Brexit: ¿Se va Gran Bretaña de la Unión Europea?

El 23 de junio se celebrará en Gran Bretaña un referéndum para determinar si el país abandona o no la Unión Europea. ¿Cuáles serían las consecuencias?

Brexit -British exit- es la abreviatura que se popularizó para referirse a la eventual salida británica de la Unión Europea (UE), el bloque de integración regional más importante del que se tenga registro y que históricamente actuó como modelo para la construcción de otros bloques regionales de cooperación e integración en todo el mundo, incluido el MERCOSUR. Como antecedente, hay que mencionar que en 1975 se celebró un referéndum sobre la permanencia del país en la Comunidad Económica Europea, precursora de la UE, con resultado favorable a la permanencia.

El Reino Unido siempre tuvo una visión particular de la UE que suele ser interpretada en el continente desde una perspectiva centrada en los intereses económicos. Pero si bien es cierto que para los británicos la UE es principalmente una alianza con fines comerciales y las ventajas económicas son un elemento de seducción para la permanencia en el bloque, hay cuestiones políticas de peso en el medio. La UE supuso en buena medida un nuevo orden europeo desde el momento en que los dos viejos rivales continentales -Francia y Alemania- dejaron la guerra de lado como forma habitual de resolver sus disputas para convertirse en aliados. El Reino Unido, habituado a un rol de árbitro de las disputas continentales pasó a sumarse al bloque regional desde un lugar más expectante que protagónico. Los británicos tampoco concluyeron nunca por acostumbrarse a ser una potencia de segundo orden tras la Segunda Guerra Mundial y, desde entonces, intentan conservar cuotas de protagonismo. La pertenencia a la UE significó en alguna medida un contrapeso político que le permitió a Gran Bretaña no convertirse del todo en un “furgón de cola” del tren estadounidense durante el bipolarismo con la Unión Soviética. Pero el mundo ha cambiado mucho en los últimos años.

¿Por qué salir de la Unión Europea?

Porque la reciente crisis del euro -recuérdese especialmente la crisis griega- y la mayor integración forzosa que de ella se ha derivado provocan sentimientos contrapuestos en el Reino Unido. El gobierno británico percibe que perdió capacidad de influencia en las decisiones comunitarias. Principalmente en aquellas con un impacto directo sobre el sector financiero, principal motor de su economía. Dicho sector representa un 7,9 por ciento del PBI en el Reino Unido frente al 5,5 que representa en promedio para la UE. Y Londres sigue siendo uno de los centros financieros más importantes del planeta.

Conservar la Libra Esterlina como moneda y, por ende, mantenerse fuera de la zona euro, le permitió al Reino Unido actuar con mayor rapidez y flexibilidad frente a la crisis económica de los países industrializados y su recuperación económica fue más veloz que en el resto de la UE. Ese argumento es utilizado para reivindicar las políticas aplicadas de ajuste presupuestario y de flexibilidad laboral (o precariedad laboral, según desde donde se mire).

El creciente flujo migratorio hacia Europa procedente desde Asia y África especialmente, impactó aumentando la oferta de trabajo y, por lo tanto, contribuyó a la disminución de los salarios, facilitada por las medidas de flexibilidad del mercado laboral. El Reino Unido es del grupo de los 7 países más industrializados del planeta (G-7) aquel donde más disminuyeron los salarios reales desde el inicio de la crisis. En consecuencia, a la fecha los salarios apenas se han recuperado y la infraestructura del país muestra un desgaste lógico tras el aumento de población que supone la inmigración y los recortes presupuestarios. En definitiva, los beneficios de la recuperación económica no se sienten en amplios sectores de la sociedad.

Todo lo expresado, terminó por convertir a la inmigración en un tema clave del debate político británico. Algunos grupos políticos extremistas como el Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), aumentó notoriamente su número de votantes mediante un discurso xenófobo que responsabiliza a los inmigrantes de la pérdida de poder adquisitivo y de bienestar social. Este partido, caracterizado por su euroexcepticismo, no ha hecho más que crecer en los últimos años. Obtuvo el tercer lugar en el Reino Unido en las elecciones europeas de 2004, el segundo en las de 2009 y el primero en las de 2014. Esos comicios fueron los primeros desde 1906 en los que el partido más votado no fue ni el Partido Conservador ni el Partido Laborista.

Es por estos motivos que la libertad de movimiento de los trabajadores en el territorio de la UE se convirtió en un punto de fricción con los británicos, forzando al primer ministro conservador David Cameron a revisar y redefinir la relación de su país con el bloque regional y someter los términos de la negociación a un posterior referéndum.

Las negociaciones y las posibles consecuencias de una salida británica

Las tratativas entre el gobierno del Reino Unido y el Consejo Europeo apuntaron a un acuerdo con cuatro objetivos que los británicos pretendían conseguir: redefinir el balance de poder entre los países de la zona euro y los que están fuera de ella, terminar con las aspiraciones de la UE de alcanzar una mayor integración política, impulsar medidas económicas de ajuste fiscal, y limitar los beneficios sociales a los inmigrantes. Cameron consiguió practicamente todo lo que se propuso. Acordó con el Consejo Europeo que su gobierno podrá discriminar a los trabajadores en función de su pasaporte para limitar la inmigración. Sólo se brindarán beneficios sociales a los inmigrantes tras siete años de residencia. El pacto social europeo por el cual todos los ciudadanos de la UE eran iguales, ya no existe.

La postura del gobierno británico es, a partir del logro de sus objetivos, la de proponer la continuidad de Gran Bretaña en una UE que le permite -más que a cualquier otro país del bloque- un estatus excepcional, conforme a sus expectativas.

Pero el éxito de David Cameron en las negociaciones no es el único factor a tener en cuenta a la espera del referéndum de junio. Los últimos sondeos de opinión coinciden en que la votación se decidirá a favor de la permanencia en la UE, aunque por un ajustado margen. Habrá que prestar especial atención al devenir de la economía europea y al tratamiento que hagan los medios de comunicación sobre el tema de la inmigración para definir el resultado final del referéndum.

Si triunfa la opción de la permanencia, el Reino Unido saldrá fortalecido ante el bloque regional y ante el mundo. La UE seguirá siendo viable pero con condicionamientos muy claros respecto de la integración política. Dicho de otro modo, será mucho más “unión económica” que “unión europea”.

Si triunfara la opción de abandonar la UE -el Brexit- los efectos económicos y políticos se sentirían en todo el bloque y también fuera de él. Independientemente de la incertidumbre que podría generarse en el devenir de la economía, teniendo en cuenta que la UE es el bloque comercial más grande del mundo, la magnitud de los efectos a largo plazo dependería de cómo el Reino Unido y la UE configurasen sus futuras relaciones.

Un eventual Brexit afectaría la composición de la UE con la pérdida de un contribuyente neto con relevancia en la escena mundial. Afectaría al comercio, la inversión directa extranjera y los flujos migratorios dentro de la UE, así como la estabilidad política de ambas partes. Y es sabido que los mayores conflictos globales en el último siglo fueron producto principalmente de la inestabilidad política europea. También tendría efectos sobre los mercados financieros europeos y globales.

Pero quizás la consecuencia más importante de que el Reino Unido abandonara la UE, sería el precedente político y económico que dejaría. Otros países podrían verse tentados de seguir su ejemplo. En Latinoamérica, podría haber gobiernos que en vez de avanzar sobre la determinación política en los procesos de cooperación e integración regional, caerían en la tentación de una determinación meramente económica de dichos procesos.

No es bueno que ni en el Reino Unido, ni en la UE, ni en ninguna parte del planeta se olvide que la conducción de los asuntos económicos es política.

COMENTARIOS

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**http://www.rosarioplus.com/ennoticias/Tapas-19.10.17-20171019-0003.html**

Tapas 19.10.17

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