Todo lo que tenés que saber del spinner, el jueguito de moda

Las escuelas de Rosario se fueron llenando de esos juguetes pequeños llamados spinner que ruedan sobre un dedo. El Ministerio de Educación, docentes, especialistas y psicopedagogos analizaron el producto y sus efectos

Benjamín tiene 13 años y hace unas semanas recibió un regalo de sus amigos: un spinner. El mismo regalo que recibió emocionado Bautista, de apenas 6, en su cumple. Malena y Victoria, hermanas de 8 y 6 años, tienen cada uno el suyo después de haberle insistido a la mamá. En el jardín, en la primaria, en la secundaria, en casa, en la plaza, en el shopping, en lo de la abuela. Los spinners, creados a fines de los 90, pero instalados a nivel mundial hace relativamente poco, llegaron hace un tiempo a la ciudad y no parecen tener intención de irse. Se venden en negocios grandes y también en puestos callejeros. Hay de todo tipo, color y precio, algunos con luces incluso. Lo que hacen, sin embargo, es muy básico: giran sobre sí mismos. El resto dependerá de la imaginación y destreza de quien lo haga girar.

¿Son anti estrés? ¿Sirven para concentrarse en los estudios? ¿Es verdad que fueron pensados para ayudar a chicos con autismo? En países del primer mundo ya hay investigaciones de varias universidades. Expertos expresan su preocupación por considerar que adolescentes y niños se "cuelgan" en clases usando el spinner. Rosarioplus.com consultó a expertos para saber en qué medida esta nueva moda preocupa o no a especialistas y qué debería hacer en todo caso la comunidad educativa ante este nuevo "juguete de moda".

Cierto es que cada vez se puede ver más la venta de los spinner en la ciudad. Suelen costar entre 150 pesos y 300. Se los puede comprar en librerías, kioscos, polirrubros de calle San Luis. También en puestos callejeros. Deslizan algunos que por el furor con este juguete los rulemanes habrían subido al doble su precio en las ferreterías y hasta tendrían problemas de stock, porque algunos chicos prueban crear su propio spinner.

Por lo pronto, al menos a nivel local, no hay docentes preocupados. Los juguetes se ven en las aulas, más en las escuelas privadas, pero al momento de cursado se guardan en la mochila. Consultados por Rosarioplus.com, voceros del Ministerio de Educación de Santa Fe precisaron: “Hace semanas los supervisores hicieron un relevamiento sobre la implicancia de los spinners en las cinco escuelas que marcan las tendencias de Rosario (Normal 1, Normal 2 y Normal 3, Bernardino Rivadavia y Mariano Moreno). No encontraron que haya causado un impacto que preocupe a los docentes”.

Defensores del spinner aseguran que el sonido relajante (similar al agua corriendo) y el tiempo que se mantiene girando en un dedo (entre uno y cinco minutos) ayudan a reducir el estrés, por lo que están indicados para los niños con trastorno de déficit de atención, hiperactividad y autismo, así como para otros que simplemente sufran de ansiedad.

La psicopedagoga y docente Abi Slonim contó a Rosarioplus.com que en sus clases vio tal interés que decidió incorporarlo en un ejercicio: “Como hay en las aulas gente de todas las edades aproveché para usar el recurso del tiempo en que giran los spinners para que respondieran en ese lapso una consigna y funciona bien”.

Slonim comparó el objeto con una pelotita antiestrés. Aseguró que “siempre hubo dispositivos lúdicos de moda que no son buenos ni malos en sí mismos, sino que depende de cómo sean usados: el diábolo, el tiki taka, el balero o el yo-yó”.

Sólo remarcó que el spinner se diferencia por tener poca destreza en lo motriz a comparación del resto, ya que la mayor gracia es hacerlo girar sobre la nariz o un dedo del pie. También descartó que por este uso los chicos vayan a dejar de usar tablets o celulares, ya que el objetivo de su uso es otro, es un "pasatiempo motriz".

Sus detractores aseguran que en lugar de centrarse en la lección los chicos no sacan sus ojos al aparato, y ponen en duda los supuestos efectos positivos en chicos con problemas cognitivos graves. 

Entre los pocos estudios realizados sobre los efectos que produciría, hay uno liderado por Julie Schwetitzer de la Universidad de California que establece que el movimiento físico giratorio genera neurotransmisores que favorecen la concentración. Señala la experta que los chicos con hiperactividad obtienen mejores calificaciones en sus tests cuando hacen girar algo sobre sus dedos que cuando las tienen vacías.

Por su parte, Michael Karlesky de la Facultad de Ingenieria de Nueva York, probó que ciertos movimientos de la mano ayudan a la concentración y aceleran el aprendizaje. El spinner sería comparable según él a apretar una pelotita de goma o hacer clic repetidamente en el bolígrafo retráctil. Se reducuría así el estrés y aumentaría la creatividad.

Con estos estudios científicos coincidió la profesora en educación especial y psicopedagoga Ofelia Madile, quien resumió que el spinner “no es más que un juguete hipnótico (capta un estímulo muy fuerte desde lo perceptual), que como otros capta la atención sin dudas, y logra bajar las ansiedades, pero no creo que tenga efectos terapéuticos sobre casos graves”, aunque especuló con que “si llegan en Rosario a tenerlo todos los chicos como en otros países, los docentes probablemente se preocupen por su concentración”.

Madile descartó que sea utilizado como recurso por docentes o psicopedagogos en sus clases y sesiones para captar la atención o encaminar un cuadro patológico serio, porque lo ve “disparatado y sin fundamento científico lo suficientemente sólido que haya probado avances en chicos con autismo y hiperactividad”. La experta planteó que “debería analizarse como un producto social y cultural, donde hay muchas explicaciones más complejas, como sucede con las modas de los juguetes”.

Desde antes del boom del spinner era conocido en la ciencia el método de la laborterapia, que implica ocupar las manos con cosas como tejer. Los efectos positivos son concentración y creatividad. La especialista diagnosticó que hoy en día un 90% de alumnos tienen tendencia a dispersarse y no le llama la atención que sea un boom el efecto tranquilizador del spinner, si se piensa que los adolescentes y niños de hoy viven en una sociedad que los estimula con la tecnología, y tienden en muchos casos a sentir ansiedad o hasta estrés como los adultos.

En una expresión de buen augurio, la psicopedagoga lanzó: “Es un juguete que se vende al mismo precio que las medicaciones. Ojalá hagamos rodar esto y si calma a los chicos les prescribamos cada vez menos Ritalina y Rivotril”.

Por su parte el mágister en Ciencias de la Educación y docente, Pablo Urbaitel, analizó el éxito de este objeto como un "paliativo que viene a justificar -al igual que otros objetos- como prótesis de fuga, la crisis del formato de las escuelas modernas sumado a las dificultades actuales de los chicos para sostener la concentración y la quietud en clase".

Desde su punto de vista, en la comunidad educativa "se corrieron las amarras de las autoridades, y surgen nuevas patologías como la exaltación del 'yo' que goza de tal libertad como para cumplir sus propias normas, porque el formato anterior escolar era de encierro (lo que sucedía en clase no tenía influencia externa) y ahora se rompió e ingresan todos los estímulos, mientras el docente pierde autoridad, los chicos usan el spinner y los padres los defienden".

Por otra parte, Urbaitel no dejó de lado la mirada comercial, ya que consideró que "el consumo busca nichos de mercado en pos de generar ventas, y en este camino prometen propiedades que son sólo de marketing, como esto de que quita el estrés y que ayuda a personas con autismo, que desconozco si es cierto pero lo dudo".

El origen del spinner

La creadora del fidget spinner fue Catherine Hettinger, de Florida (Estados Unidos) en 1993 con el objetivo de interactuar con su hija Sarah. Hettinger sufre de miastenia (enfermedad que afecta a los músculos y provoca fatiga) y esta era una de las pocas maneras que tenía de jugar con su hija sin cansarse.

En 1997 patentó el juguete, y en 2005 la patente caducó y no pudo pagar los 360 euros que costaba renovarla, y es por eso que ahora que repuntó su venta en el mercado mundial la estadounidense no gana un peso.

Casi 25 años después de que lo inventara, se venden miles de spinners al día y Hettinger, que ahora podría ser millonaria, no vive torturada por su mala suerte: estoy muy emocionada de que algo que yo creé tenga tanto éxito. Mi principal motivación nunca fue hacer dinero con los spinner", aseguró a The Guardian.

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