​Adiós al cepo cambiario, adiós a una parte de nuestro salario

El ministro de Hacienda y Finanzas Alfonso Prat Gay anunció este miércoles la eliminación del cepo cambiario. Suena bonito. Fin del cepo, fin de una restricción, de una prohibición, el fin de algo malo. Una cosa más para festejar.

Nada dicen quienes replican el anuncio que la liberalización del mercado cambiario trae aparejada una de las devaluaciones más grandes de la historia económica de nuestro país. Menos dicen sobre los efectos inflacionarios que esta devaluación trae consigo.

En los dos primeros meses del año 2014 se produjo una devaluación del 24%, esto trajo aparejado un incremento del índice de precios del 10% en ese entonces. 

La devaluación esperada en este caso es mucho mayor, la mayoría de los economistas habla de un dólar que pasaría de casi $10 a $14. Tendríamos entonces, una devaluación superior al 40%. Los efectos sobre los precios, son inestimables, pero una serie de factores podrían actuar como aceleradores de traslados inflacionarios en los distintos eslabonamientos productivos y comerciales: 

  • En el año 2014 la devaluación tuvo lugar en un contexto de fuerte presión del equipo económico sobre los grandes formadores de precios. Esta nueva devaluación se produce con un gobierno nuevo, con muchos funcionarios que recién están entrando en contacto con el mundo real de la administración pública (independientemente de sus intenciones) y con un sector empresario fortalecido y sediento por incrementar rápidamente sus niveles de rentabilidad.
  • La devaluación se produce en simultáneo con la quita de retenciones, medida que por sí sola tiene un fuerte impacto inflacionario al incrementar los precios internos de productos de consumo directo (aceites, carnes, pan) o indirecto (cereales para alimentación de ganado avícola, bovino y porcino), impactando en los precios de estas carnes, los lácteos y huevos).
  • Los anuncios de eliminación de subsidios a la energía eléctrica y al gas, también repercutirán en el bolsillo de los consumidores y sus efectos se suman a los propios de la devaluación.

En síntesis, el fin del cepo suena lindo. Las consecuencias no. Todos vamos a ser libres de comprar dólares sin necesidad de acreditar una necesidad real de esta moneda. Pero nuestros salarios van a valer mucho menos.

Todas las devaluaciones de la historia económica del país sirvieron para reducir los salarios de los trabajadores. La gestión económica de Cambiemos está cumpliendo el rol para el que fue designada: garantizar una elevada rentabilidad para las grandes empresas. El fin del “cepo” cumple un objetivo extra al permitir que estas grandes empresas y sus dueños o accionistas y gerentes puedan dolarizar sus ganancias y remitirlas al exterior.

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