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La pregunta del verano: ¿está más fuerte el sol?

La temporada de calor siempre renueva la obsesión por el color de la piel y la preocupación por sus cuidados. Pero, ¿qué pasa cuando aparecen manchas? ¿El sol ya no es el mismo de antes? 
 

Empieza el verano y todos quieren llegar a fin de año con un bronceado perfecto. No queda otra que echarse al sol en períodos intensivos para elaborar un tono caribeño envidiable. Pero, cuidado, no hay que subestimar el efecto de los rayos ultravioletas en la piel. Además de los “flechazos” y las quemaduras que tanto incomodan, las manchas son otra consecuencia indeseable de la exposición irresponsable al sol.

En lo que va de estos meses de calor intensivo, la preocupación por el cuidado de la piel parece ser mayor a otros años. Algunos aseguran quemarse en menos tiempo que antes. Otros deciden cambiar el protector 15 o 30 por uno superior, los padres buscan sombra para los más chicos, la alarma por la aparición de manchas o despigmentaciones en algunas zonas del cuerpo crece. Y con razón, porque el sol no da ningún tipo de tregua.

De a poco. ¿Cuánto hay de cierto en eso de que “ahora el sol quema más”? Rubén Piacentini, director del Grupo Solar del Instituto de Física de Rosario (Conicet), explica el trasfondo científico de estos dichos populares: “Hay algunos datos que indican que efectivamente la reducción de la capa de ozono se ha incrementado en ciertas zonas de la tierra, sobre todo en nuestras latitudes medias. Al reducirse la capa de ozono que es la que protege de la radiación ultravioleta, se ha incrementado en algunos por cientos la intensidad de la misma”. 

Entonces, aunque se sienta más fuerte, en realidad no es el sol, sino la capa de ozono lo que cambió en estas décadas. Piacentini aclara esta cuestión: “En realidad, el sol tiene un ciclo de cambios de un orden de once años, el famoso ciclo undecimal. Pero esto viene desde el pasado y registra cambios pequeños en las radiaciones ultravioletas, del orden del 1% o 2%”. Efectivamente, el aumento de la intensidad no es culpa del pobre sol, sino del “escudo” terrestre que está dañado”.

Ahora bien. ¿Por qué algunas personas son más sensibles que otras a los efectos de los rayos UV? La dermatóloga Clara Bernardini, explica: “Los dermatólogos clasificamos los tipos de piel en diferentes fototipos cutáneos. Cuánto más bajo el fototipo, quiere decir que la piel tiene una respuesta al sol diferente en el sentido de que es más sensible. Una persona rubia, de ojos celestes, o colorada, va a ser un fototipo cutáneo 1, va a tener la piel muy blanca y va a ser muy poca la defensa frente a la radiación ultravioleta”. Ahí tienen: rubios y colorados, precauciones extra.

Además de las quemaduras rojizas que reemplazan el bronceado, existe la posibilidad de la aparición de manchas o despigmentaciones. ¿Por qué aparecen? Según la Dra. Bernardini, los factores son múltiples y tienen que ver, ante todo, con el fototipo de cada persona. Pero también hay otras cuestiones que intervienen: por ejemplo, las hormonas. Las mujeres embarazadas o con algún desequilibrio hormonal son más propensas a mancharse.

Lo más importante: ¿qué hacer ante la aparición de una mancha? “Consultar a un dermatólogo, siempre”, insiste Bernardini. Nada de ponerse la crema que le recetaron a la prima ni consultar en Google o Yahoo Answers: turno con un especialista, para quedarse tranquilos. 

Hay que cuidarse, no queda otra y no hay excusa. ¿Cómo? Ninguna ciencia, las viejas y queridas recomendaciones: respetar los horarios de exposición al sol (evitarla entre las 10 y las 16) y utilizar siempre filtro solar o la vestimenta adecuada (sombreros, ropa liviana que cubra los hombros). Ojo, no da lo mismo cualquier protector: “Con respecto a los filtros solares, es importante saber, como término general, que tiene que usarse una protección solar con un filtro de 30 para arriba. Pero también es muy importante de qué marca. Por eso es importante también antes de comprar estos productos, consultar a un dermatólogo”, advierte Bernardini. Ya saben, entonces: antes del comienzo del verano, hacer una visita al dermatólogo. 

También es importante chequear los envases y comprobar que los protectores sean eficientes frente a la radiación ultravioleta A y B. ¿Qué es esto? Piacentini explica: “La radiación UV se subvidide en radiación ultravioleta A, que es la más cercana a la visible, y produce efectos en la piel, según los dermatólogos, en cuanto al problema del colágeno y el envejecimiento. Y algún efecto relativo al cáncer de piel, pero mucho menos, porque es responsable del 15%. Del 85% es responsable la radiación UV B”. 

Una recomendación más: “Hay que cuidarse siempre, no solamente para ir a la playa o a la pileta. Cuando uno sale a la calle, ese sol que recibe, de ir a hacer las compras, de ir y venir, también es nocivo”. Agregar a la rutina de la mañana, al bolso o a la cartera: protector solar. 
 


Un tema aparte es el de los niños: madres y padres se preocupan por cuidar la piel de los más pequeños. Bernardini es categórica sobre esta cuestión: “Con los niños, hay que saber que los menores de seis meses no pueden usar filtro solar. A ellos, los más chiquitos, que tienen una piel muy muy delicada, hay que cuidarlos muchísimos del sol. Incluso estando a la sombra, porque las superficies que refractan los rayos UV, como la arena o el agua, también pueden quemar. Después de los seis meses ya se pueden empezar a usar cremas o filtros solares, y hay específicos para chicos. Hay que tener en cuenta que las quemaduras que se dan en la primera infancia son las peores, las más peligrosas, y en un futuro van a traer consecuencias”. 

Entre tanto incremento en la necesidad de protegerse del sol, hay una buena noticia: “Desde la Comisión Internacional del Ozono, en 2006 dijimos que se había detenido la destrucción de la capa de Ozono y hay expectativas de que en las próximas décadas se vaya recuperando”. Con suerte, en el futuro, la radiación ultravioleta le dará un poco más de tregua a la piel de todos. 

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