Newell's lo tenía, pero Rafaela lo empató al final

Increíble el partido que dejó escapar Newell’s ante Rafaela. La Lepra se llevaba un triunfo aliviador cuando, en tiempo adicionado, la visita llegó al empate con un gol en contra de Nehuén Paz. Los silbidos con los que el público despidió a los futbolistas marcó el cansancio del pueblo leproso ante una realidad que parece imposible de torcer.

Es cierto que, hasta antes del empate de la Crema, Newell’s había sido el gol y poco más. En un  partido chato y mediocre, el equipo de Osella sigue sin encontrar su identidad futbolística y carece de futbol asociado que le permita crear jugadas claras de gol. Apenas algunas pinceladas de Boyé (que mereció su gol en una enorme apilada a los 32 del segundo tiempo) y la enjundia intermitente de Maxi Rodríguez, que debió ser reemplazado promediando el complemento con visibles gestos de agotamiento físico.

Para colmo, Mateo estuvo errático y se cansó de entregarle la pelota a los mediocampistas rivales. Así, un limitado Rafaela consiguió inquietar en varios pasajes del partido a un Newell’s que sigue mostrando un rosario de dudas en la última línea. A los ponchazos, y con sus miserias a cuestas, la Crema tuvo varias ocasiones de gol en la noche rosarina.

Pero Newell’s encontró la diferencia en el pie de Maxi. El delantero, que tuvo un partido discreto, pescó una pelota que era para Scocco (que cayó pidiendo falta) y entró al área desde el centro hacia la derecha, definiendo al segundo palo de Montoya.

 

 

Fue el gol y poco más. El grito con bronca de Maxi no contagió al equipo, que siguió entregando una versión desprolija, cada vez más lejos de aquel virtuosismo del fútbol rojinegro no hace mucho tiempo atrás. No supo cerrar el partido y la suerte esquiva le guardaba una mala pasada.

 

No le sobraba nada a Newell’s que se aferraba al triunfo como una tabla de salvación en medio de la turbulencia futbolística e institucional. Pero, como una mueca de un destino empecinado en darle la espalda, la victoria se escurrió cuando parecía estar en la palma de la mano. Cuando el partido se extinguía en el tiempo adicional, una intervención desgraciada de Nehuén Paz ante un remate de Orfano descolocó a D’angelo y decretó un empate inesperado que se clavó como un cuchillo en la paciencia de los hinchas.

Newell’s no encuentra paz. Ni el tiro del final le sale. El equipo de Osella no jugó mejor que uno de los peores equipos del campeonato. Envuelto en sus limitaciones, se está acostumbrando peligrosamente a no ganar. Y eso es un lujo que la Lepra no se puede permitir.

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