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El cine, fuente de trabajo: cuando grabar es sinónimo de empleo y consumo

En 2015 se grabaron en forma simultánea tres series de televisión en Rosario con fondos del Incaa, algo inédito para la industria local. Los más de 7 millones de pesos recibidos se gastaron íntegramente en la ciudad entre sueldos, equipos, alquileres, viáticos y demás gastos. “Hay que poner la lupa también en la cuestión materialista. El cine produce fuentes de trabajo”, señala el realizador Pablo Romano   

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El ejemplo es concreto. La anécdota sale de la boca de Pablo Romano, uno de los documentalistas con más trayectoria profesional en el sector audiovisual de Rosario. Un proyecto financiado, una locación alquilada y un bar escondido que durante meses facturó como nunca antes. “Te puedo asegurar que durante esos meses de grabación ese local no paró de vender, entre desayunos, almuerzos, meriendas y cenas”,  describe el realizador.

Romano, 48 años, es palabra autorizada para hablar del conflicto en puerta en el Incaa por una intervención ya consumada del gobierno nacional --quitó al director de su cargo y a muchos funcionarios claves del instituto-- que augura un panorama negro en el mediano plazo. Para quienes conforman la industria hay “indicios claros” para pensar en una futura desfinanciación con el simple afán de favorecer a las grandes empresas que operan en el mercado de la comunicación.

El documentalista pide poner la lupa en la “discusión de fondo”, en la presión de los grupos concentrados para dejar de pagar el canon millonario con el cual se financia el 60% del Incaa, en militar en pos de una “voluntad pedagógica” para que la opinión pública entienda que este organismo es autárquico y se autofinancia, en derribar el mito instalado en el imaginario colectivo que “nadie ve el cine argentino” y en entender que el cine de calidad se logra “produciendo y produciendo”.  

Pero, a su juicio, también hay que dar una discusión desde el “plano materialista”. “No es solamente una película, una serie o un documental. Es mucho más que eso. Son fuentes de trabajo y son millones de pesos que se gastan en la ciudades”, explica sobre este “lado B” que solamente conocen quienes trabajan en la industria.

En 2015, por dar un ejemplo, se filmaron tres series simultáneas en Rosario, una “realidad impensada” que fue posible gracias a la federalización de los recursos del Incaa: “Pájaros Negros”; de Jésica Aran, “El Censo”, de Elena Guillén y Romano; y Balas Perdidas de Hugo Grosso.

Terminamos a los tiros!!! Fin de Rodaje. Gracias infinitas a todos, actores, técnicos, proveedores, amigos y familia

Posted by Pájaros Negros on jueves, 19 de noviembre de 2015

“En total, en los últimos años, fueron siete series locales que se grabaron en la ciudad gracias a una apuesta consolidada hacia las producciones del interior, explica Romano. En la actualidad una de esas producciones, “La redonda”, de Alfonso Gastiaburo, una miniserie de 8 capítulos ganadora del concurso  “Series de ficciones federales INCAA/TDA” se transmite por la señal santafesina 5rtv.

El presupuesto total de las tres grabaciones de 2015 superó los siete millones de pesos. El dinero, según explica Romano, se gastó todo en la ciudad. “Los trabajadores fueron todos de acá, se alquilaron equipos, locaciones, transporte y cientos de erogaciones diarias que fueron a parar a distintos rubros de la ciudad. Estamos hablando de mucho trabajo directo e indirecto”, detalla el cineasta.

Y agrega: “Recuerdo que estábamos preocupados porque no sabíamos si iba a alcanzar las luces que había en la ciudad para abastecer todas las producciones, lo que nos dio una pauta de la magnitud de lo que estábamos haciendo”.

Balas Perdidas, una de las series rosarinas financiadas por el Incaa

Romano grabó su primer documental en 1993 con fondos privados de la Fundación Antorchas de Buenos Aires, que en su día repartía dinero para el arte y las ciencias. Su primera experiencia con el Incaa fue tres años más tarde, en 1996, cuando el instituto estaba intervenido por el ministro de Economía Domingo Cavallo.

Ganó un concurso para filmar un proyecto pero la financiación la recibió dos años más tarde por “problemas presupuestarios”.  “Recuerdo reunirme con un funcionario nacional para pedirle el dinero. Le preguntaba cómo no me podían dar 35 mil pesos si en el festival de Mar del Plata gastaban 16 millones”. La respuesta era siempre la misma: “Pibe, esa es plata de otra partida”.

Romano y toda la comunidad del cine pide a gritos no volver a esos años.

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