Un repaso por los mejores libros de producción rosarina

Escritores, editores, docentes y críticos evalúan en esta tercera parte de nuestra encuesta los mejores libros escritos y producidos en Rosario en un año en el que se multiplicaron las editoriales autogestivas y los espacios de difusión y promoción de la literatura que se edita en la ciudad

Si tuviera que dibujar un mapa de la edición rosarina, es decir, de cómo se pasó, a lo largo de veinte años, de imprimir libros a editarlos (la sentencia describe de manera injusta y muy a grosso modo un proceso con notables excepciones), destacaría una experiencia en particular, la de la Editorial Municipal de Rosario.

A través de varias gestiones se dedicó a rescatar, por un lado, los autores señeros de Rosario que ya no estaban en circulación (de Felipe Aldana al reciente Aldo Oliva en poesía, o los ensayos de Adolfo Prieto y María Teresa Gramuglio) y, por otro, a través de concursos que convocaron importantes escritores, críticos y editores del país entre los jurados, la edición de nuevos libros y autores.

Pero también hay que destacar en ese proceso que la EMR dejó su marca al modo de una escuela, primero con su “Rosario ilustrada”, que recopiló textos de los más variados autores y épocas para reconfigurar un atlas de la ciudad desde la literatura, y luego, a través de la Colección Naranja, en la que las crónicas de varios autores extienden la radiación de Rosario a la región.

Asimismo, la EMR no sólo desarrolló proyectos literarios (poesía, crónicas, narrativa, ensayo), también publicó libros de fotografías históricas y contemporáneas, coprodujo con el festival Crack Bang Boom libros de historieta y este 2015, por su cuenta, sacó a la luz “Informe”, un tomo que reúne a historietistas en su mayoría inéditos de todo el país, un volumen insoslayable para quienes deseen revisar el ambiente contemporáneo del cómic.

También reunió editores jóvenes para realizar los tres tomos editados hasta hoy del Festival Internacional de Poesía, y se asoció a otras editoriales para poner en circulación materiales inhallables. El de la EMR es –a través de varias gestiones, pero desde hace un buen tiempo mediante la que realizan Oscar Taborda, DG Helder y Juan Manuel Alonso–, un trabajo del que cuesta distraerse si se quiere comprender cómo se llegó al desarrollo de editoriales magníficas como las que hay hoy día en la ciudad (salvando la excepción de Beatriz Viterbo, que comenzó con su genial catálogo hace ya más de dos décadas): Iván Rosado, Yo soy Gilda, Neutrinos, Serapis, Nube Negra, El Ombú Bonsai, FHUMYAR Ediciones, Río Ancho, Baltasara Editora, Ciudad Gótica, entre otras.

“Informe”, un volumen insoslayable para quienes deseen revisar el ambiente contemporáneo del cómic (FB)

Como algunas de las personas consultadas mencionan en esta encuesta, la experiencia de “Anuario”, que durante cinco años llevaron adelante Lila Siegrist, Georgina Ricci y Pablo Montini, abrió el camino a la editorial Yo soy Gilda pero también generó un registro de escrituras y actividades artísticas y culturales de Rosario hasta entonces inédito.

Las ferias de editoriales independientes, ya sea la del Festival de Poesía, una de las más intensas, como las que por fortuna se hacen con mayor asiduidad en la plaza Pringles, así como la iniciativa de septiembre de este año de la Fundación Instituto Internacional de la Lengua Española (Fiile), de enviar a todos los institutos Cervantes de Brasil veinte libros de autores rosarinos, son nuevos espacios ganados gracias al trabajo inteligente y concienzudo de editores, autores y libreros.

Pero entre los libros no mencionados en la encuesta, y sin necesidad de calificarlos, quisiera destacar la publicación de “La solución”, novela de Agustín Alzari (Yo soy Gilda editora) o los dos tomos póstumos de Edgardo Sotto (“Mayo del 68” y “Diario del regreso”, una preciosa y cuidada edición a cargo de Sonia Scarabelli y Osvaldo Aguirre, por la editorial Iván Rosado), o la edición independiente de “Ilustraciones”, del artista plástico Chachi Verona, o el teatro reunido de Patricia Suárez, por Baltasara editora. Río Ancho, por su parte, reunió textos de Rubén Naranjo que son un documento a la vez que un reencuentro. Quedarán para otra encuesta la cantidad de libros de fotografías, historieta y arte que se editaron este año.

Los escritores, editores y críticos convocados respondieron a dos preguntas: 1. De los libros que se editaron y publicaron en Rosario este año, ¿cuál elegiría y por qué? y 2. ¿Cuáles son los cambios más notorios que observa en la edición y publicación de libros rosarinos de los últimos años?

Adriana Astutti. Editora, lectora, profesora UNR, ensayista, traductora.
1. Como editora de Beatriz Viterbo te diría que todos los que sacamos, que me gustan mucho. Pero no podría elegir acá uno.Como lectora el más importante y de otra editorial destacaría el libro “Conocimiento de la Argentina. Estudios literarios reunidos”, de Adolfo Prieto, con prólogo de Nora Avaro, publicado por la editorial municipal. Me parece un rescate insoslayable de un maestro en los estudios de la literatura argentina cuyos aportes son y serán imprescindibles. Además, el bio/bibliográfico de Nora Avaro es fantástico. 
Si puedo destacar otro: “Bandido”,de Daniel García (Iván Rosado). Maravilla de libro, con hermosos prólogos y una edición impecable impresa en Rosario. 
2. Que hay más editoriales independientes que hacen buenos libros con ediciones cuidadas y se las ingenian para abrir espacios y generar recursos. Pienso en Rio Ancho, en Yo soy Gilda, en Iván Rosado. Ahora, una nueva colección Paradoxa en Nube Negra. Son proyectos editoriales que me gustan. Por otro lado, los subsidios a la edición que se concursan anualmente del Ministerio de Cultura e Innovaciónde la provincia permitieron abrir muchos proyectos. Algunos tienen continuidad y son muy serios. 

Lila Siegrist. Editora, escritora, artista plástica.
1. “Herodes”, de Pablo Bilsky, es un hito en el mundo de la non fiction, ya que es un ejercicio delirante y experimental que resignifica el género,si es que el género puede seguir siendo considerado como tal. Otro experimento, con el cual no tengo la distancia suficiente, pero que amerita ser enunciado, es “La muerte de Manuel Quaranta”, editado por la gran Liliana Ruíz en Baltasara Editora. “Onnainty”, de Ezequiel Alemian es un refresco sin hielo y dulzón que viene justo para la primavera, muy precioso. Elijo Änuario” porque salió por última vez este año.Y la gran bomba de intensidad y erudición es “Conocimiento de la Argentina”, de Adolfo Prieto por la EMR, que aún estoy leyendo y es un viaje.
2. En las ediciones noto cada vez más desarrollo y oficio. Por otro lado, hace un par de años existían cuatro editoriales autogestivas y hoy ya hay veinte. Al mismo tiempo noto una incipiente madurez de vinculación entre colegas que propicia una suerte de cartelización de los proyectos editoriales sin necesidad que tengamos afinidades ni amorosas ni afectivas para hacer cosas juntos. Un ejemplo son las ferias que agitan Nico Manzi y Fede Tinivella, otro es la iniciativa del Fiile para que los libros de estas editoriales circulen por fuera de Rosario. Confío en que existan más acciones a favor de la distribución de contenidos editoriales producidos en la ciudad. Los recitales y los encuentros tienen también intensidad y disfrute.

Marcelo Britos. Escritor.
1. Una producción bastante importante este año en la ciudad, que dificulta la elección. Pero no voy a esquivar el bulto, creo que hay dos ediciones de trascendencia: una es la colección de Río Ancho que ha recuperado obras de Naranjo y esa joya inédita hasta ahora que es la novela de Felipe Aldana “Nadie es responsable”. Y la reedición de la obra de Jorge Riestra, en la que encuentro mi libro elegido: “Salón de billares”. Un relato que, aun siendo su primera edición de 1960, rompe con un panorama que se repite en la narrativa argentina: autorreferencias y guiños posmodernistas; escritura fragmentada y simplista, y poco vuelo imaginativo. Volver a los grandes maestros es un alivio. 
2. Creo que hay un estancamiento en el desarrollo editorial de la ciudad desde hace ya algún tiempo. Ya no alcanza con poder editar, hoy esa posibilidad está garantizada por una cantidad importante de editoriales relativamente pequeñas y otras autogestionadas, pero sigue sin comprenderse –a mi juicio– que falta la creación de un mercado interno, de un escenario literario que asegure la circulación de este tipo de obras locales. La distribución, el gran problema del mercado editorial argentino (falta de visibilidad de los autores, pérdida de valor del libro ocioso), ni siquiera parece ser tenida en cuenta por las editoriales rosarinas, salvo algunos casos como el de Baltasara. Al menos de los que conozco. 

Liliana Ruiz. Editora.
1. El libro que me pareció más importante de los editados y publicados en 2015 es: “Mario Levrero - Francisco Gandolfo. Correspondencia”, con prólogo, investigación y notas de Osvaldo Aguirre. Es un libro que permite conocer en profundidad a estos dos grandes escritores, sus ideas, sus inquietudes y la época en la que vivieron.
2. El cambio más notorio es el aumento de la cantidad de editoriales independientes. Hay una tendencia a trabajar con menores tiradas y en algunos casos a la demanda. A futuro, aumenta la incertidumbre acerca de la permanencia de tantas editoriales debido a que no están claras las reglas del juego a nivel del Estado nacional.  El precio de los insumos de la industria gráfica crece en forma aleatoria y exponencial y por lo tanto crecerá el precio de venta de los libros. Asimismo se abrirá la importación de libros extranjeros, hecho que también aporta preocupación.

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