La incertidumbre gobierna España

Las últimas elecciones dejaron como saldo un parlamento fragmentado y serias dificultades para formar el nuevo gobierno. La incertidumbre política también contagia a la economía

España enfrenta un escenario político novedoso desde el nacimiento de su democracia a fines de los setenta. Es la primera vez que las elecciones arrojan como resultado un parlamento en el cual parece tan difícil formar gobierno.

Cabe aclarar que el español es un sistema parlamentario de gobierno que poco tiene que ver con el presidencialismo argentino. Para empezar, en un parlamentarismo, el gobierno emana del poder legislativo, es un apéndice de aquel. En un presidencialismo, el poder ejecutivo y el poder legislativo se encuentran tajantemente separados y en delicado equilibrio. Además, el parlamentarismo cuenta con un poder ejecutivo dual, en el cual la jefatura del Estado -con fuerte significado simbólico y de unión del país- recae sobre la figura del rey -Felipe VI- y la jefatura del gobierno, encargada de la administración del país, que recae en el primer ministro o presidente de gobierno como le llaman los españoles, ejercida por Mariano Rajoy.

El actual presidente de gobierno, líder del conservador Partido Popular (PP), aspiraba a la reelección, algo que ya no es seguro, teniendo en cuenta que su partido, pese a ser el más votado, obtuvo un magro 28 por ciento de los sufragios. El resto de los votos se repartió entre otros partidos políticos, especialmente entre tres: el tradicional Partidos Socialista Obrero Español (PSOE), y las nuevas agrupaciones políticas Podemos y Ciudadanos. La joven formación de izquierda Podemos, fue la que irrumpió con mayor fuerza, complicando la estrategia bipartidista de los tradicionales PP y PSOE.

¿Qué se necesita para formar gobierno?

El parlamento español cuenta con 350 legisladores. Para poder formar gobierno de manera inmediata, es decir, para designar al presidente de gobierno y sus ministros del gabinete, un partido político o una coalición de partidos debe contar con la mitad más una de las bancas, o sea, 176.

El partido del actual presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, obtuvo 123 escaños, quedando su partido bastante lejos de la mayoría de 176 necesaria para gobernar. El PSOE obtuvo 90 bancas, Podemos obtuvo 69 y Ciudadanos se quedó con 40. El resto se distribuyó entre agrupaciones menores, algunas que representan a sectores nacionalistas y otras de izquierda.

Lo cierto es que Rajoy pensaba desde antes de las elecciones en una eventual alianza ocasional con Ciudadanos, formación con la que su partido no mantiene una diferencia ideológica muy grande, pero ni siquiera sumando los escaños de uno y otro sector alcanzan los 176.

¿Qué pasó?

Los cuatro años de gobierno del PP estuvieron marcados por la crisis económica, los recortes presupuestarios -léase ajuste- las protestas ciudadanas, los casos de corrupción y la tensión entre el gobierno central y las intenciones separatistas de los catalanes. En 2011 el PP obtuvo la mayoría parlamentaria absoluta con 186 escaños y no dependió de otras fuerzas políticas para formar gobierno. La pérdida de votos de 2011 a 2015 es de 4 millones.

Por otra parte, el otro partido tradicional, el PSOE, liderado por Pedro Sánchez, obtuvo con sus 90 escaños, el peor resultado en unas elecciones generales. Queda claro entonces, que los votos de los españoles se “fugaron” en estas últimas elecciones de los partidos políticos tradicionales hacia otras alternativas más novedosas.

Podemos, es la traducción político partidaria del movimiento de los indignados españoles, que capitalizó muchísimos sufragios y que no cuenta con una ideología lo suficientemente consolidada, aunque podría interpretárselo como de una nueva izquierda, dispuesta a romper con los vicios tradicionales de la política española.

Dicho de otro de otro modo, los españoles cuestionaron seriamente el bipartidismo que los gobernó durante los últimos treinta años. De hecho, la suma entre el PP y el PSOE pasó de cerca del 80 por ciento de los votos a contar con poco más del 50 por ciento en las últimas elecciones.

Panorama incierto

Se abrió así un período de negociaciones entre los líderes de las distintas fuerzas políticas signado por la incertidumbre. Pese a que los plazos constitucionales para acordar la conformación del nuevo gobierno se cumplen rigurosamente, la indefinición para la conformación del nuevo gobierno, traslada la incertidumbre hacia otros ámbitos, como la economía por ejemplo, donde la bolsa española cayó notoriamente. Esto es bien sabido en Argentina, donde la prolongada definición del nuevo gobierno tras esperar el ballotage, produjo también una gran incertidumbre.

Pero también en el ámbito internacional, se genera un compás de espera. Además de los socios de España en la Unión Europea, Argentina aguarda con impaciencia la definición del nuevo gobierno español para relazar las relaciones bilaterales que se resintieron durante el período kirchnerista, especialmente desde el incidente entre el gobierno argentino y la empresa española Repsol, a propósito del control de YPF.

Por todos estos motivos, Mariano Rajoy que pese al magro margen de votos obtenidos fue el ganador, se encuentra con que no le alcanzan las bancas obtenidas para formar gobierno y deberá negociar con alguien para mantenerse en su cargo. Los mercados, los medios masivos de comunicación y hasta el monarca, lo presionan y esperan que pueda negociar rápidamente una salida exitosa antes del 13 de enero, fecha de la primera votación para la conformación del gobierno. Rajoy apunta a obtener los sufragios de Ciudadanos y posiblemente la abstención del PSOE, pero aún así, le estarían faltando 13 escaños para alcanzar su objetivo.

Es por ese motivo que no debe descartarse el líder del PSOE, Pedro Sánchez, intente crear una “coalición de perdedores” con los partidos de izquierda y los nacionalistas vascos y catalanes. Para ello dependería de Podemos, formación emergente de apenas dos años de vida liderada por el carismático Pablo Iglesias, y que en su primera comparecencia en unas elecciones generales se ha colocado en tercera posición, logrando 69 escaños.

El principal obstáculo para este tipo de acuerdo es el referéndum de autodeterminación que tanto Podemos como los nacionalistas defienden para Cataluña y al que se opone el PSOE, que apuesta por una reforma constitucional que convierta a España en un estado federal, otorgándole más autonomía a las diferentes regiones del país.

De no alcanzar nadie la cifra de los 176 escaños, bastaría una mayoría simple en una segunda votación de los diputados, es decir, que haya más votos favorables a la investidura que en contra. En ese contexto, Rajoy intentaría negociar la abstención del PSOE o de Ciudadanos, para poder formar un gobierno solamente del PP, aunque débil en su legitimación ante la sociedad.

En definitiva, la incertidumbre reinante en la política provoca el temor en algunos sectores de que las dificultades que tendrá Mariano Rajoy para poder formar un gobierno sumerjan a España a un periodo de inestabilidad política similar a los que se han vivido en países como Grecia e Italia, en un momento en el que la economía de la nación europea parece haberse estabilizado aunque presenta todavía importantes debilidades y una preocupante tasa de desempleo del 21 por ciento.

Asimismo, la inestabilidad política podría ser aprovechada por los separatistas catalanes cuyos desacuerdos internos los había dejado prácticamente en la inacción. La debilidad manifiesta en la que ha quedado de momento el gobierno central, los reactivó, y ahora quieren acelerar el proceso de desvinculación del Reino. España enfrenta incertidumbre política, económica, social y la posibilidad real de su desmembramiento.

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