El horror en primera persona

El relato de Ariadna Acosta, 14 años, luego de salir de terapia intensiva y de sobrevivir a los golpes que le infligió su papá

Los moretones cubriendo sus piernas y el torso. Su juventud. Un dolor latente y tumefacto. Sumado al desalentador diagnóstico médico: riñones paralizados, hígado y pulmón comprometidos. Todo es evidencia de la brutalidad aberrante que sufrió una chica de solo 14 años, víctima de una golpiza que casi le cuesta la vida. El verdugo: su padre.

Conforme pasan las horas y Ariadna comienza a hablar (su mandíbula lastimada se lo impedía) el relato de lo ocurrido se torna atroz, inverosímil. ¿Quién pudiera creer que dentro de aquella humilde vivienda del Barrio de la Carne un hombre la torturara de esa forma?

El relato resulta insoportable: Tomándola del pelo la tiró al suelo, allí le colocó una silla sobre el vientre y el se sentó arriba un largo rato, lo suficiente como para causarle sangrados internos. Luego con otra silla intentó asfixiarla, presionando uno de los bordes contra su cuello. Al rato, busco una cuchilla y “jugó” a apuñalarla. Pero su hermanita de 9 años corrió a socorrerla, a los gritos le suplicó a su padre que no matara a Ariadna… El hombre la golpeó también a ella y luego dejó la cuchilla en el piso. Buscó sogas, ató a Ariadna a la cama, y una vez allí la siguió torturando hasta que la joven se desvaneció de dolor.

Lo que ambas le cuentan a su madre, Noelia, es desgarrador, indignante. Pero lo más doloroso es que este mismo sujeto había apuñalado a Noelia en 2013. La mujer radicó una nueva denuncia y decidió escapar tras 16 años de soportar golpes, vejaciones y torturas. Son ineludibles los cuestionamientos. ¿Por qué pese a las denuncias por maltrato que pesaban en su contra este hombre no estaba preso? Peor aún, ¿qué juez le otorga la tenencia de sus hijos a alguien asi? La Justicia mira para otro lado neciamente. Y la sangre sigue derramándose. Porque no es el único caso ni mucho menos. Las mujeres denuncian más. Pero los verdugos siguen libres, impunes, vivitos y coleando.

Germán Acosta, el verdugo de esta historia, está imputado de causar lesiones graves agravadas por el vínculo. Pero hasta ahora el fiscal no considera que se trate de un intento de homicidio, lo cual podría beneficiarlo con una codena más laxa. También están en libertad los abuelos de la nena que la habrían mantenido durante dos días en su casa sin atención médica. Según relata su hermana, trataron  de borrar sin éxito los rastros de la brutal paliza. “Buscaban en google como hacerle desaparecer los moretones”, conto Nicole.

El Barrio de la Carne, ubicado en el extremo sur de la ciudad se compone de un extenso cordón de  edificios de Fonavi donde los vecinos dan cuenta de la vida miserable que llevaban los tres niños al cuidado de su padre y abuelos paternos: viviendo en un galponcito sin baño, comiendo en la vereda y en ocasiones siendo “obligados a robar”. Mientras su madre recorría los juzgados sin éxito, exigiendo una tenencia que le era denegada.

Incluso después de que la violencia trasciende en los medios dejando expuesta las heridas, poco cambia para las víctimas. Lorena Serrano fue quemada, torturada y baleada por su pareja y su caso sacudió la opinión pública. Sin embargo una semana después todavía no contaba con asistencia médica, ni psicológica, mucho menos con recursos económicos de ningún área del estado.

La violencia de género extrema ha sido noticia una y otra vez este año. El atroz crimen de Chiara Paez (también de 14 años) en Rufino, motivo una movilización cívica pacífica y ejemplar. El #NiUnaMenos que abarrotó el Monumento Nacional a la Bandera y otros lugares emblemáticos en ciudades de todo el país.

Pero se transforma en una cáscara vacía, en una selfie apenas, si las condenas a los violentos no son ejemplares, si la prisión preventiva no se dicta en término, si las mujeres no reciben la contención y las herramientas que necesitan para seguir adelante. Si de verdad se quiere combatir la violencia de género hay que hacer mucho más que concientizar a las víctimas. Y al respecto todos los estamentos del estado tienen una enorme deuda pendiente. Que se pone de manifiesto cada vez que el horror habla en primera persona.

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