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El furor de las bicisendas financieras

Una explicación didáctica acerca del regreso de la bicicleta financiera, la trampa que los buitres de la especulación le tendieron al país a lo largo de la historia cada vez que un gobierno les hizo un guiño favorable. En qué consiste la tramoya

Una de las obras de infraestructura urbana más conocidas de la gestión de Macri como Jefe de Gobierno porteño fue la construcción de las bicisendas. El escaso avance en los kilómetros de subterráneos y en cualquier tipo de mejora del sistema de transporte público, tuvo como contracara los 150 kilómetros de pequeños carriles para el uso de un deportivo medio de transporte: la bicicleta.

Ahora, como Presidente de la Nación, puso a su equipo económico a reconstruir otro tipo de bicisendas -que habían quedado en desuso-, las bicisendas financieras: carril exclusivo para el uso de la bicicleta financiera, deporte preferido del capital especulativo internacional.

Se practicó durante la gestión económica de Martínez de Hoz y durante la gestión económica de Domingo Cavallo, siempre con el mismo resultado: crísis económica y de endeudamiento para el conjunto de los argentinos, ganancias extraordinarias para el capital especulativo.

El mecanismo consiste en ingresar capitales -bajo la forma de divisas- que son cambiados por pesos a un tipo de cambio “alto”. Inmediatamente se depositan a tasas de interés que están por encima del ritmo devaluatorio. Al vencimiento del depósito, la cantidad de pesos retirada permite comprar una cantidad de dólares mayor a la que se cambió inicialmente. 

De este modo, se produce el incremento -“la valorización”, le llamamos los economistas- del capital especulativo.

Mientras dure la fiesta -financiera-, el país ve ingresar una cantidad importante de divisas y hasta puede vivir una primavera: las góndolas se llenan de productos importados y se puede ir a comprar dólares a la esquina o más cerca todavía. Paralelamente, los bienes importados van cerrando puestos de trabajo locales, para que luego, los puestos de trabajo cerrados, vayan cerrando industrias, comercios y otros puestos de trabajo, como un dominó.

En un momento se termina la fiesta y los capitales especulativos se van, no como vinieron, sino incrementados. Hay que pagar la diferencia. La caída de la actividad económica permite incrementar los saldos de divisas provenientes del comercio exterior, para financiar una parte de la cuenta. La otra parte, la mayor, se cubre con endeudamiento externo.

Lo que queda, ya lo vimos otras veces: un país nuevamente sometido políticamente por el endeudamiento externo y una población desbordada por el desempleo, la pobreza y el hambre.

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