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La marca trágica del niño Andy Murray

El tenista británico ha superado una niñez signada por la tragedia y con el correr de los años, a base de trabajo y mucho esfuerzo, se ha convertido en uno de los tenistas más importante del mundo.

El jugador escocés Andy Murray muy pocas veces ha hecho referencia sobre la tragedia que le tocó vivir en su infancia. Siempre ha preferido no mirar hacia atrás, aunque en su autobiografía Coming of Age cuenta en detalle cómo fue ese día en que un asesino entró a su escuela y mató a 17 personas.

La masacre sucedió cuando Andy tenía 8 años, en la escuela primaria de la ciudad que lo vio nacer, Dunblane, donde concurría con su hermano, Jamie. En una apacible jornada, Thomas Watt Hamilton, de 43 años, entró armado al colegio y mató a dieciséis chicos y un profesor, además de herir a varias personas más. Tras el ataque se suicidó con un disparo en la boca.

El curso de Murray en 1996, que luego fue segado por un psicópata armado. Murieron 16 niños y un profesor.

Los hermanos Murray pudieron salvar sus vidas gracias a una profesora que alcanzó a resguardar a algunos de sus alumnos detrás de unos muebles. Si bien Andy tiene poco registro de las imágenes de ese momento, recuerda que ese día habían estado cantando canciones hasta minutos antes de la tragedia. “Lo más raro era que conocíamos a Hamilton, algunas veces mi madre lo había llevado en su coche, es difícil pensar que teníamos sentado a nuestro lado a un asesino. Yo podía haber sido uno de esos niños”.

Desde que terminó el colegio, el actual número dos del mundo, nunca más volvió. “El nuevo salón de asamblea lleva nuestro nombre y es muy lindo ser recordado de esa manera. Me gustaría regresar algún día y visitar el jardín memorial de la escuela primaria. Dunblane sigue siendo un lugar tranquilo y lleno de amor. Lo que pasó fue terrible y una tragedia espantosa, pero es también importante saber que un hombre fuera de sí no pudo destruir el lugar del cual estoy orgulloso de pertenecer".

Familia de deportistas

A los tres años su madre le puso por primera vez una raqueta entre manos.

Andy Murray proviene del seno de una familia de deportistas, su abuelo materno, Roy Erskine, fue futbolista profesional que jugó como defensor de Hibernian, Peebles Rovers, Stirling Albion y Cowdenbeath. Su madre Judy, era entrenadora nacional de tenis y fue quién influyó para que su hijo incursionara, bajo su conducción, en el mundo de la raqueta desde los tres años.

Aunque el fútbol fue su otra pasión. A los 14 lo convocaron para sumarse al equipo de Rangers Football Club. Las buenas actuaciones que venía obteniendo en tenis a nivel nacional hicieron que se inclinara definitivamente por esta disciplina y tomara la decisión de irse a entrenar a Barcelona a la academia de Sánchez-Casal, donde inmediatamente comenzó a dar sus primeros pasos en los torneos profesionales de menor jerarquía. Su primer título fue en un future de 2003, en Glasgow, y desde entonces no dejó de sumar éxitos hasta llegar a posicionarse como número dos del ranking mundial.

A los 28 años, en el historial de su carrera como profesional, ostenta 35 títulos de los cuales dos son de Grand Slam -el US Open en 2012 y Wimbledon en 2013, después de 77 años sin campeones locales en el All England Tennis Club, el último ganador había sido su compatriota Fred Perry en 1936- También conquistó  once coronas de Masters 1000 y el Oro Olímpico en Londres 2012. Además de la reciente Copa Davis ante Bélgica, después de 37 años sin alcanzar la final. El último cetro británico había sido en 1936.

Exigencias del circuito

A mediados de 2013, debido a una lesión que traía de arrastre en su espalda desde hacía más de un año y que le provocaba constantes dolores, Murray, se vio obligado a someterse a una intervención quirúrgica, que lo alejó de las canchas hasta la siguiente temporada. Después de varios meses de recuperación retornó al circuito en el ATP de Qatar, donde pese a no poder superar la segunda rueda  y de transitar un dificultoso periodo de adaptación, donde los resultados se hicieron esperar, sus recurrentes molestias habían desaparecido. Aunque en 2014 no registró un buen año, su lucha para volver a recuperar el nivel que tenía desde antes de la intervención fue una constante y después de algunos cambios importantes en su staff recuperó su confianza y retomó el rumbo convirtiéndose en un jugador más completo y letal en todas las superficies. “De a poco he vuelto a encontrar estabilidad en mi juego, siento que es más difícil vencerme ahora que antes. Al principio de la temporada me sentía inconsistente, tenía muchos altibajos. Pero en este último tiempo estoy jugando muy buenos partidos”.

De Lendl a Mauresmo

A fines de 2011 y después de varios meses de andar por el circuito sin entrenador, Murray anunció su vínculo con el ex número uno del mundo, el checo Ivan Lendl, con quien trabajó por un periodo de más de 2 años y con quién, además de conquistar sus dos títulos de Grand Slam –US Open y Wimbledon, y la medalla de Oro de los Juegos Olímpicos en Londres 2012, logró alcanzar su mejor posición en el ranking mundial, cuando llegó a la segunda posición.

La alianza terminó sorpresivamente a principio de 2014, después de que el británico regresara al circuito tras una operación en la espalda y que los resultados no lo acompañaran. Aunque muchos dicen que la decisión de no continuar fue tomada por el propio Lendl quién tenía intenciones de no viajar tanto y priorizar sus proyectos personales.

Después de un tiempo de búsqueda y meditación, tal vez influenciado por su madre, Andy hizo un anuncio que revolucionó al mundo de la raqueta: su nuevo entrenador sería una mujer, la ex jugadora francesa Amelie Mauresmo. Al principio muchos recibieron la noticia algo incrédulos, pero con la posterior confirmación las opiniones fueron encontradas y se generó un debate que superó las propias instancias del tenis. “Sabía que nunca había ocurrido que una mujer tomara el puesto de entrenadora de un jugador de élite, pero jamás imaginé que mi decisión iba a ser tan revolucionaria. Luego con la repercusión que tuvo me pude dar cuenta”, dijo Murray a los medios y agregó: “Cuando comencé a trabajar con Amelie, pese a que yo venía perdiendo y no obtenía buenos resultados, me sorprendió la cantidad de críticas que ella recibía en cada una de mis derrotas. Siento que mucha gente pensó que con mi decisión estaba condenado al fracaso, que ella me confundía, que no tenía identidad en la cancha y que no sabía lo que estaba haciendo. Después de haber trabajado con Mauresmo durante todo este tiempo, puedo ver realmente que ha funcionado y los grandes beneficios que ha generado en mi juego”.

Papá Andy

Este año, lo que cuenta para Andy es la paternidad. Tiene 28.

La agenda de Andy Murray para 2016 está planificada, por un lado tiene en mente jugar la primera rueda de la Copa Davis ante Japón, pero todo depende de la llegada de su primer hijo que está prevista para febrero del próximo año. Aunque su prioridad son los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. “Para mí los Juegos Olímpicos son lo más importante de mi carrera. Después de haber competido un par de veces y sabiendo que es lo que se siente perder como en Beijing o ganar como en Londres, sé que es lo que quiero y a donde quiero estar".

El secreto está en el sushi

Entre los pilares básicos de todo deportista de élite se encuentran los tiempos de entrenamiento, descanso y alimentación. Murray lleva un estricto plan nutricional y según cuenta en su versión online del diario inglés The Telegraph la clave de su dieta está en el sushi, del que llega a ingerir 50 piezas al día, que le aporta las proteínas y carbohidratos necesarios y no contiene grasa. Además de un exhaustivo control de sus niveles de hidratación. En el transcurso de cada una de las jornadas, el equipo de profesionales que lo rodea toma varias muestras de orina para analizar el volumen de líquido en su cuerpo.

La dieta, que tiene en cuenta la cantidad de horas de actividad física diaria, contempla unas seis mil calorías repartidas en seis comidas y cinco litros de agua. El desayuno puede incluir yogur, fruta, mantequilla de maní, además de un batido proteíco, mientras que en el almuerzo y la cena, además del tradicional plato japonés, puede comer carnes, pasta y arroz. En su lista de los prohibidos se encuentran todo tipo de fast food, el alcohol y el azúcar.

 

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