Cuando en vez de esclavizar, los talleres textiles liberan

Historia de una diseñadora rosarina dedicada a la confección textil, que realiza talleres de enseñanza de producción textil en sectores vulnerables. Según ella, “trabajar humanamente o no es una decisión de los dueños”

La noticia del día fue, este miércoles, el allanamiento realizado en un taller textil de zona sur que, se presume, esclavizaba a personas de origen boliviano, indocumentadas. Ropas que serían vendidas a grandes marcas que se comercializan en Rosario.

En contraposición a estas prácticas ilegales, hay otros proyectos textiles que empoderan, que liberan, que ayudan. La diseñadora Marina Gryciuk es una emprendedora local que apuesta a ese tipo de propuestas. Realiza talleres con sectores vulnerables para que aprendan el oficio y quizás, con algo de ayuda, puedan encarar sus propios emprendimientos. Trabaja con presas del Penal de Mujeres y también con la comunidad Qom.

En diálogo con Rosarioplus.com, Gryciuk analizó el taller textil que fue desbaratado por la policía federal. “La mano de obra barata es un flagelo que sucede en Rosario como en todo el mundo, porque las leyes del capitalismo son tan injustas que llevan a un boliviano a vivir como esclavo en otro país”, reflexionó.

Según analiza desde su conocimiento del sector, “la noticia del textil rosarino no sorprende y es necesario que se sepa”. Considera que “fue una decisión política desbaratarlo, porque hay muchos más que trabajan así”. Lla prueba, desde su visión, es que hayan tantos extranjeros residiendo en Rosario: “Algo vinieron a hacer a Rosario tantos bolivianos, peruanos y paraguayos, y pienso que vienen porque en sus países las condiciones laborales son todavía peores”, sostuvo.

Gryciuk recordó cómo, en 2014, fueron desarticulados cientos de talleres clandestinos de la ciudad de Buenos Aires por la Policía Federal. Destacó que “llama la atención que no se desbarató ninguno del conurbano bonaerense, aunque sea sabido que hay muchísimos”. Y bregó porque estas prácticas sean desarticuladas en todas partes.

Para contrarrestar estas reglas del juego injustas, la diseñadora rosarina declaró: “Hay que posicionarse uno como productor textil, en desarrollar su profesión de manera consciente”. Y de esta manera, admitió: “Mi trabajo es pequeño porque no tengo una industria, doy clases de diseño y enseño a mis alumnas a trabajar humanamente, doy talleres en la cárcel de mujeres y en la comunidad Qom, pero también como productora conozco a quien me produce”.

El taller que trabaja para Gryciuk pertenece a una mujer de zona norte. “Yo voy a su taller, hablamos de los precios y hay un respeto. Si las condiciones no son humanas, eso lo decidís vos. Trabajar humanamente es una decisión de los dueños”, remarcó.

Uno de los talleres que impulsa Marina funciona en el Centro Cultural El Obrador, donde enseña a realizar canastos: “El taller, llamado Qomi, consta de actividades con diez mujeres de origen qom aprenden de a poco las técnicas, y la idea es la autogestión con este conocimiento, aunque faltan recursos para eso”, precisó. La producción que hacen se vende en la feria de bulevar Oroño y el río.

El espacio y las máquinas las otorga la Municipalidad de Rosario, y el taller recibe saldos y retazos de algunas fábricas, aunque Marina aclaró que “se reciben donaciones de telas de otros que estén interesados en colaborar”.

También trabaja en el Penal de Mujeres. Todas las semanas Marina y una alumna suya enseñan a cinco reclusas, a veces las del pabellón de arriba y a veces a otras cinco de abajo, que no están obligadas, pero “muchas disfrutan como un espacio social para pasar el tiempo, ya que cuando salgan es algo utópico pero posible que emprendan algo con estos conocimientos”.

Gracias a este tipo de proyectos, algunas vidas cambian. Un ejemplo es Chelita Córdoba, reclusa del Penal nº 5 de Mujeres, que estaba apartada de las demás en el área de disciplina. Pero a partir de que Marina le dio algunos trabajos para coser, se hizo buena fama entre internas y policías. Hoy, es “la costurera” de la cárcel, mantiene sábanas y cose ropas. “Chelita es muy buena con las manos, y ahora se hizo una cuenta de Facebook para mostrar sus trabajos a sus hijos y a quien quiera pedirle un trabajo”, cuenta feliz Marina.

La realizadora local consideró que el taller en la comunidad Qom y las manualidades textiles en el Penal de Mujeres “son semillitas que puedo dar para estas mujeres, que no solo son pobres en lo económico, sino en lo social y aunque quieran les va a costar más insertarse”.

Finalmente, contó que participa de la ONG Mujeres tras las rejas con un taller textil, y que “tienen talleres de teatro, cine, y un programa de radio que se escucha vía Internet, y van a diferentes cárceles de la ciudad con el programa”.

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