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¿Cómo trabaja hoy el socialismo en materia de política barrial?

Guillermo Lasala es uno de los máximos referentes de la juventud socialista en Rosario. Defiende la estructura de la gestión municipal para resolver los problemas de los vecinos en los barrios, aunque reconoce que hay “resignificación de prácticas” ante una coyuntura que se modificó de diez años a esta parte

La mayoría de las agrupaciones y organizaciones políticas que trabajan en los territorios más vulnerables de la ciudad sostienen que no sólo se diluyó la presencia del Estado municipal en los barrios en cuanto a políticas públicas, sino que, además, se produjo un “claro retroceso” a nivel de su militancia. ”Te encontrás con militantes de otros partidos, pero jamás con uno del socialismo” o “han perdido el énfasis de construir pensando en los barrios y en los territorios”, fueron algunas de las frases pronunciadas por los referentes de Patria Grande, Ciudad Futura, Comunidad Rebelde y el Movimiento Evita en el diálogo que mantuvieron con Rosarioplus.com sobre la importancia de la política barrial.

Guillermo Lasala (27 años), coordinador de la juventud socialista de Rosario, niega este retroceso. Sostiene que “no hay en el interior del país lugares que tengan la estructura estatal en los territorios como tiene Rosario” y que hoy muchas políticas sociales transitan por un proceso de “resignificación” ante un contexto que se modificó. “Hay que poder pensar nuevas prácticas para nuevos contextos”, plantea como desafío primordial. Y aclara: “La autocrítica interna es algo que está presente. El tema es que no lo hacemos externo y por ahí eso se interpreta como que no queremos cambiar”.  

-¿Cuál es la política barrial del socialismo hoy en día en los barrios de la ciudad?

-En toda la ciudad hay centros socialistas distribuidos en las 22 seccionales. Esa es nuestra territorialidad política. Así como el PJ tiene sus unidades básicas, o está el comité radical, nosotros laburamos desde la referencia de estos centros, que llamamos las casas del pueblo. En esos espacios existen diferentes frentes de trabajo y uno de ellos tiene que ver con lo juvenil. Desarrollamos actividades en relación con la realidad de cada barrio. Se trabaja mucho la relación con el vecino y con las instituciones estatales de ese barrio. La política como una herramienta de transformación de la realidad, desplegamos estrategias que ayudan a mejorar la calidad de vida de la gente

-¿Les cuesta seducir a los jóvenes que no ven respuesta directa de la gestión?

-El mensaje se hace más tangible y concreto cuando la convocatoria pasa por las realidades más cercanas. El hecho de reunirnos a raíz de una problemática común y entre todos buscar posibles soluciones nos acerca a los jóvenes. Cuesta porque se trata de un trabajo constante, de convocatoria permanente, de resignificar acontecimientos. Hay muchas experiencias en las que hemos logrado una buena convocatoria triangulando la actividad con las instituciones de referencia. El desafío más interesante pasa por lograr que los jóvenes se involucren en la solución de los problemas colectivos, siempre desde la autonomía y no desde una visión paternalista o asistencial.

-¿Tener detrás el aparato estatal es un plus o una desventaja a la hora de convocar a los vecinos en los barrios? 

-Existen las dos características. A veces uno se sitúa en la convocatoria sabiendo que su militancia es una herramienta para conectar la problemática de los vecinos con la capacidad de respuesta de la gestión. Cuando se da esto es sumamente interesante porque se genera que los jóvenes confíen en las instituciones. Pero por el otro lado también hay que reconocer cuando es el propio Estado el que tiene el problema. Y ahí la participación de los jóvenes es la que logra que las soluciones lleguen. Hemos tenido experiencias de organización comunitaria en donde los propios vecinos han detectado la necesidad y la solución.

-Todas las organizaciones políticas que militan en los territorios hablan de que el socialismo perdió presencia en los barrios. ¿Es así?

-Los fenómenos se ven influenciados por los tiempos y las coyunturas. Son dos cosas por un lado la estructura de la organización política en el territorio y por el otro lado la territorialidad de las políticas a través de las instituciones del Estado. Si nos paramos en este segundo punto, yo no he visto un retroceso, sino un proceso de resignificación ante problemáticas que antes no estaban tan emergentes cuando esas instituciones se crearon. Los Centros Crecer que son un emblema en políticas sociales, nacieron en los 90 de la necesidad de la asistencia alimentaria y de la cuota nutricional, entre otros aspectos, que trabajaba con la primera infancia. Hoy esos Centros Crecer se han resignificado en los centros de convivencia barrial para trabajar con otras franjas de edad, por ejemplo los jóvenes. Si uno compara ciudades de la escala de Rosario, no hay en el interior del país lugares que tengan la estructura estatal en los territorios que tiene Rosario. 

-¿Esta resignificación está dando los resultados esperados? 

-Estamos en eso. Uno tiene que tener la cintura política y la inteligencia para entender cuáles son los modos en que esas instituciones se resignifican para resolver problemas que en la actualidad tienen otra magnitud o escala. Hay políticas progresistas en la gestión municipal y provincial para nivelar las desigualdades sociales, para contrarrestar los efectos de la violencia o el narcotráfico. Rosario no es la misma que hace 10 años. Hay que poder laburar con todos los trabajadores del Estado para poder pensar nuevas prácticas en nuevos contextos.

 -¿Sienten que los propios votantes les piden estos cambios al socialismo?

-Entendemos que hay un rediseño de nuestras organizaciones en la necesidad de incorporar nuevas formas de militancias en el territorio que no obedezcan únicamente a las estructuras que ya tenemos. Y en este sentido, los procesos electorales han demostrado que nuestra militancia política ha estado al pie del cañón a tal punto que le hemos ganado al aparato del gobierno nacional y a la maquinaria empresarial del PRO. No quiere decir que no haya que renovar nuevas prácticas de la militancia. 

-¿Son autocríticos entonces?

-Totalmente. Estamos en contacto con la realidad y sabemos que es necesario poder volver a pensar nuestras proximidades con los vecinos. El proceso de autocrítica interna es algo que está presente. El tema es que no lo hacemos externo y por ahí eso se interpreta como que no queremos cambiar. Tenemos un partido con vida y con mucho debate. Esperemos que esto dé paso a un mayor relieve de la militancia en los barrios.

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