El banderazo millonario en Osaka, desde adentro

Miles de fanáticos coparon el centro de Osaka en la previa de la semifinal del Mundial de Clubes, y en eso apareció el micro con los jugadores, emocionados por la movida. Se calcula que en total viajaron unos 15 mil hinchas

“Si, parece que armaron banderazo. Es a las 18.30 según escuché por ahí”. La frase la pronuncia un hincha de River charlando con otro, recién llegados a la estación de tren de Osaka, mientras un grupo de policías intenta lograr que los 100 hinchas que comenzaron a cantar a unos metros de distancia dejen de hacerlo. La misma frase se había escuchado el día anterior en Kyoto. Y durante todo el martes se fue repitiendo aunque ya sin el “parece”. La movida era un hecho.

Si bien algunos medios y las redes sociales informaron lo que se venía, la mayoría de los riverplatenses en Japón se enteraron del evento por el famoso boca en boca. Whatsapp, charlas en alguna atracción turística o mientras paseaban por la ciudad donde se jugará la primera semifinal del Mundial de Clubes. La repercusión creció y la expectativa era grande. Y fue aún mayor cuando alrededor de las cinco de la tarde se empezó a esparcir el rumor: “Va a pasar el micro de los jugadores”.

A las 18.30, la zona de Dotonbori -el lugar elegido para la convocatoria- parecía Libertador y Monroe un domingo a la tarde. La gente cantaba y festejaba mientras que la presencia del plantel seguía siendo una incógnita. Pasadas las 19, uno de los más importantes dirigentes del club millonario le dio la confirmación a un hincha que le preguntó: “Si, vienen por esta avenida. Ya salieron, no sé en cuánto llegan”. Cinco minutos después, llegaron los gestos desde la calle y los gritos: “¡Vengan que ahí están!”.

Unos 30 rápidamente empezaron a cantar al costado del micro. Enseguida, más de 200 personas lo rodeaban. La gente al otro lado del puente donde se autoconvocaron los gallinas se apresuraba para llegar al vehículo y en apenas unos minutos ya eran miles los fanáticos cantando y golpeando el micro. La policía local intentaba correr a los que se ponían delante del colectivo para que este pueda seguir avanzando, pero poco éxito tenían frente a un público acostumbrado a que las fuerzas de la ley los traten con más dureza si quieren disuadirlos.

Simultáneamente, el presidente Rodolfo D’Onofrio cantaba golpeando la ventana al igual que la mayoría de los jugadores, que también elevaban sus celulares para retratar el momento y, en algunos casos, abrían la ventana para saludar a sus seguidores.

Finalmente, tras unos 20 minutos, la comitiva riverplatense logró seguir su camino. La marea humana, por su parte, decidió volver al punto de inicio caminando por las calles, mientras los oficiales japoneses pedían a través de parlantes que suban a la vereda, y les recordaban que “están en Japón”: tan lejos de conseguir imponerse estaban que incluso un grupo rodeó con cantos y saltos a un uniformado que no podía evitar reírse mientras trataba de escapar de esa situación.

La fiesta seguía mientras los habitantes locales se frenaban a filmar a los extraños visitantes y hasta en algunos casos a cantar con ellos. Pasadas las 23, los argentinos empezaron a irse a dormir, cansados pero con la esperanza de que mañana sea un día todavía más largo.

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