De Griesa a Grecia

El pueblo griego decidió mayoritariamente rechazar todo intento de renovación del ajuste. Los buitres que denominamos como tales puede decirse que son una especie de escuadrón perdido de un ejército que no es conocido ni denominado de esa manera: se trata del capitalismo global tal como lo caracterizó George Soros en un libro homólogo.

El 1 de enero de 1999, nueve años y casi dos meses después de la caída del muro de Berlín, comenzó a circular el euro como moneda común en buena parte de Europa. Eran días de festejo por la integración monetaria, un escalón superior en el proceso de articulación de las economías de los países suscriptores. Todo resultó previsiblemente diferente. Las heterogeneidades entre los países miembros, las diferencias de productividades entre los procesos productivos de cada uno de ellos, las asimétricas estructuras socio-económicas no sólo no desaparecieron sino que se hicieron más evidentes y comenzaron a limar las expectativas iniciales.

Entre los objetivos de fondo no estaba la integración orientada hacia el desarrollo social sino el de construir una plataforma para garantizar un ciclo largo de acumulación del capital, protegiendo a las elites de la eurozona frente a la competencia estadounidense y la entonces emergente China, aprovechando la inercia de la derrota por auto implosión del socialismo realmente existente. La integración buscó y logró elevar en toda la eurozona la productividad de los trabajadores generando una masiva transferencia del trabajo al capital, junto a una desaceleración del crecimiento económico por la alta participación del comercio internacional intra europeo.

Cada país renunció a una doble cuota de soberanía: a la administración cambiaria, dado que cada moneda salió de circulación para dejar paso al euro y a la política monetaria, dado que la emisión de moneda dejó de ser privativa de la decisión de cada país miembro para constituirse en resorte del Banco Central Europeo. Desaparecieron las fronteras para la circulación de las mercancías y en especial para una de ellas: la fuerza de trabajo. Esto provocó, junto a otros factores, una presión a la baja de los salarios tanto en los países de la periferia de la eurozona como en su propio centro estratégico, esto es Alemania y Francia.

El 1 de julio de 2012, después de sufrir el impacto de la crisis hipotecaria con epicentro en 2008 y 2011, entró en vigencia el denominado Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF). Este fondo está constituido por el aporte de los estados miembros de la eurozona y la distribución actual de las cuotas es la que muestra el cuadro. Lo visible es que los primeros cuatro países poseen el 83% de dicho fondo.

 

 

Si bien fue creado tiempo atrás, el FEEF se había dedicado a socorrer a los países miembros que tuvieran problemas en el pago de sus deudas. La novedad es que fue extendido el rol de tal entidad para socorrer al sistema bancario y así evitar su quiebra. El resultado fue que las deudas morosas que ponían en riesgo de sobrevivencia a entidades financieras demasiado grandes para quebrar, sufrieron un proceso en el que se transfirió tal riesgo al FEEF. En otras palabras: se estatizó, en cabeza de los estados aportantes, la asunción del riesgo que tenía en vilo al sistema bancario europeo. Una de las consecuencias fue que los países con mayores dificultades (Grecia, Irlanda y Portugal) vieron cambiar su acreedor: de los bancos comerciales (esencialmente alemanes y franceses) al FEEF. Este, junto al FMI se convirtió en el auditor de las políticas fiscales de los países con mayor endeudamiento y fue marcando el compás de las políticas de ajuste sobre las que el pueblo griego dijo basta el pasado domingo.

Las políticas de ajuste y los desequilibrios entre los países miembros, hicieron crecer la deuda de los estados más débiles, tales como Irlanda, Portugal y Grecia. Para este último caso, creció exponencialmente la relación entra la deuda y el producto bruto interno, haciendo cada vez más difícil el cumplimiento de los compromisos. Ello sin analizar el destino de la deuda, dentro del que se encuentra el incremento del equipamiento militar.

 

 

La deuda a diciembre de 2014 alcanzó los 317 mil millones de euros y la curiosidad es que tal como indicamos en párrafos anteriores, los principales acreedores ya no son las entidades financieras, sino los propios estados de la eurozona, sea a través del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera con el 45,4% del total como el propio Banco Central Europeo con el 8,5%. Un conjunto de acreedores públicos y privados de la eurozona poseen el 16,7% de las acreencias y el FMI algo más del 6%.

 

El temor de los líderes europeos no es el impacto que pueda causar la cesación de pagos de Grecia, su volumen relativo es insignificante. No se trata de la economía sino de la política. Todo triunfo de una decisión autónoma por parte del gobierno griego, ahora apoyada por la voluntad mayoritaria de quienes dijeron NO al ajuste el pasado domingo, podría producir émulos en otros países de la región. 

 

COMENTARIOS

*Los comentarios que integran esta discusión no representan la opinión de RosarioPlus. Son opiniones personales de los usuarios

Seguí leyendo