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Cuando se hace necesario ponerle sujetos a la deuda

Hablar de deudores y acreedores en vez de la deuda. Hablar de los sujetos en vez del objeto

Esta nota inicia una serie referida a la deuda argentina, tanto externa como interna. Tendrá algo de historia, algo de reflexión, información seleccionada y preparada para este fin, reflexiones y valoraciones. El orden será temático y en algunos casos cronológico. La proposición es reemplazar la mirada tradicional, la que pone el acento en el objeto, es decir la deuda, para trasladarlo a los sujetos. Esta perspectiva permite ver el comportamiento de empresas, gobiernos y personas, sus movimientos, sus roles. Desde la mirada fetichista, de la deuda como objeto, desaparecen los responsables, los beneficiados, los perjudicados porque todo permite ser interpretado casi como fenómeno de la naturaleza.

Como necesaria aclaración metodológica, hay que comenzar por describir que es y que no es deuda externa. Para eso lo primero que hay que despejar como incógnita es que hablar de externa implica que los acreedores -aquellos a quienes se les debe dinero- deben tener residencia fuera del territorio nacional. Esto dice que los deudores externos, quienes deben dinero, residen dentro del territorio nacional y pueden ser nativos o extranjeros. Lo segundo que hay que despejar es que la moneda de contratación no define a la deuda como interna o externa. Una deuda en dólares puede ser a la vez interna porque los acreedores residen en el país. Una deuda en pesos puede ser externa si los acreedores residen en el extranjero. El detalle relevante –en este caso- es que el pago de una deuda en moneda local se torna más sencillo porque se trata de la moneda de curso legal, en cambio una deuda en moneda extranjera requiere de la existencia de niveles de reservas internacionales del BCRA que hagan posible afrontarlas. Estados Unidos tiene su deuda externa nominada mayoritariamente en dólares, en su propia moneda. Grecia tiene su deuda externa nominada mayoritariamente en euros, la moneda común de la zona a la que pertenece. En tercer lugar debe decirse que los deudores pueden ser sujetos de derecho público (los estados) o privado (empresas u hogares), siendo entonces la deuda de naturaleza homóloga. En tal caso debe hablarse de deuda pública y privada, las cuales incluyen tanto la externa como la interna. Por último –en esta aburrida pero necesaria recorrida aclaratoria- las deudas pueden ser de naturaleza financiera o de otro tipo de origen. La financiera incluye la contraída con entidades bancarias, parabancarias, emisión de títulos de deuda estatales o privados, entre otros. La no financiera es una compleja trama de realidades diversas en el que se desenvuelven los deudores estatales y los privados. En el caso de los estados se trata de la deuda flotante: sueldos y contribuciones, servicios de alquiler, luz, gas, contrataciones por compras o locaciones, toda ella de naturaleza interna. En el caso de los deudores privados se trata esencial, aunque no exclusivamente, de deudas comerciales por inversiones, compra de insumos para la producción o comercialización, bienes de consumo personales, etc.

Frente a esta diversidad, la primera pregunta que se hará el lector es por qué sólo se habla –usualmente- de la deuda del estado nacional y en especial de la contraída por la Administración Central y los Organismos Descentralizados. Las razones se deben a su magnitud, a su importancia, a la surgida de la historia del endeudamiento desde la dictadura de 1976 en adelante. El cuadro que se expone intenta mostrar de modo simplificado todos los componentes de la deuda, sea interna como externa, estatal o privada, resaltando en aquel, en rojo y en negrita, sobre qué parte de la misma hablaremos en esos artículos.

Esta primera entrega no podría terminar sin dar algunas primeras pistas sobre la deuda. Los datos que presentamos a continuación pertenecen a la deuda que tiene como deudor a la Administración Central y los Organismos Descentralizados del Estado Nacional. Se trata de una parte de la deuda estatal o pública y contiene tanto la interna como la externa. Para no asustarse con las cifras, también hay que decir que desde fines de 2008 – fecha en que se reestatizó el fondo de jubilaciones y pensiones- una importante porción de esa deuda pública lo es con otras dependencias estatales: ejemplo la deuda de la administración central del estado nacional con la ANSES.

Finalmente, interpretar procesos tan variados y complejos como la deuda pública, la privada, su moneda de contratación, la nacionalidad de deudores y acreedores, no permiten construir interpretaciones únicas sino analizar cada grupo de situaciones y los vínculos entre ellas.

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