Montevideo, la ciudad de la marihuana libre

Un policía de aspecto rudo, con chaleco antibalas y ojos curiosos ingresa al grow shop Tierra Viva de la calle Pérez Castellano, a la vuelta de la Capilla de la Caridad, en el casco viejo de Montevideo. Pablo López, propietario de la tienda donde reina el marketing de la marihuana, lo observa con algo de ansiedad y con un poco más de pánico.  Intenta preguntarle un “¿qué se le ofrece?”, “¿busca algo en particular?” pero escoge por el silencio. Observa al observador. El policía se detiene frente a una planta de marihuana que está creciendo en un indoor. La planta está iluminada con rayos azules y colorados, con poca ventilación, de exhibición, como si fuera un monumento a la libertad de opción que consiguieron los uruguayos durante la presidencia del Pepe Mujica. El policía señala al indoor y –al fin- habla. Pregunta.

- ¿Cuánto vale?

Pablo responde. Y respira. Y se ríe mientras recuerda la anécdota que ocurrió hace algunas horas.  “Me va a meter preso”, pensé. “Acá no va a pasar nada, pero uno se persigue”, dice el titular del Tierra Viva, un negocio que vende chucherías, camisetas, encendedores, pipas, alfajores y todo el universo satélite que gira alrededor del cannabis. Tierra Viva es también un desprendimiento de un club de cultivo grupal sin fines de lucro que se formó con uruguayos y extranjeros nacionalizados en donde se paga una matrícula y un pago mensual a cambio de obtener 40 gramos de cannabis por mes.

Montevideo en los ojos no sólo del policía sino en los ojos del mundo. Pero lo nuevo no es novedad para los uruguayos porque quienes ahora plantan ya lo hacían de antes. La regulación llegó para formalizar una práctica instalada en la sociedad. En el Club Tierra Viva apuntan a la variedad, al estilo gourmet, con el fin de ir probando distintos tipos de semillas. “Algunas pueden ser muy ricas pero producen muy poco”, argumenta Pablo quien cobra un plus por hacer el trabajo de jardinería. 

A Tierra Viva ya llegó la segunda inspección en quince días ya que la ley contempla la generación de licencias para la producción y acopio de cannabis. La licencia se otorga a través del IRCA, el Instituto de Regulación del Cannabis. Algunos de los socios que se retiraron del club fue porque no llegaron a interpretar que no se trata de una boca de expendio, sino el espíritu pasa por transitar las distintas etapas de un cultivo grupal. Pablo empezó con el club y luego dio el salto al grow shop, lugar en donde no se vende marihuana y hay que aclararlo siempre, sobre todo a los turistas extranjeros. “Compraba grandes cantidades de todo. Me gustó el rubro. La gente está copada”, dice Pablo. 

“Estoy abasteciendo a 20 personas y no es fácil. Me interesa el club y hace años que lo hago. Toda la gente que planta ahora ya plantaba de antes”, sostiene el propietario del shop canábico. Más allá del furor exportador del cannabis, se estima que entre 200 mil y 350 mil uruguayos consumen cannabis, según la  Asociación de Estudios del Cannabis del Uruguay y hay 250 farmacias que entrarán en una red de distribución. Tierra Viva no es el único grow shop, son 30 los que operan en Uruguay. Y la tendencia va en ascenso desde el 8 de agosto de 2012, el día histórico donde el Poder Ejecutivo envió al parlamento uruguayo el proyecto de ley Marihuana y sus derivados. Control y regulación del Estado de la importación, producción, adquisición, almacenamiento, comercialización y distribución, cuyo objetivo principal fue “mejorar la convivencia ciudadana”. La Ley 19.172 regula la producción, el mercado y el consumo de cannabis pero también pone el acento en la información, la educación y la prevención sobre un consumo en exceso. 

Fin de la entrevista. Le preguntamos a Pablo si podemos tomar fotos. Sí, claro, saquen las fotos que quieran y se acerca para posar con una enorme pipa. En Tierra Viva no hay metáforas ni mensajes encriptados tan típicos de las canciones roqueras de los ’70. La explícita defensa del porro es más que un símbolo. Pablo posa, click, foto y se pone a sacar cuentas con una calculadora en el off the record. 

Una camiseta vale 20 dólares.  El campo de cultivo no es un territorio en las afueras de Montevideo sino es una azotea de cien 100 metros cuadrados. Si las condiciones climáticas no lo favorecen 50 metros se transforman en indoor. El valor del gramo es de 60 pesos uruguayos, algo así como dos dólares. Actualmente, el jardinero, paga 460 dólares de energía eléctrica,  400 de alquiler e invierte otros 400 en los productos que compra para el cultivo. “Yo pongo plata de mi plata”. No es un negocio rentable, piensa. Es que participar en un club de marihuana no es –definitivamente- un negocio.   

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