Central armó una fiesta en el Gigante

Central no afloja. Este domingo le ganó a Gimnasia 4 a 0 y armó una fiesta en el Gigante de Arroyito. Después del largo viaje por Cuyo, que incluyó las victorias ante Godoy Cruz y Estudiantes, el Canaya volvió a jugar en su estadio y pasó por encima a un opaco conjunto platense.

El juego colectivo fue una constante para los de Coudet. Los mediocampistas estuvieron activos y precisos a la hora de pasar la pelota. Lo Celso volvió a mostrar su cualidades, bien acompañado por Montoya, Fernández y Nery Domínguez, que hizo un golazo.

El volante central tomó la pelota a 25 metros del arco de Gimnasia y clavó una bomba inatajable junto al palo derecho de Navarro. Premio para el mediocampista, de gran nivel en las últimas semanas, y para un equipo sólido y con actitud ofensiva.

Minutos después del gol de Domínguez, apareció el goleador. Marco Ruben, incansable como siempre, pescó una pelota en zona ofensiva y se fue mano a mano ante Navarro. Un toque suave hizo que la pelota se pierda al fondo de la red. Gran definición para el 2 a 0.

Antes de que muera el primer tiempo llegó el tercero. Ceballos cobró un penal que nadie más vio y Marcelo Larrondo lo cambió por gol. A fuerza de tantos y buenas actuaciones, el mendocino se gana al pueblo Canaya semana tras semana.

En el complemento pasó poco. Central movió la pelota por todo el campo de juego y así se defendió. Caranta no tuvo trabajo y los defensores tampoco pasaron sobresaltos. La única mala: Pablo Álvarez vio la quinta tarjeta amarilla y no podrá jugar contra San Lorenzo.

El último tanto del encuentro fue obra de Ruben. El goleador hizo su 18° tanto del campeonato tras centro de Javier Pinola, quien jugó casi todo el complemento como lateral por izquierda. 

 

 Pese a la acumulación de partidos y la presión que se genera en el tramo final del torneo, Central sigue firme. Ante Gimnasia le bastaron 45 minutos para definir la historia y encender la ilusión. Se acercan tiempos de definiciones y el Canaya sabe que puede conseguir un título. Y la gente, que ovacionó al equipo, lo vive como nunca. 

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