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Hay en Santa Fe cinco mil hogares en peligro de remate

Para reclamar por una ley que proteja a la gente de las mafias de la especulación que medran en las subastas judiciales, la ONG Concejalía Popular reveló una cifra cruda acerca de cuántos corren riesgo de perder su casa por deudas que, muchas veces, son ejecutadas de manera injusta

 

Más de 5 mil familias en la provincia de Santa Fe afrontan la lucha por no perder sus hogares en remates judiciales. Sólo en Rosario se contaron 30 casos en el último mes, y hubo días en los que se subastaron hasta cinco casas en esa misma jornada. Detrás de este flagelo operan intereses que medran sobre la desesperación de quienes asisten a la pérdida de sus bienes, y muchas de esas veces se trata de la vivienda donde nacieron y crecieron.

¿Quiénes y por qué?

A falta de una ley provincial que cubra a los propietarios de Vivienda Única, “muchos son los que están en posición de remate”, como por ejemplo deudores de la antigua empresa Aguas Provinciales que aún hoy sigue persiguiendo a viejos deudores; o clientes del Banco Interdepartamental de Desarrollo que se encuentran en una encerrona kafkiana: perdieron sus ahorros tras el cierre de la entidad en 1995, pero a la vez quedaron como deudores por créditos hipotecarios tomados en esa misma casa. Es el caso también de personas que salieron como garantes en préstamos y tarjetas de crédito que ante la falta de pago de sus fiados terminan con la bandera de remate en su propia casa. Las historias sobran porque, simplemente, no hay legislación adecuada que proteja a la población en estos casos, según planteó a Rosarioplus.com el presidente de la ONG Concejalía Popular, Nire Roldán.

“Nosotros decimos que la ley debería forzar a un diálogo en el que se llegue a un acuerdo de pago racional y justo”, como lo imponía la Ley Lamberto, que primero suspendía los remates y luego daba 180 días, de modo que se logre una concertación. Al verse finalizada la cobertura de ésta, regresaron los remates. “Hay que bregar por una Ley como la que se encuentra vigente en la provincia de Buenos Aires desde diciembre de 2012,  la cual prohíbe los embargos y remates de vivienda única”, agregó Roldán.

Como una mafia

Basta frecuentar algunas subastas judiciales para empezar a percibir que a menudo los oferentes siempre son las mismas personas, presentes en una y otra audiencia. Se murmura que estos “interesados” operan de manera cartelizada. Pretenden disputar una propiedad de modo que nadie de afuera de la organización quiera entrometerse.

Según Roldán, hay distintas metodologías en la rutina de los remates de vivienda. “Una forma es a través de un sobre cerrado, como fue el caso de una propiedad que nadie fue a visitar, y que se trataba de un 50% indiviso de un matrimonio con un embargo de un valor de 300 mil pesos el piso; aunque nadie la fue a tasar el remate se llevó a cabo igual”. “¿Quién es el acreedor que intenta adquirir un inmueble sin siquiera conocerlo?”.

El presidente de Concejalía Popular señaló que “tiene relación con aquellos que están en el negocio especulativo”. Se trata de una deuda “ilegítima” que conserva el deudor. Detrás de estas operaciones está “la mafia de los rematadores o los ‘Caranchos’, profesionales que se dedican a cuestiones inmorales amparados por la Ley”, aseveró.

Los damnificados viven entre la espada y la pared, ya que se hallan en una situación traumática, con su inmueble embargado y sin posibilidades de obtener un préstamo bancario o crédito porque figuran en el Veraz, por lo que no pueden llegar a un acuerdo económico: a falta de recursos y de una ley que los proteja frente a los especuladores. Por esta razón, al estar atrapados sin salida, en los remates observan cómo su hogar es entregado a un precio irrisorio. 

 

Rematar media casa

Carlos Turdo tiene 66 años, 42 como locutor y periodista deportivo. Su caso, es sólo un ejemplo entre tantos. Convive día a día con el peso de la incertidumbre de no saber qué sucederá con su hogar. Esta historia dramática y con suspenso tiene principio, pero el final todavía está por escribirse.

Su problema empezó en febrero del ‘95 cuando “era ahorrista del BID, que tenía sede en Venado Tuerto y más de 120 sucursales en todo el país. Saqué un crédito a 90 días, un solo pago, por un monto de 35 mil dólares junto con otra persona, quien tenía depositados 50 mil, mientras que yo unos 20 mil, es decir que juntos alcanzamos a tener 70 mil dólares en ese banco”, recordó Turdo a Rosarioplus.com

En abril de ese año, en Semana Santa, el banco quedó suspendido. El plazo del préstamo vencía al mes siguiente, en mayo de aquel año en pleno menemismo. El BID siguió abierto para que pudiera cobrar activos, pero el directorio “no le pagaba a ninguno” de sus deudores. Turdo entendió que el BID “debería haber autoliquidado mi crédito y no lo hizo”. El pretexto -opinó- era que en tiempos de quiebra, las acreencias van por una vía y las deudas por otro, pero (detalle no menor) el banco no estaba quebrado, todavía. En rigor, dicha operación (la autoliquidación) jamás se realizó, porque “no les quedaba un solo peso dentro de la entidad; se la llevaron toda, lo vaciaron”, comprobó.

Tres años después, Turdo recibió una nota del banco fallido, mejor dicho, desde la sindicatura de la quiebra. Le reclamaban el pago del crédito adeudado. Desde ese día, el locutor se define en “un permanente Vía Crucis”. Cabe destacar, que su casa no estaba como garantía, por ende “no le puedo pagar a un banco que me robó”, dijo. El reclamo lo inició el BID, que transfirió esa deuda dentro de un paquete que recayó en manos de quien fuera el abogado de la entidad, y ahora el nuevo acreedor de Turdo y de otros ahorristas en situación idéntica. 

En 2010 hubo un punto de inflexión, ya que se fijó fecha de remate de su hogar, pero en ese entonces la sangre no llegó al río. “Nosotros pudimos frenarla mediante la Ley de Vivienda Única, aunque no hubo arreglo porque este abogado pretendió mucho más dinero del que podíamos ofrecerle”, dijo y eligió mantener reserva sobre el nombre de ese profesional.

La segunda intentona fue cinco años después. En agosto pasado intentaron rematar nuevamente su casa, pero “no se presentó nadie”, afirmó Turdo y lanzó: “ Ahora, la verdad, no sabemos qué sucederá, creemos que buscarán realizar otro remate”.

Esta historia, repleta de tramos sinuosos y tristes, refleja que detrás se encuentran “especuladores inmobiliarios”, habida cuenta de que su vivienda no está comprometida en un 100%, sino en un 50%, dado que su eujer no participó de la toma del crédito, no es deudora, y por lo tanto la casa está a nombre de los dos. “Cuando ellos la toman como garantía, lo cual no era correcto porque se trataba de un plazo fijo, abarcan el 50% en bonos, de esta manera sólo pueden rematar la mitad”, pero “¿quién puede comprar medio hogar?”, culminó Turdo.

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