El amor en los tiempos de Whatsapp: las reglas 2.0

Los códigos para vincularse afectivamente parecen haberse reacomodado a los nuevos espacios y tiempos de la digitalidad. En el medio, ¿qué pasa con las emociones?

Una chica vuelca sus pensamientos sobre las relaciones afectivas en su muro de Facebook, como hacen casi todas las personas del mundo sin mayores repercusiones. Pero las palabras de esta autora anónima (que tiene nombre y apellido pero cuya identidad queda difusa en las capas superpuestas de virtualidad) son compartidas más de 20 mil veces en pocas semanas, acompañadas de todo tipo de mensajes de acuerdo y apoyo. Hay algo ahí que, claramente, hace ruido, que implica, que atraviesa.

La publicación en cuestión reflexiona de manera crítica sobre las relaciones modernas, sobre ciertas pautas implícitas que ordenan las formas en que habría que encarar los intercambios hoy en día: no mostrar demasiado interés, tardar en contestar los mensajes, esperar que sea el otro quien escriba primero, no demostrar vulnerabilidad ni mucho menos sentimientos. El “ganador” es el que menos pone en juego. Cansada de esta situación, la joven incita muy coloquialmente a dejar atrás el miedo a sentir, cortar con la aparentemente obligada histeria, “dejarse de joder” y “correr a besarse”.

 

Tengo preguntas. Muchas preguntas. Pero hay algo que gira en mi cabeza, esta cabeza que porta cuestiones reflexivas y...

Posted by Camila Suarez Soto on jueves, 28 de enero de 2016

¿Existen unas reglas tácitas que hay que cumplir al momento de comunicarse afectivamente? ¿De dónde salieron? ¿Cuál es el costo de no acatarlas? ¿Se puede culpar a la nuevas tecnologías? Especialistas en el tema y “victimas” de esta forma de vincularse intentan acercar algunas respuestas.

La psicóloga Alicia Gallegos da su visión sobre el tema: “Hoy asistimos, en todos los ámbitos de la vida pero también en el amor, a una vida muy organizada. No es lo mismo organizar los afectos de acuerdo a las pautas culturales que reinventarse constantemente y crear y ser generoso en el amor. ¿Dar qué significa? Me doy al otro, me suelto y me arriesgo a que me pase lo que me pase, a riesgo de que la relación se termine. Pero ahí hay una dificultad en cuanto a que los afectos tienen que ver con un mundo más incierto, y hoy lo que se busca es un mundo seguro”. Ir por lo seguro, casi un instinto humano. Parece que hoy el mundo está lleno de miedosos.

Sofia, de 29 años, parece seguir un poco este camino. “Creo firmemente que lo más importante es saber qué quiere uno. Eso viene de un laburo que hay que elaborar con uno mismo... conocerse. En mi caso siempre prioricé el decir y poco me importaba quedar como enamorada, intensa o lo que sea. ¿Para qué guardar algo en mí si hay un otro que lo genero? Seamos sinceros con nosotros mismos que es lo más importante”. Ella es partidaria de guiarse a partir del propio deseo y no de unas “reglas del juego” impuestas desde afuera.

No es la única. Muchas personas consultadas prefieren “cortar con la histeria” e ir al frente, pero igual acatan las reglas por miedo a que no cumplirlas implique perderse una posibilidad con alguien. Ser demasiado claro arruinaría un poco el juego de seducción. Irene observa, con mucha astucia: “No puedo ignorar un pensamiento pesimista-freudiano: aparentemente uno desea lo que no tiene, Siempre. O cuanto más lo tiene menos lo desea. Y he ahí el síndrome del juguete nuevo y los amores. Entonces mandar un ‘Te extraño’ es regalarse, es develar ese misterio aparentemente atractivo”.

Para Rocío, fue al revés: quiso seguir las reglas y casi se pierde el amor por eso. “Hoy en día estoy súper feliz en una relación que empezó gracias a un mensaje que mandé el día siguiente a una fiesta”. Los mandatos, claro, indicarían que habría tenido que esperar más tiempo o esperar que el muchacho le escriba. “Quien ahora es mi novio me había sacado a bailar tres veces y yo por diferentes razones no podía decirle que sí (y quería). Al día siguiente, gracias a una amiga que piensa que lo de no mandar mensajes es machismo puro, me animé y le mande un mensaje que decía ‘me quedé con ganas de bailar con vos’. Hasta el día de hoy, él me dice que si no hubiese sido por eso no hubiese intentado nada conmigo, porque esa noche no le di bola”.

¿Qué pasa con los roles de género en la configuración de estos mandatos? La amiga de Rocío dijo que aguantarse el mensaje era “machismo puro”. En este sentido, el avance feminista y la lenta pero segura reorganización de los mandatos de género, implosionó un poco los famosos códigos. Ana, de 30 años y recientemente soltera, analiza: “Esto, creo, descoloca a los jóvenes de ahora, que no saben cómo actuar al ver que las mujeres se animan más a mostrarse seguras de sí mismas. Los inhibe, reconfigura el rol del hombre y el de la mujer, que está sin definiciones claras. Sin reglas, y ante la incertidumbre, quizás todos prefieren recluirse, especular con el ‘deber’ comportarse de tal o cual manera, en vez de simplemente actuar como hubiesen querido”.

Otro punto clave en debate es estar todo el tiempo controlando las imágenes que se ofrecen al otro, el miedo a mostrar algún costado negativo. En este sentido, el psicoanalista Álvaro Labarrere, opina e ilustra: “Creo que en cualquier relación humana, quitando tecnologías, hay un artificio necesario, una imagen que se proyecta de uno y que se recibe del otro. Pero sí creo que la tecnología permite un plus de desimplicación, de tomar distancia y de comprometerse menos. Se juega menos, se arriesga menos, pero obtiene menos también”.

Paula, desde su propia experiencia, también formula un análisis interesante: “Yo creo que vivimos en un teléfono descompuesto en el que se intenta descifrar todo el tiempo ‘Si me quiso decir esto’ o ‘Si me quiso decir aquello’. Cuando se deja de lado un poco eso y se empieza a ser más sincero con uno mismo y con el otro, es cuando se forman relaciones más sinceras. Todo el tiempo se piensa qué va a opinar el otro, en lugar de pensar qué tengo ganas realmente de hacer yo y expresarlo. Totalmente creo que es miedo a ser rechazado, pero por otro lado, creo que la cobardía no lleva a ningún lado”.

Noelia amplia el punto de vista, ubica su mirada desde un nivel más macro: “Somos socializadxs en una sociedad en que aparecer como sujetxs deseantes está mal visto. Encontrar el deseo, enunciar el deseo, hacerse cargo de que eso está ahí, puede llegar a ser terrible. E implica años de análisis. Nadie nos propone buscarnos. Nadie te explica cuando sos chica que lo más importante es mirar para adentro, conectar con las ganas y desde ahí armar puentes. Vivimos en un mundo en el que gana quien ya tiene, no quien quiere. Porque mirá si nos cebamos, empezamos a quererlo todo, se nos va la mano y estallamos este mundo. El deseo es peligroso, y el sujeto deseante aún más. Y quien deja ver las ganas se vuelve automáticamente vulnerable”. 

Las opiniones, las sensaciones, las visiones y los pensamientos se multiplican. El tema aparece como apasionante, complejo, inabarcable. Todos y todas quieren opinar porque se ven igualmente atravesados: las relaciones humanas y afectivas son algo a lo que nadie (o muy pocos) escapa. Sin embargo, parece haber cierto consenso: las “reglas” existen, están, se imponen, limitan, pero también molestan. Pero cada vez son más los que parecen interesados en hacerle un poco de caso a la muchacha del posteo y, con algunas salvedades, “correr a besarse”.

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