Cuba, Irán y Corea del Norte: tiempo de apertura

Con motivaciones diferentes, tres de los regímenes políticos más cuestionados desde Occidente adoptan caminos de apertura. Cuba, Irán y Corea del Norte, tienen aún largos caminos por recorrer, pero ya parecen haber dado el paso más difícil: el primero.

Los tres países atraviesan procesos disímiles. Sin embargo, una incipiente apertura económica aparece como factor común en estos tres regímenes caracterizados por ser altamente represivos.

En Cuba, el que más ha avanzado entre ellos, la apertura económica iniciada desde que Raúl Castro se hizo cargo del gobierno, se vio potenciada en los últimos meses por el novedoso acercamiento con el gobierno de los Estados Unidos.

 

 

Aunque lentas y parciales, las reformas al sistema económico y social cubano implementadas por el gobierno durante los últimos cinco años, fueron modificando de a poco la vida cotidiana de los habitantes de la isla. Desde enero por ejemplo, los cubanos y extranjeros residentes en la isla pueden comprar al Estado vehículos nuevos o usados sin más obstáculos que los exigidos por el propio bolsillo. Eso sí: el valor de los vehículos se ve incrementado en un 50 por ciento producto de los impuestos y los gastos operativos.

En los últimos años, se flexibilizó la política migratoria, se autorizó el trabajo por cuenta propia, se eliminó parcialmente la libreta de racionamiento y se anunció –aunque no se cumplió acabadamente– el fin de la dualidad monetaria entre el peso cubano y el peso convertible, equivalente al dólar.

No obstante lo anterior, no debe confundirse la apertura económica o la incipiente apertura social con una apertura política que aparece aún como algo distante. Son muchos los derechos vulnerados, el acceso a las comunicaciones es restringido –se avanzó con el uso de telefonía celular pero hay restricciones para el uso de internet– y no hay libertad de prensa.

Puede suponerse que los procesos aperturistas en marcha se profundizarán debido a la reconciliación con los Estados Unidos y, especialmente si –como es de prever– el gobierno estadounidense pone fin al bloqueo económico que impuso desde hace décadas sobre la isla.

El acuerdo nuclear entre Irán y Estados Unidos –que quedará sellado definitivamente a finales de junio– trae aparejado como consecuencia la reinserción de los persas en los circuitos económicos financieros y comerciales de la Comunidad Internacional. En este caso, la aparición del Estado Islámico (ISIS por su sigla en inglés) como enemigo común a combatir, aceleró el acercamiento entre los dos países, reemplazando la relación amigo-enemigo por la de amigo-adversario.

 

Pero si la relación entre Irán y Estados Unidos se sustenta exclusivamente en las necesidades meramente militares y geopolíticas, se verá condenada al fracaso y su duración será equivalente al tiempo de subsitencia del Estado Islámico. Es por eso que la promoción de relaciones económicas a largo plazo de Irán con Occidente en general y con los Estados Unidos en particular, es de la mayor importancia. En ese sentido, Irán cuenta con un mercado tecnológico en plena efervescencia y con  el mayor número de usuarios de internet en Medio Oriente.

Este factor está estrechamente vinculado a que el país cuenta con una gran población joven, de menos de 30 años, que es la franja etárea que más impulsa cambios aperturistas.

En vez de concentrarse en industrias como la petrolera, que genera grandes ingresos pero que suponen ganancias sólo para un selecto grupo de empresas estrechamente alineadas con el régimen teocrático, la promoción del desarrollo comercial en el ámbito de la tecnología favorece el establecimiento de una clase media altamente calificada. Y una clase media iraní próspera tendrá intereses mucho más firmes en mantener relaciones estrechas con Occidente.

Al mismo tiempo, el desarrollo comercial en el sector tecnológico puede provocar como consecuencia, una apertura creciente de la sociedad civil a través del acceso a internet y a los medios masivos de comunicación social globales.

Hay que reconocer el rol de liderazgo aperturista de Hasán Rouhaní, quien desde su llegada a la presidencia del país en 2013, promovió activamente la revitalización económica y la reincorporación de Irán a la Comunidad Internacional. La apertura política e ideológica siguen todavía pendientes, pero la apertura económica bien podría actuar como conductora hacia ellas.

El de Corea del Norte es el régimen más hermético del mundo. Último heredero del estatismo estalinista más rígido, parece haber tomado una senda –mucho más moderada que en los casos anteriores– de transformación aperturista. La bisagra fue el fallecimiento en 2011 del líder Kim Jong-Il, y la asunción del poder por su joven hijo, Kim Jong-Un.

 

 

Algunos datos procedentes de Corea del Sur señalan que, actualmente, los directores de las empresas tienen una libertad de acción inimaginable años atrás, que les permite fijar salarios diferenciados para estimular la producción y hasta despedir empleados.

Las reformas abarcan también la producción agrícola, dado que ahora, tras entregar una cuota de producción al Estado, los campesinos pueden vender el resto de forma privada y reinvertir o gastar la ganancia. Hasta existen cada vez más formas de disfrutar esos excedentes económicos a través del consumo. Muchos norcoreanos ya circulan adheridos a sus celulares como en Occidente, y hasta la moda está cambiando. Y la existencia de la moda es síntoma de una embrionaria estratificación por clases sociales que contradice al mundo comunista que carece de ellas.

Pero una de las señales más notorias de los cambios es la presencia de inversores extranjeros, no obstante lo cual, el sector privado representa sólo el 30 por ciento de la actividad económica, siempre de acuerdo a estimaciones calculadas desde del exterior.

El cambio es aun muy lento, pero al menos hay cambio. Y para que se profundice, será necesaria una mayor inversión extranjera.

Cabe señalar que, a la inversa que en los casos anteriores, la apertura económica norcoreana podría actuar en el largo plazo como factor de distensión en la relación bilateral con los Estados Unidos.

A modo de conclusión, puede decirse que los procesos aperturistas que se observan en Cuba, Irán y Corea del Norte, pese a ser distintos y encontrarse en etapas diferentes, tienen como factor común el gradualismo. Asimismo, la relación de cada uno de esos países con los Estados Unidos es altamente significativa, y en los tres casos el mejoramiento de esos vínculos supone su reincorporación a una Comunidad Internacional que los espera deseosa de hacer negocios. Los tres países representan atractivos mercados potenciales -incluso para Argentina- en un mundo en el cual el capitalismo, con mayor o menor resistencia, impera como sistema económico.

La asignatura pendiente es la misma, la apertura política, ideológica, social y cultural aún demoradas. Pero posiblemente la economía sea la que abra el intersticio, la grieta por la cual se filtre en esos países la tan ansiada libertad.

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