El turno de los abuelos (La contra-reforma previsional)

El nuevo titular del Ansés, Emilio Basavilbaso, puso en palabras el pensamiento del régimen macrista en materia previsional: “una nueva ley jubilatoria que contemple un haber mínimo, o sea lo más universal posible, y luego que tenga una parte contributiva” ... “es injusto que la gente que contribuye reciba lo mismo que la gente que no contribuye”.  “Un haber fijo para todos y, por otro lado, un componente adicional que también sea un incentivo para trabajar en blanco y para contribuir, porque si todos los que trabajamos en blanco pagamos parte de nuestro sueldo todos los meses para contribuir al sistema, y luego cobramos lo mismo que alguien que no contribuyó, estamos generando incentivos inversos en el trabajo formal”.

A simple vista, parece justo el planteo, pero veamos mejor la cosa. Primero que nada, no contribuir al sistema de seguridad social no es sinónimo de no trabajar. El empleo en negro y el trabajo no remunerado del ama de casa, son ejemplos de ello. Se trata de personas que trabajan, tanto o más que cualquier empleado en blanco, pero no están cubiertos por el sistema de aportes. Estos casos constituyen la gran mayoría de los jubilados que fueron cubiertos por las políticas previsionales universalistas del kirchnerismo, desde la re estatización del sistema previsional en 2009. En segundo lugar, cuando se trabaja, se contribuye siempre al total de riqueza que se produce cada año en el país. Esto es independiente de la modalidad contractual bajo la que se lo haga. De igual manera que todos los trabajadores activos contribuyen a la producción de esa riqueza anual, es justo que todos los trabajadores pasivos sean beneficiarios de la parte de esa riqueza que es redirigida a partir del sistema previsional.

Por otra parte, la mayor parte de los recursos son contribuciones de las patronales y recaudación impositiva. Menos de un tercio de los fondos que ingresan al sistema de seguridad social provienen directamente como aporte del trabajador.  Además, si bien durante los últimos años se achicó la brecha salarial, persisten grandes desigualdades salariales que no reflejan mayor o menor trabajo, sino las condiciones particulares del sector en el que se negocian esos salarios. Perpetuar hasta el fin de la vida esas desigualdades no es para nada un acto de justicia, sino todo lo contrario.

Por último, trabajar en blanco o en negro no es algo que ocurra por voluntad del trabajador. Son los empresarios los que deciden las condiciones laborales al interior de su empresa. No es el trabajador el que no contribuye, es su patronal la que se queda con esos aportes, del mismo modo que se quedan con todo lo que evaden al fisco. El trabajo en negro no es un problema de incentivos, sino de falta de control estatal.  

El sistema previsional heredado por el macrismo no es perfecto, pero es muchísimo mejor que el que había heredado el kirchnerismo. La mayoría de las jubilaciones son muy bajas, la mayor parte gana “la mínima” y ésta no alcanza para vivir como debiera vivir un jubilado. Pero de ahí partimos. Para solucionar estos problemas se debería avanzar sobre el empleo informal, para dar cobertura previsional a todos los trabajadores. Además, se debería llevar el salario mínimo vital y móvil a un valor acorde a lo que plantea el artículo 14 bis de la Constitución Nacional. De ese modo, el sistema previsional tendrá recursos como para poder pagar jubilaciones dignas y universales. Las cuentas deben cerrar, pero con los jubilados adentro como principio rector.

COMENTARIOS

*Los comentarios que integran esta discusión no representan la opinión de RosarioPlus. Son opiniones personales de los usuarios

Seguí leyendo