En busca de los mejores libros rosarinos del año

Escritores, editores, docentes y críticos evalúan en esta segunda encuesta los mejores libros escritos y producidos en Rosario en un año en el que se multiplicaron las editoriales autogestivas y los espacios de difusión y promoción de la literatura que se edita en la ciudad

El año que termina volvió a ser prolífico en libros escritos y editados con excelente calidad en Rosario y que gozan de buena distribución en ferias, puestos específicos y, claro, las librerías de las editoriales; también las atendidas por libreros, porque las grandes cadenas nacionales que tienen sus locales en los shoppings y el centro de la ciudad tienen por política no recibirlos.

La continuación de esta encuesta a doce escritores, editores y críticos de distintos ambientes sobre los mejores libros que se publicaron y escribieron en Rosario en 2015 (un año prolífico para la edición y la literatura que se produce en la ciudad) señala un buen conocimiento de lo que puede leerse. A continuación, cinco de los consultados responden a dos preguntas: 1. De los libros que se editaron y publicaron en Rosario este año, ¿cuál elegiría y por qué? y 2. ¿Cuáles son los cambios más notorios que observa en la edición y publicación de libros rosarinos de los últimos años?

D. G. Helder. Escritor, editor.

1. “Bandido”, de Daniel García, y “El terreno infinito”, de Jonatan Santos, ambos editados por Iván Rosado, el referente principal de la edición independiente rosarina en lo que va de esta década, según mi gusto y opinión. “Sucesos orilleros”, poesía reunida 1993-2015 de Guillermo Neo: el libro significa un salto importante para Ediciones Neutrinos, que por el lado de las plaquetas sigue desarrollando una notable tarea en materia de publicación y difusión de pequeños corpus de poesía de autores de Rosario, Santa Fe, Paraná, La Paz, Mar del Plata, Bahía Blanca, etc. Y “Perspectivas. Una introducción a la antropología filosófica”, de Rubén Vasconi, una edición revisada y ampliada del libro de 1992 que prepararon el profesor jubilado y una joven estudiante de la carrera de Filosofía, Julia Enriquez, poeta y editora del sello Danke. En todos los casos me parecen libros pensados, editados e impresos con profesionalismo y celo artesanal.

2. Me parece notar un cierto “espíritu de sector” cada vez con mayor conciencia de que el hecho editorial no se consuma solamente produciendo libros buenos y bellos, sino más bien produciendo su lectura.

Rubén Chababo. Editor, profesor UNR.

1. La reedición de “Salón de billares”, de Jorge Riestra, llevada adelante por el equipo editorial de la Universidad Nacional de Rosario, por el excelente cuidado puesto en la revalorización de esta obra.

También “Anuario, registro de acciones artísticas 2014”, porque su sorprendente y desafiante continuidad en la escena local ratifica la indispensable vigencia de un proyecto editorial, realizado con un alto nivel de seriedad y profesionalismo, inédito en nuestra historia cultural. Su permanencia entre nosotros debe ser vista como un valioso intento por conjurar el amenazante fantasma de lo aldeano que sobrevuela sin dar descanso el cielo de nuestra ciudad.

2. Indudablemente los últimos años han puesto de manifiesto la expansión y el fortalecimiento de una industria editorial de cuño local que ha oficiado como una inestimable plataforma para muchos autores de ficción que de otro modo hubieran quedado atrapados en el ostracismo. Así, y gracias al surgimiento de estos nuevos sellos editoriales, el panorama se ha ampliado y enriquecido, quebrándose de este modo la idea de una ciudad asociada a lo largo de muchas décadas, a solo un puñado de escritores.

Nicolás Manzi. Editor, escritor, músico.

Es bien complejo el asunto porque hay que hacer el ejercicio de recordar en un año que nos picó la cabeza con otras cosas, como por ejemplo, la política.

1. Si bien “DAF” de Beatriz Vignoli fue editado por Bajo la luna, una editorial que de alguna manera tiene relaciones con la ciudad, es una historia netamente rosarina. El cierre del ciclo de “Anuario de arte en Rosario”, no sólo funciona como registro, marca un antes y un después en la manera de concebir una edición en el mundo del libro.

2. Creo que los editores en Rosario están llevando adelante apuestas muy fuertes. Tomar riesgo es la manera más digna de una construcción cultural. Me refiero a que no sólo hay un trabajo estético en los libros, o a que las lecturas son muy agudas, también hay una creciente difusión del trabajo editorial.

Juan Manuel Alonso. Editor.

1. “Sucesos orilleros, poesía reunida 1993-2015”, de Guillermo Neo (Neutrinos) y “Onnainty”, de Ezequiel Alemian (Iván Rosado). En el primer caso me gusta el movimiento que realiza una editorial que venía trabajando con libros de pequeño formato y pocas páginas, por otra parte muy necesarios y que tejieron una red, junto con diversas editoriales independientes de todo el país, de publicaciones circulantes y accesibles (a los mismos productores de esos textos sobre todo) que en cierto modo reactivaron el medio; me gusta, decía, el movimiento para hacer un libro de poesía de más de 200 páginas con una edición muy cuidada, de tomar ese riesgo, de no encasillarse en los formatos “alternativos” sin por eso tener que abandonarlos (la misma editorial sacó a posteriori cuatro libros en “su” formato pequeño). Del otro caso me atrae el estímulo que supone para ciertos despliegues formales la edición de este tipo de relatos, estrictamente narrativos pero armados a partir de un desplazamiento acentuado en relación a los géneros.

2. Un proceso de profesionalización, entendida como virtud, claro. En el sentido de libros editados, es decir pensados, leídos y corregidos, y con una atención marcada hacia su terminación material. Este desarrollo que de por sí amplía y mejora a los agentes involucrados en la edición y publicación termina teniendo también un saludable efecto de retroalimentación.

Adriana Astutti. Editora, lectora, profesora UNR, ensayista, traductora.

1. Como editora de Beatriz Viterbo te diría que todos los que sacamos, que me gustan mucho. Pero no podría elegir acá uno. Como lectora el más importante y de otra editorial destacaría el libro “Conocimiento de la Argentina. Estudios literarios reunidos”, de Adolfo Prieto, con prólogo de Nora Avaro, publicado por la editorial municipal. Me parece un rescate insoslayable de un maestro en los estudios de la literatura argentina cuyos aportes son y serán imprescindibles. Además, el bio/bibiográfico de Nora Avaro es fantástico.

Si puedo destacar otro: “Bandido”, de Daniel García (Iván Rosado). Maravilla de libro, con hermosos prólogos y una edición impecable impresa en Rosario.

2. Que hay más editoriales independientes que hacen buenos libros con ediciones cuidadas y se las ingenian para abrir espacios y generar recursos. Pienso en Rio Ancho, en Yo soy Gilda, en Iván Rosado. Ahora, una nueva colección Paradoxa en Nube Negra. Son proyectos editoriales que me gustan. Por otro lado, los subsidios a la edición que se concursan anualmente del Ministerio de Cultura e Innovación de la provincia permitieron abrir muchos proyectos. Algunos tienen continuidad y son muy serios.

Lila Siegrist. Editora, escritora, artista plástica.

1. “Herodes”, de Pablo Bilsky, es un hito en el mundo de la non fiction, ya que es un ejercicio delirante y experimental que resignifica el género, si es que el género puede seguir siendo considerado como tal. Otro experimento, con el cual no tengo la distancia suficiente, pero que amerita ser enunciado, es “La muerte de Manuel Quaranta”, editado por la gran Liliana Ruíz en Baltasara Editora. “Onnainty”, de Ezequiel Alemian es un refresco sin hielo y dulzón que viene justo para la primavera, muy precioso. Elijo “Anuario” porque salió por última vez este año. Y la gran bomba de intensidad y erudición es “Conocimiento de la Argentina”, de Adolfo Prieto por la EMR, que aún estoy leyendo y es un viaje.

2. En las ediciones noto cada vez más desarrollo y oficio. Por otro lado, hace un par de años existían cuatro editoriales autogestivas y hoy ya hay veinte. Al mismo tiempo noto una incipiente madurez de vinculación entre colegas que propicia una suerte de cartelización de los proyectos editoriales sin necesidad que tengamos afinidades ni amorosas ni afectivas para hacer cosas juntos. Un ejemplo son las ferias que agitan Nico Manzi y Fede Tinivella, otro es la iniciativa del Fiile para que los libros de estas editoriales circulen por fuera de Rosario. Confío en que existan más acciones a favor de la distribución de contenidos editoriales producidos en la ciudad. Los recitales y los encuentros tienen también intensidad y disfrute.

Marcelo Britos. Escritor.

1. Una producción bastante importante este año en la ciudad, que dificulta la elección. Pero no voy a esquivar el bulto, creo que hay dos ediciones de trascendencia: una es la colección de Río Ancho que ha recuperado obras de Naranjo y esa joya inédita hasta ahora que es la novela de Felipe Aldana “Nadie es responsable”. Y la reedición de la obra de Jorge Riestra, en la que encuentro mi libro elegido: “Salón de billares”. Un relato que, aun siendo su primera edición de 1960, rompe con un panorama que se repite en la narrativa argentina: autorreferencias y guiños posmodernistas; escritura fragmentada y simplista, y poco vuelo imaginativo. Volver a los grandes maestros es un alivio.

2. Creo que hay un estancamiento en el desarrollo editorial de la ciudad desde hace ya algún tiempo. Ya no alcanza con poder editar, hoy esa posibilidad está garantizada por una cantidad importante de editoriales relativamente pequeñas y otras autogestionadas, pero sigue sin comprenderse –a mi juicio– que falta la creación de un mercado interno, de un escenario literario que asegure la circulación de este tipo de obras locales. La distribución, el gran problema del mercado editorial argentino (falta de visibilidad de los autores, pérdida de valor del libro ocioso), ni siquiera parece ser tenida en cuenta por las editoriales rosarinas, salvo algunos casos como el de Baltasara. Al menos de los que conozco.

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