Cinco opciones en Montevideo para visitar durante el carnaval

Murgas, desfiles, candombe, comparsas. Montevideo celebra el carnaval más largo el mundo. Las raíces que posee la capital uruguaya potencian una fiesta que se extiende desde enero a marzo.  Pero si elegiste viajar, cruzar el Río De la Plata durante nuestro propio carnaval, existen opciones que podés disfrutar en pocos días. Rosarioplus.com te presenta cinco propuestas que no podés dejar de disfrutar, más allá de lo que prometen los folletos turísticos.

Durante los desfiles, del Desfile Inaugural, del Desfile de Llamadas y del  Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas, el finde largo es propicio para armar un plan corto y sacarle todo el jugo a la capital oriental.

Si es cerveza, que sea Patricia

El agua de río mezclada con mar es el sitio ideal para probar la cerveza Patricia. Es una marca uruguaya registrada en 1956. En 1936 nació la cerveza  de la empresa Salus con el nombre de Cerveza Serrana. La bebida se comercializó a partir del año 1950 en dos sabores: clara y negra. Entre sus variedades se destaca Hönig, cerveza rubia elaborada con “la mejor agua de las Sierras de Minas”, según argumentan desde la empresa; lúpulos aromáticos y un toque de miel que le da un sabor levemente dulce.

¡Marche un chivito!

 “Fue una noche complicada; habíamos sufrido un apagón. Cayó una clienta, creo que del norte argentino o chileno, que pidió carne de chivito porque antes de llegar a Punta del Este había pasado por Córdoba, donde la había probado y le había gustado mucho. Como no teníamos le preparamos un pan tostado con manteca, le agregamos una feta de jamón y un churrasquito jugoso. La mujer quedó encantada. Por suerte, salimos del apuro y, sin querer, inventamos el chivito”. Así nace el mito del chivito uruguayo. Creado en los años 1940 por Antonio Carbonaro, propietario del desaparecido restaurante "El Mejillón" de Punta del Este, Carbonaro contó la historia al periodista Marcelo Gallardo del diario El Correo de Punta del Este. Hoy por hoy, un sitio típico es la cadena “La Pasiva”, un verdadero clásico. La cadena de chiviterías se caracteriza también por los súper panchos. Accesible y abundante, existen varios locales en toda la ciudad. Los montevideanos dicen que si viajas a la ciudad y no pasante por una Pasiva, es como si no hubieras estado. Una recomendación, la pizza común no tiene muzzarella: sólo maza con salsa de tomate. Riquísima como entrada.

El bife del mercado

Casonas antiguas, estructuras de hierro, artesanos, artistas callejeros, bares de vermú, restaurantes típicos. El casco viejo de Montevideo es sensato, clásico y sin pose. Los turistas se mezclan con los habitantes de una ciudad que viven el sitio de forma rutinaria, repitiendo rituales. Es un paseo gastronómico y cultural donde no puede faltar un bife y un medio y medio en el Mercado. La parrillada típica se degusta al paso y se lucen  los chinchulines, los chorizos, las morcillas. En algunos sitios también sirven pescado a la parrilla. De entrada, el pan de ajo es un clásico para amenizar la espera del plato principal.

Las torres gemelas uruguayas

“Trabajar en el mejor lugar para vivir”. Una consigna. Un lema que pergeñaron los arquitectos Isidoro Singer, Ernesto Kimelman y David Rubén Flom  para crear el World Trade Center Montevideo, el edilicio empresarial que está ubicado junto a Montevideo Shopping Center en el barrio del Buceo. Un sitio extraño a 8.604 kilómetros de Nueva York.

La casita de Gardel

Un chalet ubicado en las intersecciones de las calles Rimac y Rambla O’ Higgins es un sitio histórico y de un valor afectivo para los argentinos y uruguayos.  Declarado de interés patrimonial por la Intendencia de Montevideo,  la casita es el lugar donde veraneaba Carlos Gardel. Actualmente se encuentra en remodelación, ya que estuvo ocupado por varios años.

La construcción data de principios del siglo XX. El objetivo de las autoridades municipales es revitalizar su reconstrucción, respetando la arquitectura propia. En este chalet, Carlos Gardel,  veraneaba frente al Del Plata a finales de la década de 1920. Frente a la playa Malvín la casa pertenecía a un amigo del zorzal criollo, Francisco Maschio. La Villa Yerúa fue originalmente un "stud", un lugar para el entrenamiento de caballos de carreras en las playas y en la década de 1920 albergó reuniones de personalidades vinculadas a la hípica y al ámbito artístico.

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