El drama de no tener gas: "Es como vivir en un camping"

Mientras 8 mil usuarios esperan una solución por la falta de gas en las nuevas construcciones del centro y el norte de la ciudad, hay cientos de rosarinos que padecen el mismo problema por la detección de alguna fuga o la solicitud de los consorcios para realizar alguna refacción en redes que empiezan a quedar obsoletas. Relatos en primera persona de un silencioso calvario que trastoca hábitos y rutinas

A simple vista son inmensas y modernas torres a las que uno se mudaría gustoso de tener la posibilidad. Pero el caparazón engaña. A muchos de los nuevos edificios que tapan el cielo de Rosario les falta un servicio básico y esencial: el gas. Este martes, Rosarioplus.com dio cuenta que hay 8 mil usuarios que esperan por obras que no llegan para poder estrenar sus viviendas. La problemática se extiende también a las viejas construcciones. En la actualidad, hay alrededor de 50 edificios que no tienen gas, ya sea por la detección de una fuga o por la solicitud de los consorcios para refaccionar o cambiar la red.

Los primeros damnificados, los usuarios que no tienen un final de obra por la falta de gas, protestan por un problema que nadie les anticipó.  La resolución del conflicto es aún incierta. La Municipalidad inició gestiones con el gobierno nacional para reflotar el plan de inversión acordado con el anterior poder Ejecutivo. En marzo del 2015, se había acordado un financiamiento de 80 millones de pesos para extender la red, una tarea de la que se desligó Litoral Gas al no tener la potestad de aumentar las tarifas. El dinero jamás llegó, por lo que las obras nunca se hicieron.

La falta de inversión y los controles más estrictos perjudican a miles de usuarios

Los otros perjudicados, quienes de un día para otro se encontraron con el gas cortado en sus departamentos, puedan dar fe de lo "terrible" que es no poder bañarse, cocinar o encender una estufa para calentar el hogar. Al trastorno de la rutina, se le suman gastos que no estaban planeados: los arreglos estructurales del edificio, la compra de artefactos eléctricos y una factura de luz con varios ceros.

"Dormíamos con guantes y camperas"

Karen recuerda que fueron 7 meses "espantosos". La pesadilla comenzó a los pocos días de la tragedia de calle Salta. Algunos vecinos de su edifico, ubicado en Cochabamba 45, se comunicaron con Litoral Gas alertando posibles fugas. Los operarios llegaron, comprobaron "fallas estructurales" y cortaron el gas. "Hay que hacer algunas obras, pero en un mes esto está resuelto", les dijeron. 

El consorcio juntó plata y le pagó 30 mil pesos a un gasista matriculado para que haga los trabajos necesarios para restablecer el servicio. El hombre no cumplió con el trato. Hizo su tarea a medias y se marchó sin avisar. Los propietarios volvieron a sacar plata de sus bolsillos para encarar una nueva obra. 

En el interín, Karen, su marido y sus dos pequeños hijos pergeñaron estrategias de supervivencia. Dormían con guantes, medias, pantalones y camperas en el afán de torcerle el brazo al frío. Se higienizaban y se bañaban en el club del barrio. "Todos estábamos congelados. Pienso en aquellos meses y se me ponen los pelos de punta. Hoy no podría volver a pasar por esa situación, yo creo que me mudaría", afirma.

Karen no tuvo más remedio que improvisar una "casa eléctrica". Compró un horno, un calefón, estufas, pava y hasta hornallas nuevas. Todo eléctrico. "Nos gastamos un dineral. Y lo peor fue cuando llegó la primera factura de luz. Un mes llegamos a pagar 2000 pesos", asegura.

"Con estos aumentos en las facturas, no me quiero imaginar lo que va a pagar quienes hoy sufren este mismo problema. Uno no toma magnitud de lo difícil que es vivir sin un servicio básico hasta que te pasa. Lo defino como algo terrible", concluye.

Algo tan simple como encender una hornalla, para algunos es una quimera

"Después de 9 meses, decidí mudarme"

La pregunta se la hicieron mil veces. “¿Cómo es vivir sin gas?”, consultaban amigos y familiares cuando el tema aparecía en la conversación. La respuesta de Luciana (29 años) era bien gráfica: "Es como vivir en un camping".

Su pesadilla comenzó en junio del 2014. Una fuga derivó en corte total de gas en su edificio, ubicado en Sarmiento entre Urquiza y Tucumán. Pasaron los meses y Luciana se dio cuenta que la solución no estaba a la vista. En marzo del año pasado, decidió mudarse. Necesitaba su vieja rutina, los hábitos de alguien que sabe que abre una canilla y puede darse una ducha de agua caliente. "Llevaba tres años en ese departamento. Aproveché que se me venció el contrato y me fui. No aguantaba más", detalla. 

La joven recuerda que aprovechaba cada "hueco" de su agenda para resolver aquello "elemental" que no podía hacer en su casa. Comía en lo de su madre, se bañaba en la casa de alguna amiga y pedía refugio los días de frío extremo.   

Luciana también sentencia que no podría volver a pasar por aquel calvario. Cuerpo y mente volvieron a entrar en armonía al entregar la llave de aquel odiado departamento.          
   

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