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La conmovedora lucha de una escuela por seguir de pie

Docentes, asistentes escolares y personal de la Escuela N° 1337 se encargaron de arreglar las instalaciones y el mobiliario dañado luego de sufrir tres robos en menos de un mes. "Hacemos todo a puro pulmón", afirma la vicedirectora

En el equipo de trabajo no hay pintores ni albañiles. Tampoco operarios calificados. Quienes se arremangan para volver a poner el lugar en condiciones son docentes, asistentes escolares y personal de maestranza de una de las tantos establecimientos educativos de Rosario jaqueados por la inseguridad. En la Escuela N° 1337 "Sylvestre Begni", ubicada en barrio Acindar, no se quedaron de brazos cruzados tras sufrir una violenta seguidilla de robos. La bronca y la resignación activaron un sentimiento de pertenencia que se materializó en la firme decisión de reparar lo dañado. A los pocos días, el plan se puso en marcha. Hoy, a dos meses de aquella pesadilla, sólo faltan las estufas para que las aulas luzcan como antes de los destrozos.

gentileza Georgina Gesualdo
 

Para la escuela que se levanta en Nahuel Huapi y Mosconi, el ciclo lectivo empezó de la peor manera. El primer dolor de cabeza ocurrió a principios de febrero. Primero, sufrieron los destrozos de vidrios y de cables telefónicos que dejaron a la institución sin el servicio de alarma. Tres días después, un grupo de delincuentes ingresó durante la madrugada. Destrozaron aulas y se robaron ventiladores de pared y útiles que había en los armarios. 

(Gentileza Georgina Gesualdo)

Lo peor, sin embargo, estaba por llegar. A mediados de marzo, otro atraco arrasó con lo que poco que había quedo en pie. Los ladrones se llevaron dinero y mercadería del kiosco, herramientas del taller y material didáctico de las aulas. "La mecánica es siempre la misma. Entran por atrás, rompen las cerraduras y las rejas, y una vez dentro arremeten con las puerta de los salones, los armarios y se llevan todo lo que encuentran. Es una situación que se reitera", se lamenta Nilda Vallejos, la vicedirectora de la escuela. 

 

(Gentileza Georgina Gesualdo)

"Tenemos alarma. Pero quienes entran son tan rápidos y astutos que rompen el sistema para no ser advertidos. Trabajan cómodamente y nadie se entera hasta que volvemos a abrir el colegio. Roban y rompen. No sabemos quiénes son. Los chicos del barrio son nuestros alumnos, pero pude ser gente de otros lugares", agrega la segunda máxima autoridad de la institución en diálogo con Rosarioplus.com.

(Gentileza Georgina Gesualdo)

Vallejos admite que "ya perdió la cuenta" de la cantidad de robos que sufrió la escuela en el último tiempo. "Yo hace siete años que estoy. Todo los ciclos lectivos hemos tenido este tipo de violencia. Una vez quemaron el jardín. Eso fue terrible. Nos costó muchísimo sobreponernos", señala resignada. 

En esta ocasión, los propios trabajadores del establecimiento decidieron poner el cuerpo y los recursos para dejar en condiciones al lugar donde estudian cientos de chicos. Durante los días de paro, se congregaron en el colegio para pintar y arreglar los daños. "Se activaron lazos solidarios que fueron increíbles. Todo el mundo colaboró y muchos hasta pusieron plata de sus bolsillos para comprar lo que hacía falta. Fue una hermosa tarea en equipo", explica Vallejos. 
  
Con las labores finalizadas, docentes y alumnos aguardan ahora por la llegada de las nuevas estufas (el Fondo de Asistencia Educativa de la Municipalidad se hará cargo de esa erogación), indispensables para sobrellevar el invierno. Por el momento, el calor humano alcanza de sobra para seguir adelante.  

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