El ambicioso vendedor de autos que eligió mal a su socio

A partir de 2011, año en el que se elevó significativamente la tasa de homicidios en Rosario, se perpetuaron una serie de mafiosos asesinatos vinculados a la disputa por el negocio del narcotráfico. En la mayoría de estos casos la Justicia no llegó a dar con los asesinos. La historia de Germán Tobo, de eficiente empleado a pieza clave en el engranaje narco

En febrero de 2013, Luis Medina y Germán Tobo aún era socios. Y aún estaban vivos. Los dos disfrutaban del sol y del verano. Uno, Medina, se paseaba con su joven novia por los paradores de la costa. El otro, Tobo, un hombre acostumbrado al perfil bajo, descansaba en su casa de Funes junto a su familia. En aquel momento, en un recinto bajo techo, en la Comisión de Seguridad de la Legislatura de Santa Fe, el periodista Carlos Del Frade desmenuzaba algunos aspectos de la trama económica detrás del oscuro y violento negocio del narcotráfico. Los apellidos Medina y Tobo aparecieron varias veces en su relato.

Del Frade brindó datos precisos sobre la frustrada instalación del boliche Esperanto, una inversión avalada y bien vista por el municipio de Rosario.  “Medina, señalado como responsable del narcotráfico de la zona oeste en Rosario, adquiere la franquicia por 250 mil dólares a Leo Travaglio (dueño de la discoteca en Buenos Aires), en marzo de 2012. Lo hace junto a Germán Tobo, pero el que le presta el nombre es Hernán Capucci. Y esto termina inaugurando en agosto de 2012”, narraba el periodista ante la atenta mirada de los legisladores.

“Hay ciertos sectores de la Municipalidad, inclusive Mónica Fein, que creyeron que era una buena inversión para Rosario, pero ahora comienzan a fijarse en el origen de la inversión. Es muy importante que se comience a ver esta cuestión porque detrás de las grandes inversiones, detrás de los shoppings donde no va nadie, allí hay otros negocios que se tienen que investigar, porque detrás del narcotráfico está el lavado de dinero”, concluía Del Frade.

En diciembre de 2013, Medina fue asesinado cuando viajaba a bordo de su auto junto a su novia. La misma suerte corrió meses después, en septiembre de 2014, Tobo, a quien ejecutaron en la puerta de su flamante concesionaria ubicada frente a la jefatura de policía en Ovidio Lagos al 5100. Los dos fueron atacados con un modus operandi que ya se convirtió en una marca registrada en los crímenes ligados al narcotráfico: sicarios armados que disparan al blanco sin dudar y sin mediar palabra.

Los asesinos de Tobo llegaron a pie y encapuchados al galpón que guardaba treinta autos de alta gama. El empresario estaba parado junto a su socio y un empleado. Eran las 21.30 de la noche.  Los desconocidos sorprendieron por la espalda a la víctima. Lo encañonaron y dispararon. Fueron siete balazos de un revolver 9 milímetros.

Tobo tenía 42 años y toda una vida dedicada a la compra venta de autos, un oficio que aprendió de su padre. Había trabajado cuatro años en Reina Automotores, un negocio que funcionaba en bulevar Oroño al 2700 y sobre el cual varios investigadores posaron su mirada años atrás por supuestos vínculos con el lavado de dinero. Allí conoció a Medina, un empresario que lo deslumbró por su capacidad para multiplicar el dinero. Fue su mano derecha en Lume, una concesionaria que se había inaugurado con bombos y platillos en Pellegrini al 5500. 

Por diferencias en la administración del negocio, a mediados de 2013 Tobo se alejó de Medina. Decidió empezar de cero junto con un nuevo socio.  Comenzaron atendiendo a los clientes en la estación de servicio ubicada en Uriburu y Vuelta de Obligado. La experiencia de Tobo fue garantía de éxito. A los pocos meses, alquilaron un enorme galpón en Ovidio Lagos 5175. En ese lugar encontró la muerte.

Cuando lo asesinaron, fuentes judiciales admitieron que su nombre "estaba formalmente mencionado" en el sumario de dos investigaciones por homicidios ocurridos el mismo día, el 15 de septiembre de 2012: los crímenes de Santiago Alfredo "El gordo" Pérez, de 35 años; y el de Domingo Epifanio "Chucky" Vivas, de 52. El otro expediente que tenía abierto era por una "falsificación de número de objeto" en 2006, un delito común en el negocio de los autos.

La investigación del crimen tuvo pocos avances. Una pista que se examinó fue la de una deuda impaga que contrajo con un empresario que estuvo ligado al rubro gastronómico y que cayó preso por su participación en el envío de un cargamento de droga a Europa. Nunca se pudo comprobar esa hipótesis. Tampoco se supo quienes jalaron el gatillo del arma 9 milímetros.

 

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