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Divina tevé política

El lanzamiento de la cuarta temporada de “House of Cards” es una excusa para examinar otras producciones televisivas que representan la vida política estadounidense en un año intenso de elecciones

Este viernes 4 de marzo Netflix subió a su plataforma la esperada cuarta temporada de su serie “House of Cards” (que durante trece episodios narrará la vida política estadounidense durante un año electoral), elegida entre periodistas y políticos que prefieren ver política explícita –la carrera por momentos criminal de un senador interpretado por Kevin Spacey hacia la Casa Blanca– y parecen imposibilitados de analizar los alcances políticos en series de terror o ciencia ficción. Pero sigamos.

El desarrollo de las primarias en Estados Unidos (el primer supermartes dejó como claros candidatos a Donald Trump por los republicanos y a Hilary Clinton por los demócratas), más allá del espectáculo, nos lleva a pensar qué series han representado mejor la realidad política estadounidense, ya que lo serial y televisivo lleva a una permanente retroalimentación de los temas de actualidad (en este punto vale la pena recapitular sobre la versión de 2004 de “Battlestar Galactica”, que llevaba a un mundo y una galaxia lejana el conflicto de Irak o la aún en curso “Game of Thrones”, que según algunos analistas ensaya la posición de Estados Unidos en Oriente Medio).

El 1 de marzo pasado en el canal de YouTube SoFlo, que se especializa en lo que llama “experimentos sociales”, apareció un video en el que un entrevistador callejero lleva un panfleto de Donald Trump, del que lee a seguidores del magnate que encara al azar frases de Hitler como si fueran del candidato republicano (ya que estamos recordemos que el papa Francisco dijo que no creía que Trump fuese muy cristiano, ya que prefería erigir muros antes que puentes). Lo sorprendente es la capacidad de los fieles de Trump para aceptar frases (“Quienes ven y representan cielos verdes y praderas azules deberían ser esterilizados”, por ejemplo) sin pensar, sólo porque alguien les dice que son de Trump.

 

Desde hace unos años, cadenas como HBO emiten programas como “Real Time”, en el que Bill Maher (ateo hasta la médula, pero simpatizante del papa Francisco), un humorista de stand-up, se reúne con un panel de especialistas poco conocidos pero muy inteligentes y termina con un monólogo por momentos delirante y siempre ácido contra los peores conservadores de la política estadounidense (como muestra, este cierre de programa en el que Maher replica los argumentos de Donald Trump sobre los mexicanos trasladándolos a los australianos): el Tea Party (encabezados por la analfabeta Sarah Palin, que le reclama a Barack Obama: necesitamos un comandante en jefe, no un profesor) o los cubanos anticastristas que viven en Miami.

En octubre de 2015, en “Real Time”, Maher se despachó con esta sátira anti Trump: “Primero, los australianos vinieron para conseguir papeles en películas de policías. Pero yo no era actor, así que no me importó. Luego vinieron por los éxitos de taquilla de las películas de acción, pero yo no era el jefe de un estudio, así que no me importó. Después vinieron por los Tony Awards, pero no soy gay, así que no dije nada. Pero ahora me importa y aunque no se pueda construir un muro en el océano, se puede construir un arrecife y construiré el mayor arrecife del mundo jamás visto, una gran barrera de coral. Y haré que Mel Gibson pague por ella (…) A mediados del siglo XIX era mi pueblo, el irlandés, el que todos odiaban. Después fue el chino, el italiano, los mexicanos, los judíos, los suecos, los japoneses, los rusos y ahora de nuevo los mexicanos. Si Donald Trump quiere hacer de nuevo realmente grande a los Estados Unidos no debería construir un muro, tendría que construir un espejo”.

El monólogo de John Oliver sobre la Fifa:

El debate de Bill Maher sobre Donald Trump y los medios:

Pero si hubo una serie que de algún modo mostró la muchas veces ambigua y admirada relación entre el poder y la opinión pública, o el periodismo, fue “The Newsroom”, creada por Aaron Sorkin y protagonizada por Jeff Daniels, quien encarna a un periodista que se lamenta de que los estadounidenses hayan resignado su derecho a estar informados por los decrépitos shows televisivos contemporáneos, como lo hace saber desde la presentación de la serie (se emitió por HBO entre junio de 2012 y diciembre de 2014).

Daniels, en el personaje de McAvoy, un periodista político de televisión que se enfrenta a la antipolítica derechosa del Tea Party (acá hay una breve descripción de qué es el Tea Party) y se proclama republicano. Sí, republicano como Abraham Lincoln, no como George W. Bush, quien ni siquiera fue invitado a la convención que definió los candidatos para las elecciones de 2016 en un esfuerzo para que el pueblo olvide la filiación de uno de los presidentes más nefastos con el partido que lo llevó al poder.

McAvoy es un republicano sólo  de nombre (según las siglas en inglés: RINO, republican in name only). En el octavo episodio de la primera temporada nos ofrece este discurso a partir de esta noticia: una mujer negra de Tennessee no puede votar porque no tiene auto y, por lo tanto, licencia de conducir. Como muchos afroamericanos ya entrados en años, quiere votar a los republicanos, pero el código electoral se lo impide. Dice McAvoy, en un discurso que recuerda mucho las últimas pujas políticas argentinas: “Soy lo que los líderes del Tea Party llamarían un RINO (Republican In Name Only, en inglés: Republicano Solo De Nombre). Y es irónico, porque eso es exactamente lo que pienso de los líderes del Tea Party, porque hoy los republicanos más conservadores no son republicanos.

“Los republicanos creen en un Ejército desorbitado. Nosotros creemos en un gobierno con sentido común y que hay programas sociales promulgados en los últimos cincuenta años que funcionan, pero hay muchos que cuestan demasiado y otros que no. Y creemos en las reglas de la ley y el orden y el capitalismo de libre mercado.

“El Tea Party cree en amar a Estados Unidos, pero odian a los estadounidenses. Dijo el congresista del Tea Party Allen West de Florida: ‘Debo confesar que cuando veo una pegatina de Obama en un paragolpes, reconozco a esa persona como una amenaza al acervo genético.’ Ellos creen en amar Estados Unidos, pero odian a su gobierno.

“Dijo el activista conservador, Grover Norquist: ‘No quiero abolir el gobierno, simplemente quiero reducir su tamaño y así poder llevarlo a rastras al baño y ahogarlo en la ducha.’

“Y creen que cualquiera que no está de acuerdo con el Tea Party tiene motivaciones siniestras y antiestadounidenses.

“Dijo el activista conservador Ben Carson: ‘El objetivo de los liberales es destruir este país. El objetivo de los liberales es hacer mediocre a Estados Unidos.’ Sobre todo, jamás deberá bajo ninguna circunstancia, buscar el alcanzar un compromiso con su oponente o hacer algo que los demócratas y genuinos republicanos llaman ‘gobernar’.

“El líder del senado por la minoría, Mitch McConnell, decía: ‘Nuestra prioridad política en los siguientes dos años debería ser denegar al Presidente Obama un segundo mandato.

“Y otra tabla para la plataforma del Tea Party: ‘Si eres pobre, eso significa que eres o muy perezoso o demasiado estúpido para ser rico.’

“Aquí está Andre Bauer, líder del Tea Party y asistente del gobernador de Carolina del Sur cuando dijo: ‘Mi abuela no era una mujer de gran educación, pero me dijo cuando era pequeño que dejara de alimentar animales callejeros. ¿Sabe por qué? Porque se reproducen.’”

En Bill Maher, como en John Oliver (su monólogo sobre la Fifa, en Last Week Tonight, se hizo viral en 2014, antes del Mundial), reconocemos tradiciones del humor político que la televisión argentina perdió con Tato Bores.

Nota bene: No insertamos los fragmentos subtitulados de muchas escenas mencionadas en esta columna porque HBO no permite a YouTube facilitar el código de inserción de videos no oficiales, que están en inglés. De todos modos, los vínculos que aparecen en el cuerpo del texto llevan a esos videos subtitulados y, si no lo hicieran, es fácil buscarlos en YouTube.

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