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El renacer de un oficio olvidado

En la Escuela Técnica Carlos Gallini, el histórico instituto rosarino encargado de la formación de los maquinistas, pasaron de buscar y convencer a los alumnos a tener que seleccionar a los futuros ingresantes por la alta demanda.  "Es un presente impensado", aseguran los profesores. 

Basta cruzar la puerta de la casona ubicada en calle Tucumán 3242 para empezar a viajar por un pasado que ya no es tan lejano. El sitio parece estar detenido en el tiempo. Las fotos, las imágenes y las maquetas que decoran el inmueble  lo retrotraen a uno a los años dorados que vivió el lugar, cuando el país latía y se movía al ritmo del ferrocarril.  Allí, en esos cuartos color sepia, se formaron cientos de maquinistas. Generaciones enteras. Abuelos, padres e hijos. La transmisión de saberes se interrumpió en la década del 90 con las privatizaciones y los cierres de los ramales. En 2002, la escuela volvió a abrir sus puertas. Y hoy, con el resurgimiento del transporte de pasajeros, los currículums de quienes aspiran a aprender el oficio tapan el escritorio del director. 

Los aprendices en sus primeros pasos dentro del universo ferroviario.

La Escuela Técnica Carlos Gallini es el centro de capacitación de conductores de locomotoras de Rosario. Su historia es un fiel reflejo de los vaivenes políticos y económicos del país en los últimos cien años. El instituto de formación se creó el primero de febrero de 1913 por el empeño de un grupo de ferroviarios de contar con un lugar para que los más jóvenes pudieran estudiar. En un principio se denominó Escuela de Maquinistas y Foguistas de la sección Rosario del Ferrocarril Central Argentino. La primera sede funcionó en un local de avenida Francia.  El 26 de julio de 1931 se trasladó a su actual local propio.

"Fueron años de auge. Ingresaba mucha gente al ferrocarril. Esa época dorada después se esfumó", señala Eduardo, el director del establecimiento. La escuela lleva el nombre de Carlos Gallini, su fundador y director hasta su trágica muerte. La leyenda cuenta que el primero de marzo de 1921 Gallini conducía un tren de pasajeros que venía desde Retiro cuando un caballo se cruzó en las vías. La máquina descarriló pero una maniobra suya puso a resguardo a todos los pasajeros: paró la marcha aferrándose a la palanca de cambio, que quedó incrustada en su pecho.  

Durante aquellos años, los hijos de los maquinistas de toda la región llegaban a Rosario con el sueño de continuar el legado familiar. Con altibajos y crisis esporádicas que se fueron sorteando, la escuela funcionó con normalidad hasta la década del 90 cuando las empresas privadas se hicieron cargo de los trenes. "De 2000 trabajadores, quedaron 60.  Los maquinistas perdieron su oficio, tuvieron que poner un kiosco o subirse a un taxi. Fue terrible", asegura Eduardo.

Las aulas se cerraron en 1992. Pero la escuela siguió abierta. Los viejos maquinistas, jubilados en su gran mayoría, se apropiaron del lugar como una forma de resistencia. Con sus magras pensiones mantenían el inmueble. El curso se volvió a impartir en 2002. Diez jóvenes, todos hijos de ferroviarios, formaron la primera comisión. 

La semana pasada, los alumnos de 2014 rindieron las últimas asignaturas para obtener el título de conductores. El 10 de marzo arrancó la nueva camada de estudiantes, quienes pagan una cuota simbólica de 60 pesos. La escuela se mantiene gracias al aporte de los socios y no cuenta con ningún tipo de ayuda externa. Una vez que el curso avanza, la empresa Nuevo Central Argentino (NCA), lugar en donde los futuros maquinistas trabajarán una vez recibidos, desembolsa un dinero para que los alumnos puedan dedicarse exclusivamente a la profesión.  

Las autoridades de la escuela aspiran el año que viene a abrir dos comisiones. Tienen más de 200 solicitudes. La inmediata salida laboral vuelve a seducir a los más jóvenes. Estiman que en breve aumentarán las frecuencias de los trenes que van a Córdoba y Tucumán (en la actualidad hay dos trayectos por semana), lo que aumentará la demanda de trabajadores. Y a su vez, anhelan poder participar en las designaciones de los maquinistas que a partir del miércoles unirán Retiro con Rosario. En un principio, ese viaje será comandado por choferes de Buenos Aires.   

"Es soñado lo que está pasando. Antes teníamos que buscar a la gente, hoy tengo una pila de currículums en mi escritorio. Hay mucha euforia. Todos quieren ser conductores de trenes", asegura Eduardo entre incrédulo y exultante.  

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