Sbaraglia: "Es como Duro de Matar pero en silla de ruedas"

Ambos actores llegan al cine de la mano de un director local, Rodrigo Grande. Este jueves desembarca la peli en el cine pero antes charlaron con Rosarioplus.com acerca de la cinta

Este jueves llega a las pantallas rosarinas la última película de un director local, Rodrigo Grande. De la mano de Leonardo Sbaraglia y Pablo Echarri, el rosarino hizo Al final del túnel, un policial que promete romper la cartelera nacional.

“Quería cambiar de formato. Además de inspirarme en algunos cuentos de Edgar Allan Poe, también plasmé algunas de las cosas más características de otros directores a los que admiro”, dice Grande, cuyo anterior largometraje, Cuestión de principios, fue todo un éxito.

Y lo menciona haciendo referencia, entre otros, a los tintes tarantinescos que derrochan ciertas escenas de este film de suspenso que promete mantener la tensión del espectador hasta el último minuto.

La cinta habla de Joaquín, un ingeniero de sistemas en silla de ruedas al que le anima la vida una joven llamada Berta que, junto a su hija, llega para ocupar la habitación en alquiler que tiene en su casa.

Pero la cosa se complica cuando un día, mientras repara unas computadoras en el sótano, empieza a oír voces de varios hombres que trabajan en algo que va a tratar de descubrir, y que le va a llevar a ejecutar un plan contrarreloj que le hará recorrer el túnel que une la vida y la muerte.

“Tuve varias reuniones con Paco, un hombre que está en silla de ruedas y que la maneja como si fuera fácil”, cuenta Sbaraglia, Joaquín en la cinta, a RosarioPlus.com. “Me ayudó que venía de grabar una película en la que hago de boxeador (Sangre en la boca) y tenía los brazos muy fuertes”, añade.

En el film, en el que Federico Luppi también tiene un papel importante, Pablo Echarri se quita el atuendo de galán para convertirse en el malo malísimo de la historia. “Fue una experiencia excitante”, cuenta entre risas el actor, que también es el productor de la película junto a su socio de El Árbol. "Hacer este doble rol es complicado, pero todo salió muy bien", afirma.

Para los rosarinos, un guiño del director que le gusta “incluir cosas que hacen referencia a mi vida” en sus cintas: una caja de seguridad propiedad de narcos locales para hacer presente su ciudad natal.

Y otra cosa de casa: su perro. Es que Casimiro, que también aparecía como can de Luppi en el anterior filme de Grande, en esta película vuelve a aparecer, ya muy viejito, como la mascota de Sbaraglia.

La española Clara Lago, conocida por la cinta Ocho apellidos vascos, completa el reparto de esta película que combina acción, suspenso, drama y algo de amor y que desde este jueves podrá verse en los cines rosarinos.

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