¿Qué se podría comprar hoy en un "Todo por dos pesos"?

Veinte años atrás había locales enteros donde se podía comprar “Todo por dos pesos”. Los tiempos, sin dudas, cambiaron. Y Rosarioplus.com salió para confirmarlo: ¿para qué alcanzan dos pesos hoy en día? Un recorrido angustiantemente divertido

“Dos pesos hoy en día no son nada”, se escucha decir por ahí. Los billetes con la cara de Mitre, la mayoría de ellos desvencijados y maltratados por el paso del tiempo y de manos, ya no parecen servir para mucho, gracias a la inflación que lentamente ha empujado para arriba los precios (y para abajo los sueldos). Tan poco valor tienen que algunos dicen que deberían ser reemplazados completamente por las monedas (todavía una rareza). Aún con el recuerdo de aquellas tiendas donde se podía comprar todo tipo de baratijas (y no tanto) por dos pesos, sí, los viejos y queridos “Todo por 2 pesos”, que cerca de 2002 bajaron sus persianas (hubo algunos que se animaron por un tiempo a ser “Todo por 10 pesos”), hoy hay que hacer la prueba: salir a la calle, revolver, ingeniárselas, seguir revolviendo, y plantear la pregunta: “¿Qué se puede comprar por dos pesos?”.

Un poco de cinta y mucho cariño, son billetes que hace tiempo están en la billetera.


El microcentro rosarino aglutina todo tipo de locales: desde grandes marcas de ropa a pequeños puestos ambulantes. ¿Dónde se podrán conseguir cosas con tan módico presupuesto? Un quiosco parece ser un buen lugar donde probar suerte, billete de Mitre en mano. Ante la pregunta, el quiosquero sonríe, hace una mueca desesperanzada, y después de repasar brevemente su mostrador, da el veredicto: un chupetín (de los más comunes, porque con chicle adentro o de gustos extravagantes salen un poquito más), cuatro caramelos masticables o dos chicles. Algo es algo.


Media cuadra más adelante, una panadería. Acá tiene que ser: ¿hace cuánto era que se compraba un kilo de pan con cincuenta centavos? Pero la panadera no tiene muy buenas noticias. Sonriendo, ofrece un bizcocho de pan por dos pesos. ¿Ni para una factura? No, está $4,50 cada una. Vale decir, media factura se puede comprar. O habrá que conformarse con un bizcocho. 

Un bizcocho o media factura.


Doblando por calle San Luis, el paisaje urbano hace renovar las esperanzas. Los negocios mayoristas que se apilan uno al lado de otro deben poder ofrecer todo tipo de cosas por dos pesos. En uno de esos negocios gigantes de accesorios, llenos de chucherías, las empleadas se miran entre sí desconcertadas pensando en algún ítem que puedan vender por tan poca plata. De pronto lo recuerdan: una colita simple, de esas elásticas. Ya las de algodón son más lujosas: cotizan tres pesos.

Atarse el pelo es barato, che.

¡Listo! Una librería. Una goma o un lápiz no pueden valer más de dos pesos. La encargada se ríe ante la pregunta y lo piensa. Empieza a repasar su stock mentalmente mientras niega con la cabeza, frunciendo la boca. La birome más barata sale $3,20. Sobrepasa el presupuesto. Lo más cercano son una plasticola de 30g (la más chica de todas) que se puede llevar por $2,30 (casi casi, si se le pide precio rebajan centavos quizá) o un lápiz, por $2,40. En otra librería hay mejores noticias. Después de meditarlo entre risas, ante la incredulidad de ya no contar con ningún producto que valga dos pesos o menos, se alegra ante el hallazgo: sí, un pliego de cartulina blanca cuesta $1,60 y un papel barrilete sale $2. ¡Excelente!

Algunos artículos de librería podrían estar en “Todo por 2 pesos”.


Una mercería imponente, llena de gente, muestra en su vidriera cientos de productos minúsculos. Nada de ese tamaño puede salir más de dos pesos. Canutillos, botones, elásticos, todo en pequeños cajones, por todos lados. Pero el billete de Mitre no servirá para mucho: sólo se puede comprar una gema. ¿Lo qué? Una gema, una cosita negra de plástico, de un centímetro, que se puede coser a las prendas como adorno. Ah. ¿Y un botón? “El más barato sale seis pesos”. Es así: dos pesos compran un tercio de botón. 

Por suerte, la calle San Luis tiene una variedad de rubros que permite agotar casi todas las posibilidades. ¿Qué pasa en los bazares y cotillones? En uno, están seguros de que no hay nada. Una empleada chequea las góndolas, emprendiendo una comprometida búsqueda: un paquetito de agujas sube a $5. En otro, hay mejores noticias: con dos pesos se puede comprar un globo. Ojo, no cualquier globo: un globo perlado de 12 pulgadas. Por suerte, en una papelería contigua, ofrecen un palito para sostener el globo por el mismo precio. Todo un hallazgo.

Un globo, ojo, solo uno. No abusar.


Hacia el fin del recorrido, hay una farmacia. La señora que atiende se sonríe y mira con resignación, casi con pena de no poder cumplir con el pedido. “Dos curitas, a un peso cada una”, improvisa. Por lo menos, dos pesos pueden socorrer un corte. También se puede llevar medio sobrecito de Bayaspirina C, que está $4. 

Dos pesos, dos curitas. Flor de negocio.


En medio de tantos comentarios y chistes sobre una vuelta a los 90s, está claro que al menos los recordados “Todo por dos pesos” no estarían siendo una de las cosas que pudieran retornar de aquellos años. Los precios en casi todos los rubros excluyen la posibilidad de comprar algo con un billete o una moneda de dos pesos. Los empleados, antes de recordar algún producto recóndito que cumpla con el requisito, aseguran que no hay nada que valga esa plata. Por suerte, de “Todo por dos pesos” queda el legendario programa de Diego Capusotto y Fabio Alberti, para reírse un poco de la realidad. Lo mejor de todo: es gratis.

De yapa, un clip de Todo por dos pesos, el programa:

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