Cosquín es más que el escenario Atahualpa Yupanqui

Este domingo termina la 56 edición de Cosquín, el festival de folklore nacional que es mucho más que los artistas que actúan en la Plaza Próspero Molina.

Plena calle, 9 de la noche. Se escucha una chacarera tradicional entonada a viva voz. Un hombre canta ataviado completamente como un gaucho. No le falta detalle: el sombrero, las botas, la camisa decorada. Un grupo de personas se va agolpando alrededor. Algunos, los más entregados, se introducen en parejas en el círculo formado por la gente y empiezan a bailar.

Cuando el mini recital improvisado termina, otro hombre se acerca, charlan, le pide la tarjeta. Nahuel Piriz, oriundo de Buenos Aires, es uno de los afortunados de la sexta luna coscoina. El no cantará en el Atahualpa Yupanqui, escenario principal del festival nacional de folklore, no ocupará tapas de medios hablando del evento de música popular, pero también es protagonista. Porque eso también es Cosquin.

Cosquín es más que los reconocidos artistas que se suben a las tablas a hacer un repaso por sus extensas carreras. Como hizo Soledad Pastorutti en esta 56 edición,  en la que festejó los 20 años de su primera presentación. 

Es ilusión, como la que hizo que Nahuel y sus músicos volvieran a viajar hasta esta ciudad del Valle de Punilla tras una primera experiencia fallida el año anterior. "Se nos estropeó el auto y no pudimos llegar", cuenta a RosarioPlus.com este joven de no más de 25 años.

Es que Cosquín, por tradición, es el lugar donde se descubren las figuras del folklore nacional. Pero para llegar a eso, hay que gustar primero. Y el público que recorre las calles de esta pequeña ciudad es el mejor medidor que existe, eso los empresarios del rubro lo saben y no pierden ripio de las presentaciones callejeras que se suceden cada día desde media tarde.

Cosquín, el lugar donde se descubren las que serán figuras del folklore nacional.

Improvisados en Cosquín hay para todos los gustos. León construye con alambre y sus propias manos objetos decorativos varios. Pero su espacio de venta no está dentro de la conocida feria de artesanos del lugar, - "todavía no me consideran un verdadero artesano", explica- sino que está a un lado de la misma plaza, sobre el suelo.

Mientras arregla una pieza y cobra a un cliente, habla de su amor por el folklore. "Desde pequeño lo bailo, también mi mujer. Y mi hijo cuando cantó el otro día el Chaqueño, se puso a bailar". Es que Palavecino hace moverse a todos.

El que sí es una institución en la Feria de Artesanías, que en esta edición cumple medio siglo acompañando al folklore nacional, es Oscar Mendoza. Basta preguntar por el puesto más antiguo para conocerlo. "Allá a la vuelta, el que vende ollas y elementos de cocina", indica otra vendedora.

Mendoza tiene algo más de 60 años, es un hombre robusto y tiene una poblada barba. "Llevo viniendo desde los 70. Durante la dictadura dejé unos años porque nos detenían cuando salíamos de Jujuy", explica.

Entre sus artesanías hay recipientes típicos de América, pero también recipientes de barro más europeos, "para las cazuelas de mariscos", y otros marroquíes como el tajin, que empezó a fabricar a petición de la comunidad árabe que vive en la provincia norteña. "Querían cocinar como en casa", explica este jujeño que en 2014 recibió el premio que otorga el festival a la trayectoria.

José lleva menos años visitando Cosquin, pero a su edad, cerca de los 70, llevar siete años viajando desde Santiago del Estero para vender sus guitarras es toda una proeza. "Es muy importante para mi estar aquí, porque hay muchos artistas en la ciudad" cuenta. 

Y entre esos folkloristas, contadas veces algunos reconocidos también adquirieron alguna de sus piezas. "Ahora no recuerdo los nombres, pero algunos hay, sí" dice tratando de buscar en su memoria las caras de esos compradores.

El que es nuevo en esto de los festivales es Isaias. Este es el tercer año que instala su puesto de mates en Cosquín. "Los fabrico yo, pero lo hago todo antes y no traigo acá las herramientas". Este cordobés que ronda los 30 tiene una auténtica "Casa de mateada", ya que además de los recipientes para disfrutar la bebida nacional, también vende bombillas y todo lo que se relacione con la representativa yerba.

“¿Volverás?” Es pregunta obligada. "Seguro. Cosquin tiene algo especial, y eso se vive en las calles". Para los que se quedaron con ganas, ya tendrá que ser el próximo año.

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