El nuevo deporte que enloquece a los rosarinos

Otra pasión popular que trepa escalones en la pirámide social, para clavar su banderita en la cima. El fútbol, que atraviesa un país, no podía esquivar los countries. Pero debìa transformarse para poder entrar en esas selecta sociedad. Así fue que nació el futgolf.

El futgolf es un deporte que arranca oficialmente en el 2009 en Holanda. Se juega con reglas de golf, en campos de golf, pero con pelotas número 5 de fútbol. Se juega con una línea de 4 jugadores, que usualmente no se conocen. Combina la pasión argentina de patear una pelota con el espíritu social del golf.

En 2012, Hernán Malano estaba en Estados Unidos y un amigo le mostró , imágenes de un partido de footgolf, ya que supuso que despertaría su interés sólo por ser rosarino. Inmediatamente se propuso traer la disciplina a la ciudad, y hoy ya es un éxito. Rosario Footgolf cuenta con 8 campos que admiten la práctica, y que reunen cerca de 100 deportistas en cada edición.

El paisaje bucólico de los campos de golf se reproduce en los barrios cerrados de las afueras de Rosario. Las alfombras verdes de pasto cortito, que piden a gritos un hierro 56, rodean las casas y se convierten en el verde césped de fanáticos del fútbol. Jóvenes padres de familia, que prefieren alejarse del frenético ritmo urbano, pero que no quieren soltar su mayor pasión. Dan una cachetada a la tradición y llevan una pelota de cuero al campo de golf.

Lo más pintoresco de este melange deportivo es que toma la etiqueta del golf. Regala al público un cuadro muy singular de gente vestida con bermudas, medias escocesas y boinas pero jugando con pelotas, proporcinalmente, gigantes. Como si hubiesen amanecido en las tierras los viajes de Gulliver, se los ve caminar entre hoyo y hoyo.

Lo que parecía un evento esporádico, hoy se convirtió en un deporte.  

Hernán Malano, Footgolf Rosario.

Según Hernán, el principal obstáculo que tuvo para introducir el deporte en la ciudad, fue la resistencia de los tradicionalistas del golf. Recién cuando vieron que respetaban la etiqueta, y el comportamiento propio del “deporte de caballeros”, bajaron la guardia y entendieron los beneficios dejarlos entrar en sus campos.

Todavía no se puede saber si se trata de sólo una moda, de un entusiasmo efímero como el furor de las canchas de Paddle. Lo que sí es un hecho, es que cada vez hay más gente que practica esta disciplina. Y, según cuentan, cada vez les resulta más sencillo explicar qué es lo que están haciendo. Es un primer paso.

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