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Cambió Vogue por una choza de barro en África

Brazo derecho de Anna Wintour, musa de Cartier-Breson y amiga de Mario Testino, Lisa Lovatt-Smith se codeó con la elite de la moda y se "divirtió" como editora de distintas cabeceras de Vogue, pero una choza de barro en Ghana fue lo que le dio la felicidad y lo cuenta en su libro Mañana quién sabe.

El camino recorrido por la hoy directora de la ONG OAfrica, que recoge en la obra autobiográfica Mañana quién sabe (Editorial Turner), dista de ser convencional.

Un libro que la editorial lanzará en toda Latinoamérica a mediados de mayo y que es la última obra de una autora que consiguió su primera oportunidad en el mundo de la moda con solo 17 años gracias a un concurso de redacción de la edición británica de la revista Vogue.

El camino de Lovatt-Smith fue fulgurante, con veintitrés años ya era editora de moda la edición francesa de Vogue y cuando Anna Wintour llegó a Londres, le cuadriplicó el sueldo en pocos meses.

Su habilidad para relacionarse y organizar sesiones de fotos la convirtió en una imprescindible de la casa y también fue una de las cabecillas de la fundación de la revista en España. Pero, entonces, en París, una niña huérfana de cinco años llamada Sabrina se cruzó en su camino y la adoptó.

Aunque su pasado, sus cabellos rubios y sus ojos azules se empeñen en aparentar lo contrario, su vida está ahora en una choza de Ghana con varios de sus hijos adoptivos.

"Seguramente si nunca hubiese puesto un pie en África hoy en día tendría un puesto en Vogue a nivel internacional, hablando de decoración o 'lifestile'", cuenta a Efe Estilo Lovatt-Smith, de paso por España para presentar su libro.

 

 


Pero ahora, se reafirma: "Soy Ghanesa. Nuestra casa está allí, no ha sido un viaje de ida y vuelta". Lo que empezó como unas vacaciones solidarias de unos meses acabó por desembocar en más de trece años en el país africano.

"Yo también he crecido con problemas de pobreza y abandono y muchas personas me han ayudado, quise ser esa persona para otra gente", dice Lovatt-Smith. Sabrina y sus años de rebeldía adolescente también fueron la razón por la cual emprendió su aventura africana, quería unirse más a su hija adoptiva y en el proceso, acabó enamorándose de África.

Su vida de voluntaria, que decidió emprender con su Sabrina de diecisiete años, empezó en un orfanato privado marcado por la corrupción: "Eran muy hábiles, me costó tiempo descubrir la verdad", declara la escritora, que entonces decidió fundar su propio orfanato.

"El shock llegó cuando leí un informe que exponía los inconvenientes de la institucionalización", cuenta Lovatt-Smith, que pensaba que los problemas con los niños de los orfanatos venían de su pasado "y no que los orfanatos fuesen la raíz del conflicto". La líder de OAfrica confiesa que fue "muy duro" reconocer se habían equivocado y "desmontar todo el trabajo que habían hecho".

"Más del ochenta por ciento de los niños tenían familias" señala Lovatt-Smith, que decidió devolver a los pequeños a sus casas. "Fue una labor verdaderamente detectivesca y muy conmovedora", explica la ex editora de Vogue, que también colaboró adoptando algunos de los niños huérfanos.

En países como Ghana los familiares suelen dejar a los niños en los orfanatos por no poder atenderlos y con el ánimo de que les proporcionen escolaridad y nutrición básica.

Hoy en día, su organización proporciona becas a unos 450 niños para que puedan continuar viviendo con "el amor y la protección" de su familia y trabaja con el gobierno ghanés y otras instituciones con el objetivo de cerrar todos los orfanatos y fomentar la acogida.

En su proyecto también ha involucrado a personalidades como la actriz española Victoria Abril o la diseñadora y "bloguera" italiana Margherita Missoni, que han viajado a África para visitar el proyecto en varias ocasiones.

Desde que aterrizó en Acra, la capital ghanesa, con un bolso diseñado por su amigo Karl Lagerfeld, no ha vuelto a vestir prendas de lujo. "Ahora espero a que me regalen la ropa, o la compro en África o en mercadillos de segunda mano", señala.

"Es importante señalar que por el precio de unas tapas de unos zapatos puedes pagar la educación de un niño ghanés durante un año" destaca Lovatt-Smith. "Y ya no hablemos de unos zapatos de marca",añade la activista.

Lo curioso, es que su hija Sabrina se dedica ahora al mundo que ella dejó atrás, la moda. "Su situación es diferente, tiene que cargar con dos hijos pequeños y vivir en la realidad de Occidente", señala la fundadora de OAfrica, que añade que su hija "todos los años va a Ghana, nunca se ha despegado de la experiencia y sus hermanos son ghaneses".

(EFE)

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