Tokio muta del círculo rojo a la banda cruzada

Rosarioplus.com tiene un cronista y testigo directo del sueño millonario en el Mundial de Clubes que se disputa en la capital japonesa. La sensación de los hinchas gallinas en reconocerse entre la marea humana de semejante metrópolis. Como en Nuñez, pero a 18.000 kilómetros

“¿En serio viajaron dos días enteros por un partido de fútbol? ¡Ustedes están locos!”, exclama Sergio, un turista español que creía agotador su viaje de 15 horas desde Madrid hasta que se encontró en el lobby del Anne Hostel con Leandro y Ezequiel, dos hinchas de River que salieron el domingo a las 17.30 desde Ezeiza y que llegaron a Tokio el martes, casi a la misma hora. Pese a que está ubicado en Ryogoku, lejos de las zonas más populares de la capital japonesa, por lo menos otros cinco argentinos se alojan en el mismo edificio, incluído Matías, quien vino directo desde Auckland tras un año y tres meses de trabajar recolectando fruta en los campos neocelandeses y ahora trata de conseguir entradas para él y su hermano, que llega en unos días desde Argentina.

Día a día, la cantidad de millonarios que arriban a Japón es enorme. El miércoles no se veían muchos escudos del Millonario por la calle, e incluso en la tradicional zona de Shibuya, donde miles de personas cruzan en distintas direcciones cada vez que se abre un semáforo, resultaba difícil distinguir rostros familiares entre la multitud. Sin embargo, de un día para otro, todo cambió, y la recorrida por la ciudad nipona se parece cada vez más a Núñez un día de partido.

“Qué loco es encontrarse una gallina acá”, le dicen dos hinchas de River a otro par a los que identifican por el pantalón, mientras pasean por las callecitas de Ueno, en un mercado abierto donde conviven tiendas que venden pescado fresco y otras que ofrecen todo tipo de calzado a muy buen precio. El templo de Sensoji y sus alrededores, uno de los principales atractivos turísticos del lugar, parece la entrada a la famosa platea San Martín Alta un domingo: decenas de pequeños grupos se saludan, se arengan al grito de “¡Vamos River, eh!” o similares y en algunos casos se quedan charlando unos minutos. Incluso fuera de las zonas recomendadas por todas las guías de viaje, en lugares más alejados, se viven situaciones similares entre hinchas que quedan asombrados por encontrarse con pares donde no lo esperaban.

En la recorrida nocturna por Shinjuku, uno de los barrios sugeridos para salir a tomar algo, el panorama es distinto. Se ven pocas camisetas (buzos en realidad, porque hace mucho frío) por ahora, aunque un amigable jamaiquino comenta que “está lleno de argentinos” y demuestra ser de los pocos informados sobre el torneo al profundizar sobre el partido del 16 en Osaka, mientras trata de convencer a la gente de llevarla al dudoso “night club” para el que trabaja, donde promete buen ambiente y chicas bailando, al igual que las otras decenas de “relaciones públicas” que encaran a los peatones para invitarlos a sus respectivos cabarets.

El clima es frío, pero soportable. Por ahora, los días transcurren recorriendo mucho hasta llegar agotados al final del día. Tratando de entender el sistema de transporte de Tokio (no es complicado una vez que se le agarra la mano). Luchando contra las barreras del lenguaje, ya que pese a la excelente predisposición a ayudar de casi todos los nipones, pocos hablan inglés (menos aún español). Los más aventureros prueban nuevas comidas, y los menos tolerantes sufren por los exóticos platos que deben enfrentar cada vez que se sientan a comer. Así esperan los hinchas el debut de River en el Mundial de Clubes, mientras hacen turismo en un país que cada vez más va tomando los colores de su bandera nacional.

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