, y un festival de errores y escándalos en su vida privada

Arturo Vidal (Santiago, 1987) se crió en San Joaquín, una de las zonas más pobres de la capital chilena. Allí, a sus diez años, abrazado a su pelota en la cama que compartía con su madre y sus hermanos menores (su padre los abandonó cuando el jugador tenía siete años), le prometió a su madre que todo iba a mejorar. “Voy conseguir todas las cosas que se necesiten para que seas una reina”, le susurró antes de dormir.

El incidente del martes con su Ferrari no fue el primero. Vidal ya tiene una larga lista de antecedentes de este estilo. En 2007, en el Mundial sub 20 de Canadá, tras quedar eliminados a manos de Agüero y Di María, tuvieron un enfrentamiento con la policía. Antes de ello se había enfrentado a su entrenador, exigiéndole ser capitán. Cuatro años después fue parte del “bautizazo”. El argentino Borghi no les perdonó llegar borrachos a él y otro compañeros a la concentración del seleccionado. En 2013 tras clasificar al Mundial de Brasil salió de festejo con sus compañeros y olvidó subirse al avión que lo devolvía a Turín. El entonces técnico de la Juventus lo multó: un mes al banco. El año pasado fue sacado por la seguridad de una disco de Italia por molestar a otro cliente.

El miércoles pasado entre lágrimas pidió disculpas por poner en riesgo la vida de otras personas. Pidió perdón por no ser ejemplo. La justicia chilena fue permisiva con un tema que en Chile no es menor (la ley de tolerancia cero de alcohol al volante parte de una demanda de familiares de víctimas que hicieron entender al Estado que esos casos deben ser tomados como asesinatos y no accidentes). Sampaoli entendió que no le tocaba hacer lo que el Estado no había hecho.

La historia de vida de Arturo Vidal, “El Rey”, no sirve para justificar las faltas en las que incurre. Pero al menos alcanza para entender por qué este chico de 28 años, que ni la patria ni su padre lo acogió de niño y que logró darle a su madre todo lo que se propuso cuando todavía no sabía atarse los cordones, no sabe de límites.

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