¿Atentados seriales?

Pese a que es muy temprano para determinar una coordinación premeditada en los hechos sucedidos en las últimas horas en Francia, Túnez y Kuwait, pareciera que las organizaciones terroristas se inclinan ahora por la “serialidad” en los atentados.

Este viernes se conoció la noticia de distintos atentados perpetrados por yihadistas, una de las ramas más violentas y radicales del Islam caracterizada por la implementación del terrorismo como medio para alcanzar sus fines políticos e ideológicos.

En Francia, al menos dos hombres con una bandera islamista atacaron una empresa de gas y productos químicos en la localidad de Saint-Quentin-Fallavier, cerca de Lyon, en el sur del país, con un saldo de diez heridos y un hombre que fue degollado con un cuchillo, metodología utilizada habitualmente por los fanáticos del Estado Islámico (EI).

Este es el segundo atentado que sufre Francia en seis meses -recuérdese el provocado en enero contra la publicación Charlie Hebdo- y confirma la gravedad de la amenaza que pesa sobre ese país, el primero en Europa que declaró la guerra al EI en Irak en septiembre del año pasado.

El peligro no solo reside en la dureza con la que Francia se implicó en la guerra contra el terrorismo fuera de sus fronteras. Este es, además, el país occidental que más yihadistas exporta en términos absolutos. Se estima que 1400 ciudadanos franceses operan actualmente en Irak y Siria, y los servicios de seguridad siguen la pista a más de 1700 personas. El mayor peligro interior viene, según los expertos, de los cerca de 300 franceses que han regresado de las zonas de conflicto. Los autores de los atentados de enero habían tenido previamente contacto tanto con el EI como con Al Qaeda.

En Túnez, al menos 27 personas -en su mayoría turistas- murieron en el asalto de varios hombres armados en dos hoteles de la ciudad turística de Susa, en el centro del país.

Luego de derrocamiento de Zine al-Abidine Ben Ali durante la denominada “primavera árabe” de 2011, Túnez pasó de ser un bastión del secularismo a tener cada vez más militantes islámicos radicalizados.

Túnez tiene como antecedente reciente el ataque realizado recientemente en su famoso museo Bardo, que dejó 19 muertos -también en su mayoría turistas extranjeros- y que fue el evento más sangriento desde la revolución. Está claro que intenta golpearse a la industria turística que es una de las más rentables para el único país que parece haber logrado transitar con éxito la primavera árabe.

Un dato a tener en cuenta es que más de 3 mil de sus ciudadanos han salido del país para sumarse a la "guerra santa" o yihad que el EI promueve en Irak y Siria.

En Kuwait, también se produjo un atentado, allí contra una mezquita chií que mató a 13 personas. El el hecho ocurrió durante el rezo de mediodía, cuando el templo se encontraba repleto. La autoría ya habría fue asumida por el EI, que mediante un comunicado expresó que su objetivo era un “templo de los renegados”. Así es como consideran a los chiíes los extremistas suníes, de los que los yihadistas constituyen su versión más violenta.

La guerra en Siria y la militancia yihadista han polarizado a los kuwaitíes. Desde los Estados Unidos se detectaron importantes ayudas a grupos extremistas procedentes de donantes privados de ese rico Estado petrolero. Su emir, el jeque Sabah, conoce las fisuras que se han abierto en la sociedad y durante una reciente conferencia contra el radicalismo religioso, hizo un llamamiento a los países musulmanes a intensificar su lucha contra el fanatismo.

Deberá corroborarse aún si todos estos atentados fueron coordinados para ejecutarse en serie o no, pero la sucesión de hechos resulta -por lo menos- llamativa. Lo cierto es que el EI constituye una amenaza tangible y que demanda acciones urgentes y definitivas en el terreno. Dicho de otra manera, no alcanza con bombardeos a distancia como se ha intentado hacer hasta el momento.

De confirmarse la “serialidad” de los atentados, se estaría ante una articulación novedosa por parte del terrorismo yihadista, siempre dispuesto a innovar y a tomar por sorpresa a sus enemigos. La utilización de las redes sociales, internet y los medios de comunicación para difundir su mensaje son prueba de que utilizan la tecnología y la innovación a su favor.

Es preciso entonces articular acciones novedosas para combatir el fenómeno de una vez por todas.

Pero lo que despierta la máxima preocupación es ¿qué pasa por la mente de aquellos jóvenes franceses y tunecinos -entre tantos otros de todos los rincones de Europa, Asia y África- que se convierten en dispositivos terroristas puestos al servicio de organizaciones fanáticas y despiadadas? ¿Qué clase de vacío ideológico o espiritual puede llenarse tan rápida y fácilmente con el fanatismo religioso más absoluto? Definitivamente, Occidente tiene un problema político, territorial y hasta militar por resolver. Pero tiene otro mucho más grave que parece no advertir, que es interior, profundo e introspectivo y se refiere en esencia a la crisis de sus propios valores. 

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