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Una escritora de luz anda suelta

La escritora murió este jueves en su casa, en Rosario. Tenía 78 años y una destacadísima carrera por sus libros y sus aportes a la literatura juvenil así como por su taller literario, al que concurrieron hoy respetables escritores que la recuerdan con enorme afecto y admiración

Había nacido en octubre de 1937, en San Genaro, Santa Fe, pero hasta este jueves a la mañana, cuando ya no despertó, vivió en Rosario, donde escribió, ejerció la docencia y desarrolló durante más de tres décadas su taller literario. Alma Maritano, además de escritora, fue una figura que todos evocan con afecto y admiración. “Qué injusticia –decía esta tarde el escritor Juan José Bereciartúa, quien participó del taller de Maritano durante 20 años y conoció allí a su esposa– todo el conocimiento que se pierde con la muerte de una persona, la admiré mucho y es mucho lo que sabía y lo que me enseñó”.
 
En 1978, la edición de Plus Ultra de “Un globo de luz anda suelto”, de Alma Maritano (capítulo inicial de una saga que seguiría en “Vaqueros y trenzas”, “El visitante”, y “En el sur”) recibió la distinción Faja de Honor de la Sade y Maritano no sólo fue convocada a presentar el tomo en la Feria del Libro de Buenos Aires, sino a compartir el palco con el dictador Jorge Rafael Videla, entonces presidente y ovacionado en los estadios capitalinos del Mundial 78. Pero la escritora zafó de la oprobiosa consideración –en esos días los libros de Laura Davetach o Graciela Montes estaban prohibidos– demorándose en la cola de devotos que esperaban un autógrafo de Jorge Luis Borges en la página 3 de “El Aleph”.
 
De la Maritano escritora, Bereciartúa y la narradora Sandra Siemens –a quien se le quebraba la voz en el teléfono– hablaron con encanto, pero también del ser humano que los recibía los miércoles: la fascinación por su sabiduría se mezclaba con la emoción y la cercanía. “Me siento, y mis compañeros deben sentir lo mismo –dijo Siemens–, un poquito huérfana”. El calificativo “maestra”, por todo lo que señala y abarca, volvió una y otra vez en la conversación. “Fue muy generosa, daba todo lo que sabía, que es algo poco común en este medio”, dijo Sandra Siemens, quien también destacó que tras los años en que concurrió al taller ya habían forjado una gran amistad.

Silvina Tamous, amiga de Maritano (junto a ella y Fernando Vallejo) la recuerda conmovida (FB)

 “Empecé a los 15 años a ir al taller –decía esta tarde, antes de ir al velorio, Silvina Tamous, escritora y periodista–. Vengo de un hogar obrero y accedí a los libros ahí, al valor de la palabra, de la literatura y de todo ese mundo que es maravilloso. Ella se enamoraba de lo que leía y te transmitía fascinación; te lo vinculaba con el mundo, con el proceso histórico, con lo que era ese autor, abría puertas y te daban ganas de escribir y me acuerdo que yo llevaba con una timidez total, siendo chica, un texto y era todo un acontecimiento esperar el momento en que ella lo leía, con esa voz, con esas ganas y que lo vaya destrozando, corrigiendo y al final cuando te decía que era un buen trabajo es como que vos sentías que había valido la pena vivir, no escribir. Y yo pude compartir mucho más con ella. Viajamos juntas a Europa. Fuimos a Granada, ella amaba Granada porque amaba a García Lorca; fuimos a las cuevas de los gitanos. Con ella conocí a José Saramago, que era su amigo. Saramago pagaba los pasajes para que ella fuera a la presentación de sus libros. Y a ella le gustaba la música, adoraba la ópera. Siempre estaba descubriendo autores. Era un maestro, en el sentido de esos maestros a los que uno los elige y no se les obsequia nada. La admiraba por muchas otras cosas, porque hacía lo que se le cantaba, vivió la vida a pleno y eso es terriblemente admirable”.
 
Hace diez años, cuando inauguró la primera Feria del Libro Infantil que se hizo en Rosario, Maritano fue homenajeada y abrió el encuentro con estas palabras: “La realidad con la que trabajamos hoy los autores de libros para niños es la de un mundo en perpetuo conflicto, en el que los príncipes y princesas se han convertido en astros del cine, del deporte o la televisión, y los pastorcitos y pastorcitas, en chicos marginales y marginados que no pueden acceder ni a libros ni a computadoras porque tienen que buscar su comida revolviendo en los contenedores de basura. Entonces, ¿magia o panfleto? Dilema ideológico y estético, acuciante y angustioso. ¿De qué hablarles a los chicos? ¿Y, sobre todo, a cuáles chicos?”.

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