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El edificio que no quería ser demolido

El inmueble había sido construido ilegalmente en Crimea. Fueron necesarias tres detonaciones y 400 kilos de explosivos para derribar la edificación.

La justicia rusa había dictaminado que un edificio ilegal de diez pisos debía ser demolido en Sebastopol, Crimea. La orden fue ejecutada con éxito pero fue necesario utilizar tres detonaciones y 400 kilos de explosivos para derribar el inmueble.

La torre había sido diseñada para soportar terremotos de fuerte magnitud. Esta característica no fue tenida en cuenta por los responsables de la demolición. 

El insólito espectáculo provocó las risas de las decenas de ciudadanos que se habían congregado para presenciar el derribo. Según señaló el diario británico The Mirror, algunos trabajadores se negaban a asumir el fracaso y argumentaban que se había utilizado una cantidad de explosivos inferior a la necesaria para producir menos polvo y escombros y evitar, así, dañar las propiedades linderas.

Varias horas después de la primera detonación, los dinamitadores volvieron a llenar de explosivos la construcción, pero contra todo pronóstico y, para su asombro, cuando se disipó la nube de polvo el edificio seguía en pie.

Hubo que esperar hasta el día posterior a las primeras detonaciones para que finalmente una tercera explosión acabara tumbando esta torre que se negaba a ser demolida.

El procedimiento completo le costó a la municipalidad de Sebastopol cinco millones de rublos (más de 80.000 euros).

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