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El alcalde, el policía y el periodista en la peor masacre de Charleston

Un año y tres meses después de la balacera en una iglesia que dejó como saldo nueve personas muertas, las tres personas participaron de un panel organizado por la Sociedad Interamericana de Prensa

I.  El alcalde

El alcalde deja cargando el teléfono celular en el baño y no escucha las innumerables llamadas. Lee, tranquilo, desconectado. El teléfono de las emergencias no está en la escena. El ritmo apacible de Charleston se replica en el hogar de Joseph Riley, Jr, el político demócrata que fue electo alcalde por primera vez en 1975 y quien es considerado un visionario por el desarrollo de la vivienda económica, por la revitalización comercial del downtown, por sus aportes a la cultura regional, pero, sobre todo, por su compromiso con la armonía racial. Un sonido anacrónico, típico de los teléfonos fijos en plena era digital, irrumpe la calma de la lectura. Es de noche. Hace calor. Es el 17 de junio de 2015 en la ciudad del estado de Carolina del Sur, Estados Unidos.

- Hubo una masacre. Hay muertos.

Riley corta. Y el primer pensamiento que viene a su mente se relaciona con el vestuario. El alcalde detesta cuando sus colegas se disfrazan de policías porque allí existe una postura, un vestuario falso. El alcalde se dirige a su ropero y decide vestirse con un traje y una corbata como forma de equipararse con la vestimenta de los familiares de las víctimas: “Ellos van a vestir de traje y debo mostrar respeto a esa comunidad”, piensa. A las 21.45, el alcalde, en el camino hacia el vestidor, ya había decidido lo que iba a decirle al mundo entero: “Un hombre blanco entró a una iglesia y mató a nueve personas negras”.

II. El policía

Greg Mullen, el jefe de Policía de Charleston, llega al lugar. Él siente que se preparó toda una vida para afrontar una situación límite pero siempre esperando que jamás suceda. Pero la masacre ocurre. Y ocurren varios sucesos a la vez. El vértigo de la tragedia impone una superposición de sentimientos, confusiones, impotencias, dolores e indignaciones. La máxima autoridad de la fuerza del orden debe organizar un protocolo de emergencia fijando prioridades. Qué hacer, qué pasos seguir, qué decir.

El primer paso es asegurar la zona por dos motivos: preservar la vida porque el homicida aún no fue identificado y proteger la investigación para que no exista ningún tipo de adulteración de las pruebas. Mullen, al notificarse de los muertos y los heridos que ya viajaban de urgencia al hospital, sabe que se viene una avalancha de interrogantes por parte de los medios de difusión nacional: títulos catástrofe, fuentes alternativas, posibilidad de desmadre, levantamiento popular. ¿Qué pasará? Los medios demandan una velocidad en la información más elocuente que los hechos mismos. El jefe de Policía ensaya para sí una frase sintética y contundente: “Fue un acto ilícito de odio”. Pero una amenaza de bomba demora las declaraciones públicas. Primero la vida, la comunidad y las familias. Luego, las noticias.

III.El periodista

Glenn Smith, editor del The Post and Courier, cree que el oficio del periodismo es escribir el primer borrador de la historia. Glenn llega a la Iglesia Africana Metodista Episcopal (AME) Emanuel, conocida también como "Madre Emanuel" cargado de responsabilidad. La responsabilidad de comunicar la peor masacre de la historia contemporánea de Charleston. Allí, en la iglesia que está a una cuadra del Marion Square, la plaza anclada en pleno centro de la ciudad, yacen los cuerpos de las víctimas. Su pastor, el reverendo Clementa Pinckney, fue una de las nueve personas que  murieron bajo la balacera desatada por Dylann Storm Roof, el muchacho que antes de matar indiscriminadamente publicó un manifiesto racista y fotos suyas con armas en un sitio de Internet. El joven que antes de asesinar estuvo una hora compartiendo con los fieles fragmentos de la Biblia. El asesino múltiple que dejó un testigo vivo para que narre la violencia.

Para narrar la locura y la violencia, el editor del medio de Carolina del Sur sostiene que toda la información debe ser comprensiva. Y a la hora de contar lo trágico, la crónica que no hubieran deseado narrar jamás, deciden enfocarse en las historias de la víctimas. Quiénes eran. Qué beneficios le dieron a la comunidad. Desde el medio se alejaron del morbo y del amarillismo para mostrar en contraposición con las creencias del asesino los valores de las víctimas, que son los valores de la comunidad de Charleston. En la tapa del diario del domingo aparecen nueve rosas que se entretejen con los nombres de las víctimas. Convocaron a un poeta y la crónica tuvo cadencia de homenaje. “No teníamos que estar mirando el odio de este hombre sino ver con qué valores se podía salir adelante”, asegura Smith.

IV. Un año y tres meses después

Emanuel es un nombre masculino de origen Hebreo que significa "Dios está con todos nosotros". Ese es el nombre de la Iglesia, del lugar del espanto que se transformó en espacio del perdón. Un año y tres meses después, hay tres ramos de flores y cuatro santos con el rostro tapado en la puerta de ingreso. Un año y tres meses después, el alcalde, el policía y el periodista se encuentran en un panel organizado por la Sociedad Interamericana de Prensa en el marco de su asamblea anual. El panel se titula: “¿Buen periodismo de las malas noticias?” y se desarrolla en el lujoso hotel Francis Marrion, a tan sólo dos cuadras del homicidio múltiple.

El alcalde Riley recuerda su corbata y su traje, el policía Mullen aún percibe el pavor del entorno y la preparación profesional para enfrentar lo que nunca hubiera querido afrontar y el periodista Smith no habla de sangre sino de nueve rosas. Una rosa por cada recuerdo de las víctimas que tienen nombre y apellido: Ethel Lance (70), Daniel Simmons (74), Tywanza Sanders (26), Sharon Singleton (45), DePayne Middleton (49), Cynthia Hurd (54), Myra Thompson (59), Susie Jackson (87) y el pastor Clementa Pinckney. Recuerdos que son detalles del dolor extremo que hirió la conciencia colectiva. Nombres y apellidos que son herencia de una lucha centenaria: la igualdad de derechos de la comunidad afrodescendiente.  

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