El zika como teoría conspirativa

En las redes circulan historias que asocian al virus que llevó a la OMS a declarar una emergencia sanitaria mundial con la propalación deliberada de mosquitos genéticamente modificados.

A fines de enero, en una nota publicada en Red Green and Blue, Bill McKibben –reconocido medioambientalista estadounidense, pionero en sus estudios sobre cambio climático– declaraba que tras haber pasado gran parte de su vida haciendo la crónica de las tragedias que se derivan del calentamiento global, como inundaciones, sequías, tormentas y migraciones forzosas, nada de esa lista le parecía “más horroroso que las noticias que empiezan a llegar de América del Sur acerca del virus del zika”.

El lunes 8 de febrero, una nota de Andrew Griffin en Independent, recopilaba las teorías conspirativas en torno al virus; la más intensa lo vinculaba a un experimento de laboratorio, a partir de la cría de mosquitos genéticamente modificados como los que proponía la empresa inglesa Oxitec para, precisamente, combatir la enfermedad.

Experimento

“La empresa Oxitec con sede en Inglaterra ‘ofrece’ que El Salvador sea parte de su experimento genético con zancudos modificados para esterilizar al Aedes Aegypti (especie transmisora del dengue, chikungunya y zika). El trato de la empresa costaría 2 millones de dólares para su experimento en una población de 5 mil habitantes de una comunidad marginal. Así lo informó el viceministro Eduardo Espinoza. Nuestro país a través del Ministerio de Salud, en apego al principio precautorio, dijo no a ese experimento genético. ¿Por qué?: 1. Porque nuestro país no dispone de los miles de millones de dólares que se requerirían para producir y comprarle a Oxitec zancudos genéticamente modificados. 2. Porque El Salvador no es ni será conejillo de Indias de ningún experimento genético que no posea respaldo científico y 3. Lo más importante, es que es antiético y antihumano que una empresa británica quiera experimentar sus productos en población pobre de nuestro país para su lucro”, escribía a principios de febrero el médico salvadoreño Herbert Vargas en el sitio izquierdista español SinPermiso.org.

El 6 de febrero último, la investigadora Silvia Ribeiro publicó en el diario mexicano La Jornada un completo informe que cuestionaba la alarma y las consecuencias del zika e, incluso, la existencia del virus. Y sacaba conclusiones acerca del peligro que significaba la declaración de emergencia mundial por la enfermedad: la Organización Mundial de la Salud se expidió al respecto el 1 de febrero y señaló entre sus causas la microcefalia. Ribeiro cita fuentes oficiales de Brasil que cuestionan que los casos de microcefalia se deban al virus zika y apunta que bien pueden tener su origen en insecticidas esparcidos en el agua potable.

Este último argumento es el que desarrolla de manera ejemplar la nota de Andrés Actis en RosarioPlus, en la que científicos argentinos de la Red Universitaria de Ambiente y Salud apuntan al uso indiscriminado de plaguicidas como posible causal de la proliferación del mosquito al destruir la fauna que naturalmente lo combate en el entorno.

Civilización

Las alarmas de McKibben, en cambio, apuntaban en otra dirección: “Extendido por mosquitos cuyo alcance se amplía a medida que el clima se recalienta –escribía en RedGreenAndBlue.org en una nota que se titulaba “Bienvenidos al futuro de un clima distópico”–, el zika provoca síntomas como los de una gripe suave. Pero las mujeres embarazadas a las que pique el mosquito equivocado son susceptible de dar a luz bebés de cabeza reducida. Brasil registró el año pasado 4.000 casos de esta ‘microcefalia’. A día de hoy, las autoridades de Brasil, Colombia, Jamaica, El Salvador y Venezuela han apremiado a las mujeres a que eviten quedarse embarazadas. (…) Es algo salido de una historia ciencia ficción, el núcleo absoluto de un futuro distópico. ‘Se recomienda que la mujeres retrasen –en la medida de lo posible – la decisión de quedarse embarazadas hasta que el país pueda salir de la fase epidémica del virus del zika’, afirmaron las autoridades sanitarias colombianas, añadiendo que quienes viven en zonas de baja altitud deberían mudarse a zonas más elevadas si es posible, fuera del fácil alcance de los mosquitos”. Y culminaba: “Una civilización en la que no se puede tener un bebé en condiciones seguras apenas sí es una civilización.”

Griffin, en el artículo de Independent en el que trataba de aventar las teorías conspirativas que circulan en redes sociales sobre el virus zika, se refería a las tramas en las que una oscura organización esparce el virus. “Pueden tener efectos terribles –escribía–, muchas de las historias difundidas demonizan los esfuerzos genuinos por llevar adelante el trabajo de combatir la enfermedad y podría llevar a que más gente muera o se esparza más el virus”. Y de inmediato aclaraba: “El zika no fue propagado como un mecanismo de control de la población (…) El virus del zika sería una forma increíblemente ineficiente de barrer poblaciones, si ese fuera el blanco del Nuevo Orden Mundial”.

Ficciones

La fantasía de una drástica baja demográfica fue explotada en una célebre novela de Isaac Asimov que en diciembre de 2015 tuvo su adaptación en una miniserie de tres episodios, El fin de la infancia (Childhood’s End), también en Niños del hombre (Children of Men, el film de Alfonso Cuarón de 2006 y, a propósito, la olvidable serie británica The Lottery, de 2014, basada en el film y la novela de P.D. James). Pero la que más desarrolló la trama conspirativa en relación con el control del crecimiento de la población fue la serie británica Utopia, que el Channel 4 emitió entre enero de 2013 y agosto de 2014. Allí una organización en las sombras llevaba adelante un plan secreto para esterilizar grandes masas de población.

 

Código de inserción del tráiler de Utopía:

Fotografías de Independent sobre zika: http://www.independent.co.uk/news/science/zika-virus-conspiracy-theories-about-gmo-mosquitoes-and-intentional-infection-spread-as-fears-of-a6861156.html#

Pero acaso los ejemplos de series, libros o películas que abordan el tema de manera directa ocultan la gran cantidad de ficciones –desde The Walking Dead a The Strain– que desde hace mucho especulan sobre las posibilidades del poder de urdir complots que siempre arrasan con la mayoría menos pudiente, reflejo fantasioso de las tramoyas reales del poder económico para amasar recetas que envían millones a la desocupación, la guerra o los océanos que acumulan en su fondo pilas de cadáveres de refugiados.

Griffin señala que un infectado de zika puede no presentar sintomatología, pero que los efectos se manifiestan, en el caso de las mujeres que se embarazan, cuando sus hijos nacen con microcefalia. El virus por lo general no mata ni al niño ni a la madre, y tampoco disminuye su fertilidad.

Un parte del ministerio de Salud santafesino de mediados de diciembre pasado alertaba sobre la proliferación de los casos de zika en el nordeste de Brasil y alentaba la prevención en la provincia. Reproducía observaciones de la OMS que señalaban “el incremento de anomalías congénitas, síndrome de ‘Guillain Barré’ y otras manifestaciones autoinmunes en zonas donde circula el virus zika, y su posible relación con éste. En el mismo documento, se consignó que la tasa de microcefalia en Brasil se incrementó más de 20 veces.”

Rockefeller

El sitio Collective-Evolution.com (una suerte de organización que propende al cambio natural y macrobiótico) difundió hace un mes un artículo en el que señalaba que los mosquitos modificados genéticamente que hoy propalan el zika fueron patentados en 1947 (a partir del análisis a un mono hallado en el bosque de Zika, Uganda, cuando se buscaba una cura a la fiebre amarilla, de ahí el nombre) por la Fundación Rockefeller. El texto también conecta el virus, cuya existencia fue descubierta hace más de 60 años, con la Fundación Rothchild y la ya mencionada empresa británica Oxitec, cuyos capitales fluyen de la fundación creada por Bill y Melina Gates, propietarios de Windows.

Un posteo en Reddit alimentó también la teoría conspirativa al mostrar dos mapas, uno que enseñaba la localidad de Juazeiro, Brasil, donde se sembraron mosquitos genéticamente modificados para combatir el dengue en 2015, y otro donde se mostraba la mayoría de los casos de bebés que habían nacido con deformaciones como microcefalia.

Sin embargo, Griffin, como otros periodistas, refutaron esa relación al señalar la incorrecta ubicación de Juazeiro (a 300 kilómetros de donde estaba marcado) y el hecho de que los sitios afectados por el zika están en la costa, no en el interior del país. Además, observaba que el mayor brote del virus sucedió en 2013 en la Polinesia francesa.

Todas estas leyendas conspirativas, si bien pueden no ser ciertas, traen también su verdad, en ellas podemos leer, acaso de modo alucinado, la relación cada vez más fuerte que existe entre la biología y la política, lo que el filósofo italiano Giorgio Agamben define como “biopolítica”: la del hombre al que el poder expone “sin mediación al ejercicio, sobre su cuerpo biológico, de una fuerza de corrección, de encierro o de muerte”.

 

 

 

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