sec-corbata

¿Qué tienen que ver el ISIS, las finanzas y el fútbol?

La guerra contra el Estado Islámico -ISIS- avanza en el plano militar pero no parece suceder lo mismo respecto de las fuentes de financiamiento del grupo terrorista

Ya se habla sin pelos en la lengua de “guerra” contra el Estado Islámico -concepto que intentó evitarse por todos los medios- la acción militar continúa limitada a bombardeos tácticos por parte de los Estados Unidos, Rusia, Francia y el Reino Unido, a quienes se le suma el aporte de algunos países de la región en conflicto. En el territorio sin embargo, sólo un puñado de kurdos -a quienes seguramente no se les reconocerá nada- ponen el cuerpo ante los preparados combatientes de ISIS.

Pero hay algo peor, hay una guerra de la cual directamente no se habla -o se habla muy poco- y es la que no se libra adecuadamente contra las finanzas del Estado Islámico.

Las finanzas de ISIS

Autoridades estadounidenses afirmaron haber matado hace pocos días al ministro de Finanzas del Estado Islámico, Muwaffaq Mustafa Mohammed al Karmoush, conocido como Abu Salah. De esa manera -sostienen- se entorpecerá la coordinación y el funcionamiento de sus finanzas.

El ex-ministro de Finanzas del Estado Islámico, Muwaffaq Mustafa Mohammed al Karmoush, conocido como Abu Salah.

Esas finanzas provienen en buena medida de las actividades económicas en los territorios que controla en Irak y Siria. Cobro de peajes a la población local para trasladarse de un lugar a otro, cobro regular de impuestos, extorsión, cobro por protección, expropiación de bienes y saqueo de bancos son solamente algunas de las fuentes financieras de ISIS. También se calcula que la venta de petróleo en el mercado negro le ha generado al Estado Islámico unos 500 millones de dólares en ingresos. La reciente crisis provocada por el derribo de un avión ruso en espacio aéreo turco, dio lugar a que Vladimir Putin señalara a Turquía como uno de los países que compraba petróleo crudo a bajísimo costo a ISIS. Esa es la punta de un ovillo del que muchos temen tirar, porque son varios los supuestos enemigos que están bajo sospecha de hacerle el caldo gordo al negocio del contrabando de petroleo con la organización terrorista.

Se calcula que el Estado Islámico es capaz de generar 2 millones de dólares por día para financiarse a través de los medios ya descriptos. Pero falta algo más.

La “otra” financiación

Distintos investigadores señalan que en realidad, la fuente más importante de financiación del Estado Islámico proviene de diversos países del golfo Pérsico, pero especialmente de Arabia Saudita, Qatar, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos. No desde los Estados concretamente ni a través de canales oficiales, sino a través de las donaciones de hombres acaudalados del mundo islámico que viven en esos países, los cuales, curiosamente, mantienen un poderoso entramado de negocios con los Estados Unidos y Europa. Se trataría de donantes privados que o bien creen verdaderamente en el proyecto ideológico/religioso del Estado Islámico y lo apoyen en la lucha contra sus enemigos, o bien consideran a los gobiernos regulares de Siria e Irak como adversos a sus intereses en la región y están apuntando a su destrucción.

En un contexto global de crecientes controles sobre el origen de los capitales financieros, resulta por lo menos curioso un dato. Arabia Saudita, Qatar, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos son los mismos países desde los cuales hace unos años comenzó a financiarse el fútbol europeo, llegando incluso a venderse clubes completos y hasta provocando el cambio de nombres de estadios y publicidades en las camisetas.

Por poner ejemplos harto conocidos, en España, tanto Real Madrid como Barcelona capitalizan la incursión de petrodólares en el fútbol. Fly Emirates pagó en su momento 150 millones de euros -al menos oficialmente- al Real Madrid por publicitar durante 5 años en su camiseta. Algunos medios deportivos afirmaron inclusive que el objetivo principal del presidente del club, Florentino Pérez Rodríguez, es estrechar los vínculos con los países árabes, porque cuentan con el poder de los petrodólares y el gas licuado, y “pasarán a ser la principal fuente de ingresos del club”.

La camiseta del Barcelona luce el logotipo de Qatar Airways, compañía aérea de bandera señalada por varios servicios de inteligencia como parte de la financiación de grupos yihadistas. Barcelona cuenta además con Qatar Foundation como principal socio comercial con contratos que ascenderían a la cifra oficial de 171 millones de euros durante cinco temporadas. Dicha fundación estaría persiguiendo el objetivo de retirar la cruz cristiana de Sant Jordi del escudo del club.

Estos datos bien podrían cruzarse con el FIFA-gate que tomó estado público en mayo de este año. ¿Por qué una fiscalía de Nueva York, en los Estados Unidos, un país reñido con las tradiciones futbolísticas, es la que investiga la corrupción en el seno de la FIFA? Esa investigación se funda  en otras previas a cargo del FBI referidas a fraude, crimen organizado y lavado de dinero en el máximo organismo del fútbol mundial. Más aún, desde la propia FIFA se admitió que podría anularse el proceso de elección de las sedes de los mundiales de fútbol de 2018 y 2022 -Rusia y Qatar respectivamente- si se comprueba que actos de corrupción influyeron de forma determinante en la decisión final. La elección de Qatar fue la más criticada, al tratarse de un país sin tradición ni infraestructura futbolística.

Cabe preguntarse entonces ¿no actuará el fútbol como ámbito propicio para el lavado de dinero y el desvío de fondos destinados a financiar a organizaciones terroristas y, más concretamente, a ISIS?

Independientemente de las sospechas, que no resultan exageradas, atacar las fuentes de financiamiento de ISIS es esencial no solamente para limitar su capacidad de armarse, sino porque -a diferencia de organizaciones no territoriales como Al Qaeda- el Estado Islámico necesita un flujo de dinero constante y renovable, además de acceso a los mercados internacionales para movilizar fondos e importar bienes. Todo ello para poder hacer frente a los gastos necesarios para controlar el territorio, tal como lo hace cualquier Estado.

Por esos motivos, una verdadera guerra financiera contra ISIS supone dificultar su capacidad para generar ingresos, pero también producirle dificultades para que pueda gastarlos.

La “otra” guerra

Independientemente de la guerra militar y de la guerra financiera contra ISIS, hay una tercera guerra en cierne que deberá librarse y es la ideológica, cuyo resultado es imprevisible.

Por lo pronto, pueden tomarse en cuenta algunos datos. En los Estados Unidos, la islamofobia de Donald Trump preocupa hasta a sus correligionarios del partido Republicano luego de que propusiera impedir el ingreso de musulmanes al país negándoles el visado. Los estadounidenses están asustados ante eventuales ataques.

Donald Trump, el candidato presidencial del partido Republicano.

En Europa la situación no es mucho mejor. Tras los atentados de París, la Alianza Nacional, tradicional partido de extrema derecha que generalmente no superaba el orden del 20 por ciento de los sufragios, triunfó en la primera ronda de las elecciones regionales francesas celebradas hace pocos días y obtuvo en algunos lugares más del 40 por ciento de los votos.

En el ámbito de la Unión Europea (UE), se espera poner en vigencia un proyecto para crear un cuerpo fronterizo que pueda intervenir directamente en el control de fronteras exteriores. El elemento más controvertido del proyecto es que el despliegue de policías con bandera europea podría producirse inclusive con la oposición del Estado miembro al que se destinan. Aunque será necesaria la aprobación por mayoría cualificada en el Consejo Europeo para que el proyecto prospere, la presión ejercida desde Francia y Alemania es muy fuerte.

Independientemente de que estos proyectos en los Estados Unidos y la UE prosperen o no, y más allá de que los sectores de la derecha más retrógrada finalmente alcancen el poder, lo cierto es que el terrorismo en general e ISIS en particular, parecen alcanzar su objetivo de sembrar la paranoia en las sociedades occidentales más desarrolladas. Paranoia muy funcional a los sectores más reaccionarios de esas sociedades.

COMENTARIOS

*Los comentarios que integran esta discusión no representan la opinión de RosarioPlus. Son opiniones personales de los usuarios

Seguí leyendo